- Millones vieron por televisón las honras fúnebres de Karol Wojtyla “El Grande”
CABLES COMBINADOS
Las campanas nuevamente repicaron. El mundo entero despidió ayer a Juan Pablo II, el Papa polaco que falleció hace una semana y conmocionó al catolicismo.
Karol Wojtyla fue enterrado ayer en las grutas vaticanas, en una ceremonia íntima que concluyó a las 2:20 p.m. hora local de Roma (6:20 a.m. en Nicaragua), tras el multitudinario funeral celebrado en la Plaza de San Pedro, al que asistieron cerca de un millón de peregrinos y unos 200 mandatarios, reyes y líderes religiosos de los cinco continentes.
A través de la televisión, decenas de millones de católicos de todo el mundo también estuvieron presentes y fueron testigos del silencio sepulcral que rigió en la Plaza de San Pedro, cuando el ataúd con los restos del Pontífice salió por última vez por las puertas de bronce de la Basílica de San Pedro.
“Hoy enterramos sus restos en la Tierra como germen de inmortalidad. Nuestros corazones están acongojados, aunque al mismo tiempo llenos de gozosa esperanza y profunda gratitud”, dijo en su homilía el cardenal Joseph Ratzinger, decano del Colegio Cardenalicio, que ofició los solemnes funerales.
“Podemos estar seguros de que nuestro amado Papa está ahora en la ventana del Padre, nos ve y nos bendice”, dijo Ratzinger.
LATINOAMÉRICA LLORÓ DE MADRUGADA
Varios millones de personas observaron la ceremonia en gigantes pantallas de vídeo instaladas en todos los espacios públicos romanos.
En el resto del mundo, decenas de millones de personas siguieron el funeral desde el sillón de sus casas, o acudieron a iglesias, estadios de futbol o plazas donde se retransmitió la ceremonia.
En Latinoamérica, el continente más católico del mundo, la madrugada encontró a millones de feligreses llorando al Papa Peregrino, de quien recibieron siempre un mensaje de paz y tolerancia en sus 26 años de pontificado.
En la Plaza de San Pedro, sobre el féretro de ciprés del Pontífice junto al grabado de una cruz y una M en honor a la Virgen María, reposaba un libro del Evangelio, cuyas páginas fueron levantadas por una leve brisa que también recorrió las capas rojas de los cardenales, así como los turbantes, peinetas y pañuelos que llevaban los líderes del mundo y sus acompañantes.
Interrumpido por los aplausos al menos diez veces, el habitualmente impasible cardenal alemán Ratzinger, a duras penas pudo contener las lágrimas cuando recordó una de las últimas apariciones públicas de Juan Pablo, cuando bendijo a los fieles el domingo de Pascua desde la ventana de sus aposentos.
“JUAN PABLO II SANTO”
Hacia el fin de la misa y justo antes del cántico de la Letanía de los Santos, el prelado fue interrumpido una vez más por varios minutos de vivas y gritos de “¡Giovanni Paolo Santo!” (¡Juan Pablo Santo!) y “Santo subito” (Santo ya).
Tras dos horas y media de misa, el ataúd del Papa Karol Wojtyla fue llevado a las grutas vaticanas en medio de los aplausos, y a su entierro sólo asistieron sus más cercanos.
Un ataúd de zinc y un tercero de nogal albergaron los restos de Juan Pablo II, que finalmente dijo adiós al mundo y yace en el Vaticano, a un lado del apóstol San Pedro.