¿Cuánto influyen el Opus Dei y otros movimientos?

Claudia RaholaAFP Roman, Times, serif»> ¿Cuánto influyen el Opus Dei y otros movimientos? Claudia RaholaAFP CIUDAD DEL VATICANO.- Una de las grandes incógnitas del Cónclave que comenzará el próximo lunes es cuál será la influencia de los movimientos ultraconservadores en los que se apoyó Juan Pablo II a lo largo de su papado en la […]

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¿Cuánto influyen el Opus Dei y otros movimientos?


Claudia Rahola
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CIUDAD DEL VATICANO.- Una de las grandes incógnitas del Cónclave que comenzará el próximo lunes es cuál será la influencia de los movimientos ultraconservadores en los que se apoyó Juan Pablo II a lo largo de su papado en la elección de su sucesor.

En este período pre-Cónclave, el Opus Dei, una de las organizaciones católicas más próximas al Papa polaco, quien la elevó en 1982 al rango de prelatura personal, expresó con claridad su interés por el proceso y pidió indirectamente una continuidad.

“Desde ahora ya queremos con toda el alma al sucesor de Juan Pablo II, sea quien sea”, escribió el actual prelado del Opus Dei, Javier Echevarría, en una carta enviada a los miembros sobre el futuro Cónclave, considerado “un nuevo capítulo en la continuidad firme de la historia de la Iglesia”.

Aunque oficialmente sólo tiene dos miembros reconocidos entre los 115 cardenales que elegirán al nuevo Papa, el español Julián Herranz, presidente del Consejo Pontificio para los textos legislativos, y el peruano Juan Luis Cipriani, esta cifra no refleja el poder real que “la Obra”, conocida por su secretismo, posee entre los muros del Vaticano.

El movimiento cuenta, entre otros, con la simpatía de dos cardenales que se perfilan como favoritos a cinco días del Cónclave: el italiano Angelo Sodano, número dos saliente del Vaticano, y el alemán Joseph Ratzinger, ex guardián de la ortodoxia Vaticana, ambos estrechos colaboradores de Juan Pablo II.

“El Opus Dei es demasiado inteligente como para apostar por un candidato en particular”, explica el vaticanista norteamericano John Allen.

“Si actúa de una manera demasiado visible puede ser muy malo para el movimiento y para el candidato. Su influencia será más sutil e indirecta”, agregó.

Un teólogo bien informado destaca la gran cantidad de conferencias paralelas que se llevan a cabo en esta crucial semana para que los cardenales conozcan el perfil que debe tener el nuevo Papa, teniendo en cuenta los desafíos actuales de la Iglesia. Organizadas por estos grupos de poder eclesiales, tienen todos los ingredientes de una campaña electoral.

Pero el sistema para escoger al Pontífice, que se ha mantenido prácticamente sin cambios desde el medievo, no se parece en nada a unas elecciones democráticas. Para empezar, no hay candidatos declarados ni propaganda autorizada y además se supone que los cardenales se dejan influenciar únicamente por el Espíritu Santo.

Comunión y Liberación, un movimiento eclesial tan conservador como el Opus Dei, pero más de masas y que cuenta con una gran influencia en Italia, goza del apoyo del cardenal italiano Angelo Scola, Arzobispo de Venecia, considerado otro de los papables.

El movimiento más carismático de los Focolares cuenta entre sus miembros al Arzobispo de Florencia, Ennio Antonello, ex presidente de la Conferencia Episcopal italiana, y al de Praga, Miroslav Vlk, mientras que el Arzobispo de México, Norberto Rivera, mantiene buenas relaciones con la hermética congregación ultracatólica de origen mexicano Legionarios de Cristo.

“No tengo la impresión de que todos estos cardenales estén trabajando para estos grupos, sino que trabajan para ellos mismos”, dice no obstante John Allen, autor del libro Cónclave, confirmando que hay muchos intereses en juego y entrecruzados en la elección de un Papa.

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