Humberto Solís Barker, rompió el protocolo por tocar al Papa.

Orgullosos por “toque” papal

Wilder Pérez R. Humberto Solís Barker y Donald Salazar son dos nicaragüenses que jamás hubieran desperdiciado la oportunidad que dejó ir la ex presidenta Violeta Barrios de Chamorro: estar en los funerales del Papa Juan Pablo II. Ambos hubieran deseado ser parte de los dos millones de personas que se espera visiten el Vaticano durante […]

Wilder Pérez R.

Humberto Solís Barker y Donald Salazar son dos nicaragüenses que jamás hubieran desperdiciado la oportunidad que dejó ir la ex presidenta Violeta Barrios de Chamorro: estar en los funerales del Papa Juan Pablo II.

Ambos hubieran deseado ser parte de los dos millones de personas que se espera visiten el Vaticano durante las honras fúnebres del Pontífice. Sin embargo, se limitaron a seguir las noticias.

Solís, desde su oficina como magistrado en el Tribunal de Apelaciones de Managua, y el segundo desde un camión recolector de basura de la Alcaldía capitalina.

Tras la muerte del Papa, tanto Solís como Salazar coinciden en no ser católicos normales. Se consideran privilegiados, porque 22 años atrás jugaron “roles estelares” durante la primera visita de Su Santidad a Nicaragua. El primero rompió el protocolo y el segundo hizo de guardaespaldas del Papa.

Pese a las diferencias de clases sociales, esta semana Solís y Salazar han coincidido en Managua en rezos y misas en ocasión del fallecimiento de Juan Pablo II.

Solís recordó que el único contacto que tuvo con Juan Pablo II fue el “jalón” y el beso en la mano que le dio cuando rompió el protocolo en su primera visita al país.

Sin embargo, el magistrado de Asuntos Laborales lo sintió como un amigo eterno y especial. “La impresión que dejó en mí fue muy fuerte, saber que murió alguien representante de Cristo en la Tierra, a quien pude besarle la mano, tocarle y hablarle, y que jamás estoy seguro se va a repetir en mi vida, es algo único”, comenta.

EL “GUARDAPAPA”

Por su parte, Salazar se entristeció tras la muerte del Papa al que un día le guardó las espaldas. “Esa fue la mayor satisfacción en mi vida, logré ver en él a un hombre muy humano”, recuerda.

Salazar no tiene fotos para enorgullecerse de su experiencia de manejar un jeep Renegado junto al Papa, pero pone la frente en alto con su camión, aduciendo que como Juan Pablo II, aporta su trabajo para los demás.

Como Solís y Salazar, miles están tristes por la partida de un hombre que influyó en la historia del mundo.

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