Néstor Avendaño
La desaceleración del crecimiento económico y la aceleración de la inflación son los efectos del alza persistente de los precios del petróleo y de los combustibles no sólo en el mercado local, sino también en el mercado mundial. Para el 2005, el Banco Central de Nicaragua (BCN) fijó un rango de 3.5%, 4.0% sobre el crecimiento de la producción y otro rango de 5.5%, 7.0% correspondiente a la tasa de inflación anual, metas que ya están afectadas por la tendencia actual del precio internacional del petróleo. Estimo que con un precio de US$45 promedio anual del barril de crudo venezolano (importado por Nicaragua) en este año, la tasa de inflación anual oscilará alrededor del 13% y la producción crecerá, óptimamente, tres por ciento.
La crisis provocada por el precio del petróleo no es coyuntural y tendremos que convivir con altos precios del crudo en el futuro. El último de los 20 yacimientos más grandes del mundo fue descubierto hace una década; la demanda de crudo en el primer quinquenio de este siglo se incrementó 10% debido al notable crecimiento de economías emergentes como las de China e India, mientras que en la última década del siglo pasado dicha demanda creció 16%; y los grandes exportadores tratan de maximizar sus ingresos por los problemas sociales que afrontan, tales como el desempleo que afecta al 50% de los argelinos menores de 30 años, la población de Arabia Saudita crece a un ritmo anual de 2.4% y un tercio de la población venezolana vive en el umbral de la pobreza.
En el primer trimestre de este año, la economía nicaragüense observa una inflación de 3.0%, levemente inferior a la de 3.5% registrada en el primer trimestre del 2004, influenciada en gran parte por los gastos en educación y los precios de los combustibles. El intento de elevar la tarifa de transporte en autobuses urbanos de C$2.50 a C$3.00 hubiese incrementado en cuatro por ciento el costo de la canasta de 53 productos de consumo básico, lo cual agregado a las otras alzas de precios de los restantes 52 bienes y servicios hubiese neutralizado al menos la mitad del ajuste del salario mínimo de 13 por ciento anunciado por el Gobierno.
La disposición presidencial reciente de elevar en un 13% el salario mínimo legal es buena porque aproximadamente 625,000 personas ganan el salario mínimo efectivamente pagado en el mercado, cuyo promedio en las actividades no agropecuarias se acercó C$1,550 a finales del 2004. Pero la decisión empresarial se debilitó porque el ajuste salarial no fue simultáneo con el intento de elevar la tarifa de transporte en buses urbanos y, además, la canasta básica que sirve de referencia para la fijación del salario mínimo legal es un instrumento obsoleto porque se estableció en septiembre de 1998, en una economía en tiempos de guerra y, por consiguiente, compuesta con escasos volúmenes de bienes y servicios para cada unidad familiar.
En los primeros tres meses de este año, aún no se vislumbra la cooperación internacional en divisas líquidas, pagar la deuda externa y aumentar las reservas internacionales, debido a los serios atrasos en la emisión de leyes que buscan “fortalecer” la sostenibilidad fiscal y al desajuste del presupuesto nacional indicado por el FMI. Desde el último semestre del 2004, el FMI y el BID no autorizaron al Gobierno el desembolso de US$32 millones y, en este primer trimestre del 2005, las reservas internacionales netas “ajustadas” del BCN cayeron US$17 millones debido a la venta neta de divisas del BCN por US$34 millones que se amortiguó por un nuevo endeudamiento interno de US$13 millones mediante la colocación de Títulos Especiales de Inversión (TEI) del BCN en dólares. El único flujo de ayuda internacional que sigue su curso es la “atada” a la ejecución de programas y proyectos del sector público, de la cual el Gobierno ha desembolsado US$55 millones y ha utilizado US$38 millones, siendo la diferencia de US$17 millones prácticamente igual al pago de intereses y amortizaciones a los acreedores externos.
En el ámbito monetario, a pesar que se registraron expansiones por las pérdidas del BCN y la redención de sus Letras y TEI, el aumento de C$540 millones del saldo de los depósitos del sector público en el BCN facilitó la contracción de C$245 millones en la cantidad de dinero que circula fuera del sistema financiero nacional. Por eso, el saldo de la deuda interna generada por el BCN, excluyendo la emisión de CENI por quiebras bancarias de US$282 millones a finales de marzo, disminuyó US$47 millones al pasar de US373 millones en diciembre del 2004 a US$326 millones en marzo de este año.
Las reservas internacionales brutas registradas en el BCN suman US$642 millones y son aproximadamente igual a 3.2 meses de importaciones CIF de este año (el FMI aún exige al menos 3 meses en cualquier momento del año) y, así, la política monetaria continúa siendo más de lo mismo en el último año del tercer programa del FMI en Nicaragua: en el 2005 los objetivos son mantener una baja inflación —tal vez con la exclusión de los precios de los combustibles, la energía eléctrica y el agua potable—, reducir alrededor de US$70 millones del saldo de la colocación de bonos indexados y denominados en dólares estadounidenses de la banca central, y aumentar US$30 millones en las reservas internacionales oficiales.
La política monetaria, en vez de insistir en bajar la inflación y el déficit para atraer, supuestamente, a los inversionistas extranjeros, debería estar supeditada a los objetivos de una política fiscal orientada al crecimiento económico y la redistribución del ingreso, sin caer en elevados déficit fiscales y en una inflación galopante. Con la estabilidad macroeconómica, el Gobierno trata, en 2005, de mantener una tasa de deslizamiento anual de cinco por ciento del tipo de cambio oficial, una tasa de inflación anual máxima de siete por ciento y una brecha cercana a cero entre el tipo de cambio oficial y el precio de venta del dólar en el mercado financiero.
El autor es economista.