Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa, tiene 62 años. Fue nombrado cardenal en febrero de 2001. Es mencionado como papable por los expertos.

“Oscar Andrés Rodríguez sería un sucesor ideal”

En la era de la comunicación, la Iglesia Católica necesita de un nuevo guía que, como su ilustre antecesor, sea un perfecto comunicador y maneje el lenguaje visual, para poder transmitir con efectividad su mensaje, estima la vaticanista del diario británico The Times, Ruth Gledhill. En concreto, dice que prefiere al cardenal hondureño por ser […]

  • En la era de la comunicación, la Iglesia Católica necesita de un nuevo guía que, como su ilustre antecesor, sea un perfecto comunicador y maneje el lenguaje visual, para poder transmitir con efectividad su mensaje, estima la vaticanista del diario británico The Times, Ruth Gledhill. En concreto, dice que prefiere al cardenal hondureño por ser “muy carismático y dinámico”

La Razón y EFE

Como experta en asuntos religiosos del diario británico “The Times” durante los últimos quince años, Ruth Gledhill ha presenciado en primera fila el intenso papado de Juan Pablo II. En su opinión, el dominio de los medios de comunicación es una de las principales aportaciones del fallecido Pontífice al futuro de la Iglesia.

Para Gledhill, el Papa Wojtyla “ha sido el Pontífice ideal para el momento histórico que vivimos”. “La primera labor de un Papa debe ser evangelizar, difundir el mensaje de Cristo”, explica. “En el mundo moderno no solamente puede lograrse a través de los medios audiovisuales”.

El Reino Unido solamente tiene un diez por ciento de católicos, pero el fallecimiento el pasado sábado, día 2 de abril, de Juan Pablo II, ha atrapado y lo seguirá haciendo durante las próximas dos semanas la atención de toda la prensa mundial y, también a la británica. ¿Por qué?

Porque el Sumo Pontífice demostró una enorme habilidad en la utilización cotidiana de los medios de comunicación para su intensa labor evangelizadora.

El fallecido Papa era un comunicador verdaderamente genial, capaz de aprovechar cualquier aparición pública o comparecencia suya ante las cámaras de las televisiones de todo el planeta para difundir su mensaje evangelizador, y esto le consolidó una auténtica figura de relevancia mundial.

¿Fue Juan Pablo II el primer Pontífice de la historia en dominar con maestría el lenguaje audiovisual?

Es posible que su antecesor, el Papa Juan Pablo I, hubiera podido ser un comunicador de semejante calibre, capaz de conectar con las masas, pues siempre demostró poseer una personalidad muy poderosa, pero, desgraciadamente, falleció antes de poder demostrarlo.

Por eso Wojtyla no tiene precedentes históricos, ha sido el Papa ideal para el momento histórico en el que nos ha tocado vivir, dominado por los medios de comunicación de masas.

Su manejo del lenguaje visual era impresionante en todo momento: su costumbre de besar el suelo de cada país que visitaba, por ejemplo representaba una imagen mucho más efectiva para el gran público que cualquier discurso pronunciado.

La gente más joven puede tener problemas para recordar lo vitalista que era Juan Pablo II al comienzo de su papado, pero, los que nos acordamos todavía de su histórica visita a Polonia en 1979, por ejemplo, entenderán lo que digo: Juan Pablo II tenía un efecto electrizante en la gente de todas las edades que, a través de los medios de comunicación, era capaz de transmitir a la totalidad del planeta.

¿Por qué considera tan importante este aspecto de la personalidad del Papa?

Porque su personalidad y su dinamismo personal le permitían que, gracias a los medios audiovisuales, su mensaje alcanzara no solamente a la comunidad católica, sino también a los creyentes de otras religiones diferentes.

Lo mismo ocurría con los más jóvenes, que le respetaban y apreciaban, aunque muchos no compartieran sus inflexibles doctrinas sobre, por ejemplo, la sexualidad y la anticoncepción.

De hecho, el Papa fue el primero que abrió el camino para que el Vaticano entendiera la importancia de la comunicación, a pesar de los puntos oscuros que aparecen en todo su legado, ésta es una de sus principales aportaciones al futuro de la Iglesia Católica, lo que le hace un gran merecedor de pasar a la historia como el tercer Papa en recibir el título de “el Grande”.

¿A qué puntos negros se refiere?

La maquinaria del Vaticano se encuentra demasiado preocupada por controlar toda la información que se publica.

Los corresponsales que los medios de comunicación tienen acreditados en la Santa Sede de forma permanente no representaban ningún problema, pero en los quince años que llevo trabajando para el diario británico “The Times” solamente he conseguido que me atiendan por teléfono una o dos veces.

En muchas ocasiones, me he encontrado en la obligación de viajar hasta la ciudad de Roma para hacer una sencilla y simple gestión. No les gusta demasiado colaborar con la gente que tiene una agenda informativa diferente a la suya.

¿Tendrán en cuenta los 116 cardenales que conformarán el Cónclave que se celebrará a partir del día 18 de este mes las cualidades como comunicadores que reúnen los diferentes candidatos, a la hora de elegir el próximo Papa?

Espero que sí, porque si no pueden encontrarse con un excelente teólogo que, sin embargo, no sea capaz de explicar su doctrina sobre los principales dogmas católicos.

Además, me gustaría mucho que la Iglesia se atreviera a nombrar un Pontífice que entendiera verdaderamente la comunicación como una cuestión bidireccional, que confiara en la solidez de la Iglesia para tolerar sin acritud las ideas de la gente que discrepa, algo que desde algunos medios se ha echado en falta de manera clara en las últimas décadas.

¿En quién piensa exactamente como posible sucesor del Papa Wojtyla?

Creo que Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, de Honduras, sería un candidato ideal, muy carismático y dinámico, aunque a sus 62 años quizás sea excesivamente joven, pues es probable que los cardenales no quieran un papado demasiado extenso.

Me gustaría que los cardenales se atrevieran a arriesgar y, como hicieron con Juan Pablo II, eligieran a alguien del que no hayamos oído hablar demasiado.

Otra opción es que elijan a un cardenal italiano como Dionigi Tettamanzi, de 70 años, que protagonizaría, lógicamente, un papado mucho más breve, de transición. Entonces, el siguiente Papa podría ser alguien como Maradiaga, que sería capaz de profundizar el legado de Juan Pablo II.

LA BRILLANTE TRAYECTORIA DEL PRELADO

El cardenal de Honduras, Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, quien representa a una Iglesia tradicionalmente conservadora, es una de las personalidades más importantes de su país por su liderazgo en la lucha contra la corrupción y la pobreza.

Rodríguez, uno de los cardenales latinoamericanos incluido entre los “papables” por los expertos, fue nombrado por el Papa Juan Pablo II a mediados de la década de 1990 para emprender una cruzada internacional a favor de la reducción de la deuda de los países más pobres.

Entre esos países figura Honduras, que acaba de recibir la condonación de unos 1,200 millones de dólares.

Rodríguez, nacido hace 62 años en Tegucigalpa, y quien entre otros cargos se ha desempeñado en la Presidencia y Secretaría del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), también es un convencido de que los países pobres “no deben seguir pagando una deuda exterior que ya han pagado con creces”.

Además, considera que los tratados de libre comercio, como los que impulsa EE.UU. con países pobres, como los de Centroamérica, no benefician a estas pequeñas naciones, porque no pueden exportar lo que producen por las barreras que imponen los ricos.

El cardenal sostiene que los países de América Latina necesitan hacer conciencia ante la comunidad internacional, de que esta región demanda “oportunidades para el desarrollo, porque la paz no viene con tratados ni con armas, viene con el comercio justo”.

Designado cardenal el 21 de febrero de 2001, fue uno de los 44 nombrados por el Papa Juan Pablo II en febrero de ese año, lo que provocó un júbilo nacional en Honduras.

Rodríguez siente pasión por la música y los aviones. A los 10 años de edad ya era pianista y a los 14 pilotó avionetas.

El cardenal cuenta que fue un bebé prematuro que pesó al nacer 1.3 kilos, por lo que los médicos creían que moriría.

“Mi madre comenzó a orar y le dijo a Dios: si salvas a mi hijo te lo consagro; además, todos los días le ofreció un santo rosario hasta el día que murió”, recordó Rodríguez antes de que la Iglesia lo honrara con la designación como primer cardenal hondureño.

El purpurado, que también es arzobispo de Tegucigalpa, ingresó en la Orden Salesiana en 1961, a los 16 años; en junio de 1970 recibió la ordenación sacerdotal y la episcopal en diciembre de 1978.

Rodríguez, tercero de cuatro hermanos, también soñó en sus años de infancia con ser piloto o saxofonista de un cabaré famoso.

Lo primero lo logró, además de haber aprendido el idioma inglés en los libros de aviación. Y en el terreno musical ejecuta, entre otros instrumentos, saxofón, piano, acordeón, guitarra y batería.

Habla español, inglés, francés, alemán, italiano y portugués, además del griego y latín.

Por ser menor de edad no pudo obtener su licencia de piloto, pero eso, dice, ya no le interesa porque “he volado bastante”, al evocar la época en la que decidió, “con firmeza, hacer los votos de pobreza, castidad y obediencia”.

(Tomado de Periodista Digital, 7 de abril de 2005).

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