Stan LehmanAP
SAO PAULO.- Hace casi diez años, cuando el cardenal Claudio Hummes recibía el capelo cardenalicio en 1996 y se convertía en Arzobispo de Fortaleza, pronunció una frase que sus biógrafos recordarán como una predicción humilde pero incorrecta: “Mi próximo paso será retirarme o irme a la tumba”.
Dos años después fue designado Arzobispo de Sao Paulo, la Diócesis más grande de Brasil, y ahora el purpurado de 70 años es considerado uno de los candidatos a suceder a Juan Pablo II.
Considerado liberal en asuntos sociales y conservador en cuestiones de doctrina, Hummes —cuyos padres eran inmigrantes alemanes— nació el 8 de agosto de 1934 en Montenegro, una ciudad del Estado Río Grande do Sul, en el extremo sur brasileño.
Cuatro años después de ser ordenado sacerdote franciscano en 1958, se doctoró en Filosofía en la Universidad Pontificia Antonianum de Roma, y concluyó en 1968 su ciclo de estudios en el Instituto Ecuménico de Bossy, en Ginebra.
En 1975 fue designado Obispo de Santo André, un suburbio industrial de las afueras de Sao Paulo, la ciudad más grande y rica del país, así como su corazón industrial y financiero.
Fue en Santo André donde el sacerdote discreto y de hablar suave ganó por primera vez la atención nacional, protegiendo y defendiendo a trabajadores metalúrgicos en huelga que desafiaban a fines de los años 70 y comienzos de los 80 al régimen dictatorial que imperaba en Brasil.
Las huelgas estaban prohibidas y la dictadura brasileña, que duró 21 años, de 1964 a 1985, consideraba a esos trabajadores como amenaza a la seguridad nacional.
Las puertas de la iglesia de Hummes siempre estuvieron abiertas para los huelguistas que intentaban escapar de las balas de goma y gas lacrimógeno de las tropas oficiales.
Uno de los muchos trabajadores que buscó refugio en esa iglesia fue el combativo líder del sindicato de los metalúrgicos y hoy Presidente de Brasil: Luiz Inacio Lula da Silva.
La defensa de Hummes a los huelguistas y el movimiento sindical de izquierda fueron el fermento del que emergió el ala progresista de la Iglesia.
En su primer día como Arzobispo de Sao Paulo, una de las mayores Diócesis católicas del país, Hummes criticó la economía globalizada de mercado así como la miseria y pobreza que afecta a millones en el mundo.
“La economía de mercado ha reinventado la pobreza en muchos países”, dijo Hummes en una conferencia de prensa poco después de asumir el cargo. “Debemos encontrar formas alternativas, una tercera vía, para garantizar crecimiento económico sin sacrificar a los pobres ni causar desempleo”.