Nicaragüenses se aglomeran afuera del Consulado en San José, en espera para ser atendidos.

Nicas mal atendidos en Consulado de San José

Josué BravoCORRESPONSAL/ COSTA RICA En las últimas semanas, el malestar de los nicaragüenses que asisten a la Embajada y Consulado de Nicaragua en San José, Costa Rica, ha aumentado debido al detrimento de los servicios que prestan estas instituciones. Una falsa alarma de bomba ocurrida el 10 de marzo anterior, alteró por completo el funcionamiento […]

Josué BravoCORRESPONSAL/ COSTA RICA

En las últimas semanas, el malestar de los nicaragüenses que asisten a la Embajada y Consulado de Nicaragua en San José, Costa Rica, ha aumentado debido al detrimento de los servicios que prestan estas instituciones.

Una falsa alarma de bomba ocurrida el 10 de marzo anterior, alteró por completo el funcionamiento de estas dos entidades diplomáticas, pues el embajador Francisco Fiallos ordenó restringir el acceso de los nicas al interior del edificio y estableció una serie de “medidas de seguridad” para evitar que esperen adentro mientras son atendidos por el cónsul Juan Carcabelos.

Una pequeña estructura ubicada cerca del centro de esta capital, alberga a la vez al Consulado y la Embajada.

Todo funcionaba normal, hasta que la orden de Fiallos obligó a decenas de personas a esperar en la calle su turno de ingreso al edificio, con un número indicado, a merced del sol, la lluvia y el polvo.

Los nicas no sólo tienen que soportar varias horas de pie, sino que también el menosprecio del policía que resguarda el lugar.

El malestar es tanto que hasta ha salpicado a los empleados y periodistas que asisten a la Embajada, pues el policía tiene que hacer una revisión minuciosa de las personas antes de ingresar.

Por ejemplo, el miércoles pasado, en las primeras horas de la mañana, cuando LA PRENSA intentó conocer la versión del cónsul sobre estas medidas, una joven del personal asignó el número nueve en la fila. Pero el reloj marcó las diez y treinta de la mañana y ni siquiera la primera persona de una fila de decenas de nicas había ingresado. Al final, el cónsul no pudo atender a LA PRENSA, porque estaba complicado con su horario.

“Es una barbaridad cuánto nos hacen esperar. Ya uno no sabe qué hacer con esta gente de la Embajada. Tras que nos cobran caro los documentos, nos dan mal servicio; yo tengo casi tres horas de estar esperando y todavía no me atienden. Parece que ahora entrar a la Embajada es un honor. Creo que voy a retirarme porque mis patrones no me dieron mucho tiempo de permiso”, reclamó con enojo ayer Marianela González, quien requería de urgencia una declaración jurada para completar los trámites de su residencia.

Otros como Carlos Ríos, quien acompañaba a un amigo a tramitar su pasaporte, se lamentó por el deterioro del único servicio sanitario del Consulado para los visitantes.

“Esto es una cochinada. Empezando que uno tiene que hacer grandes filas para ser atendido. No hay siquiera un pinche asiento. Nos tratan como si fuéramos extraños. Y de remate si uno quiere orinar significa que lo tiene que hacer en la calle, porque el servicio nunca sirve”, explicó Ríos, originario de Granada, quien esperó varias horas en la acera, en medio de ventas ambulantes y disputas de los tramitadores de documentos, cambistas y fotógrafos.

El embajador Fiallos explicó que las medidas de seguridad se tomaron ante las constantes amenazas anónimas de tomarse la Embajada.

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