- Hace un mes, Eddy Gazo celebró el 28 aniversario de la conquista del título mundial mediano junior de la AMB. Se coronó contrapronósticos y sin disponer de un estilo boxístico que gustara a las mayorías, pero hizo tres defensas exitosas hasta que perdió con el japonés Masashi Kudo en agosto de 1978
Pablo Fletes
Sin hacer bulla, Eddy Gazo celebró el 5 de marzo la conquista de su corona mediano junior de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), ganada hace 28 años al vencer de forma categórica al argentino Miguel Ángel Castellini, ante un lleno completo en el Estadio Nacional.
A diferencia de otras celebraciones de hechos boxísticos en nuestro país, Gazo celebró de una forma sencilla. Sus alumnos del gimnasio del mercado Iván Montenegro, la mayoría con el apoyo de sus padres, organizaron un sencillo almuerzo en el local.
Muchos no sabían qué celebraban, hasta creían que era el natalicio de Gazo, pero el mismo se encargó de explicarles su conquista deportiva, que lo inmortalizó en la historia de nuestro deporte como el segundo campeón mundial, sólo detrás de Alexis Argüello.
“Yo esperaba que alguien más se acordara de mí, pero sólo estuve con mis pupilos. Fue algo a lo interno del gimnasio… Lo bonito es que algunos se rieron porque les dije que estaba cumpliendo 28 años, pero les expliqué que era por mi conquista del título. Desde este momento, les dije que mi nombre se hizo inmortal”, comentó Gazo, mientras se acomoda en un viejo escritorio que utiliza en el descuidado gimnasio capitalino.
Eddy José Gazo Roa nació el 12 de septiembre de 1950. Se siente un hombre del campo, quizá porque nació en la comunidad Villa El Carmen, a 36 kilómetros de Managua.
Profesionalmente debutó en 1971, logrando una victoria sobre Carlos Espinoza, hasta su consagración seis años después al vencer a Castellini y posteriormente defender su corona ante los japoneses Koichi Wajima y Kenji Shibata, el coreano Jae-Keun Lim, hasta que perdió el cinto en agosto del 1978, al ser superado por el también nipón Masashi Kudo.
Y aunque no fue un púgil de estilo ortodoxo, ni deslumbrante, siempre fue reconocido por su gran dedicación al gimnasio, el cuido y la preparación física, que quizás fueron claves para esas tres defensas.
“Mi vida cambió totalmente cuando le gané a Castellini. Antes era un Eddy Gazo del montón, pero cuando agarré el título todo fue diferente y me acostumbré a ese cambio. No se me subieron los humos, la gente siempre me quiso y me apoyaron porque he sido un tipo sencillo toda mi vida”, asegura.
¿Muchos aseguran que Castellini no vino en plenitud de condiciones para esa defensa?
Hay muchas personas que dicen que Castellini vino acabado. Pero ¿cómo un campeón iba a venir acabado haciendo apenas su primera defensa? Dijeron muchas cosas de esa pelea, pero la verdad es que lo mandé desbaratado a Buenos Aires, Argentina. Después de eso, demostré que era un buen campeón defendiendo ante Wajima, Shibata y Lim.
¿La pelea con Castellini fue dura en realidad?
Fue durísima, pero la sentí favorable porque estaba bien preparado. Me sentía fuerte, con pegada, y aunque no daban mucho por mí, le gané todos los asaltos. Creo que sólo el noveno me empató o ganó.
¿Le molesta que hay quienes quieren subestimar su victoria?
Para nada, porque soy un tipo que asimila todo. No me molesta que hablen, soy lo que soy, hice mi trabajo, le cumplí al nicaragüense de la vieja y la nueva era. No me molesta lo que digan de mí.
¿Cuánto se preparó para esa pelea?
Fueron tres meses. Como yo sabía que no era un peleador técnico, sabía que tenía espíritu y deseos de ganar. Yo no tenía los vicios de fumar y beber licor, pero mi gran defecto era que me gustaban mucho la comida y las muchachas. Por eso me cuidé todo ese tiempo, me hospedaron en un hotelito donde la gente me negaba, especialmente con las hembras. Es más, con tanto tiempo sin estar con una mujer, mi entrenador Ramón “Curro” Dosmann me daba un antídoto con limón para bajarme la temperatura de las chicas”.
¿Cómo era ese antídoto?
Es que un doctor que me chequeó en ese momento me dijo que era muy caliente de temperatura. Yo soñaba, pensaba en todo momento en las chicas. Para evitar ese problema, el “Curro” me daba un jugo de limón antes de acostarme y con eso dormía tranquilo.
¿Le generaron mucha plata esas cuatro defensas?
Sí, lo suficiente para tener una vida tranquila. Con Castellini gané dos mil dólares, en la primera defensa fueron 140 mil, la segunda 180 mil, la tercera 80 mil. Llegué a ganar hasta 300 mil dólares, que usé para comprar mi casa, una a mis hermanos, y el resto lo metí al banco para vivir de los intereses.
¿El problema es que fue confiscado con el triunfo del FSLN en 1979?
Tenía unos 85 mil dólares en el banco, pero me la quitaron al igual que una casa en la Colonia Independencia, otra en Villa Libertad, un terreno que tenía en la carretera vieja a León, me quemaron un carro y se me llevaron una camioneta.
¿Prácticamente lo dejaron en la calle?
Sólo me dejaron mis chinelas y un short. Toda mi ropa se la llevaron y me dejaron sin nada porque era carpintero de la Acción Cívica de la Guardia Nacional. Yo trabajaba en carpintería, era maestro de obra en albañilería, nada de eso le interesó a los que me confiscaron.
UN “SEMENTAL” CON 38 HIJOS
Hijo de un matrimonio humilde, Eddy Gazo llegó a la cúspide deportiva en 1977, cuando venció al argentino Miguel Ángel Castellini.
La fama del boxeo le permitió tener mucha compañía femenina, a tal punto que asegura ser padre de 38 hijos, concebidos por 30 mujeres distintas.
“A mí me decían el ‘racero’, porque toda mujer que quería tener hijos conmigo yo la embarazaba. Las mujeres me buscaban mucho porque querían tenerme un hijo y no veía problemas con eso”.
“Una vez, una mujer viajó desde Rivas sólo para estar conmigo una noche y se fue embarazada porque yo era muy caliente”, finalizó el ex campeón mediano junior de la AMB, quien actualmente administra el gimnasio del Iván Montenegro, donde espera contar con un mejor respaldo de la Alcaldía para forjar nuevos valores en el boxeo.