- Un episodio de la rivalidad entre Yanquis y Boston, que en más de una oportunidad ha llegado incluso a los golpes, fue presenciado hace dos años en Nicaragua, cuando estas dos organizaciones se trenzaron en una feroz lucha por capturar a José Ariel Contreras. Los Yanquis ganaron la pelea, pero Boston podría estar contento de haberla perdido. Dos años después, el cubano aún no coloca la realidad a la par de las expectativas
Edgard Rodríguez Centeno
A la medianoche del 23 de diciembre del 2002, los ojos del cubano José Ariel Contreras humedecieron. Y por más que batalló, no pudo contener las lágrimas que se asomaban mientras Gordon Blakeley, vicepresidente de los Yanquis, le dirigía unas palabras.
“Cuando sientas la agitación de 55 mil personas en el Yankee Stadium, impulsándote al triunfo en la Serie Mundial, entenderás que ha valido la pena todo el sacrificio que has hecho, incluso, haber dejado a tu familia”, dijo Blakeley. El gigante de ébano sólo oía.
Diez meses después, Contreras estaba en el escenario que Blakeley había anticipado. En efecto, ahí estaba la algarabía de 55 mil fanáticos. Muchos de ellos, sin embargo, no estaban propiamente vitoreando al cubano. Algunos hasta desaprobaban su presencia.
Es que nada fue fácil en ese 2003 para el espigado lanzador, nacido en Las Martinas, en el municipio de Sandino, provincia de Pinar del Río. En los entrenamientos lo atacaron con violencia hasta arrebatarle la confianza y para remate, su brazo terminó lastimado.
“No sé cómo explicar lo que ocurría. El control, que ha sido mi plato fuerte, estaba mal. Y mi brazo, que nunca había flaqueado durante nueve años que lancé a un nivel superior en Cuba, de pronto estaba lastimado. No fue fácil lidiar con eso”, recuerda Contreras.
Pero aún en medio de la inconsistencia, José Ariel tuvo algunos destellos de grandeza que excitaron a los aficionados, mientras por el sonido del Yankee Stadium, anunciaban su presencia en el box con la canción Guajiro Natural, el exitazo de Polo Montañés.
Cerrás bien el 2003. Expertos como Rob Neyer y Bill James señalan que tu recta es de las mejores de la década actual. ¿Supongo que imaginaste un gran 2004 que no lo fue?
Sí hermano. Asimismo estaba pensando. Tenía más experiencia, había asimilado mejor el choque cultural que implica salir de mi país y venir a uno distinto y con otro idioma. En fin, tenía una mejor idea de cómo manejar la prensa y la exigencia de los fanáticos, pero las cosas no mejoraron mucho. Es decir, mi actuación no era mala, pero no estaba al nivel que esperaban los Yanquis y también yo.
Cuando te cambian el 31 de julio del 2004 a los Medias Blancas, ¿cuál fue tu primera reacción?
Me sorprendió esa decisión de los Yanquis. Pero fíjate que el cambio no se realizaba si yo no daba el visto bueno por una cláusula establecida en el contrato. Y en cuanto se me habló de esa posibilidad, yo dije, acepto, incluso sin saber adónde iría.
Pero, ¿querías salir de Nueva York?
No. Al contrario. Para nadie es un secreto que mi equipo de toda la vida había sido los Yanquis. Y la firma que se da en Nicaragua era para mí un sueño. Pero cuando se me habla del cambio, yo entiendo que desean salir de mí, y como dije en aquel momento, si vos no me deseas en tu casa, sólo me lo haces saber y no me volverás a ver ahí. Así que yo dije, no me quieren aquí, entonces, que me cambien. No hay problema.
¿Te fuiste resentido con los Yanquis?
No. Lo que pasa es que a veces uno tarda en entender que esto (el juego) es un negocio y que te pueden mover en la dirección que más convenga a sus intereses sin importar lo que tú pienses. Para mí fue un golpe duro salir de los Yanquis, pero fui tan bien acogido en los Medias Blancas, que sé que mi obligación es darlo todo por este equipo.
El ambiente en Chicago y en los propios Medias Blancas, ¿cómo es?
La ciudad es estupenda, hay menos agresividad del periodismo y me siento confortable. En el equipo, la presencia de latinos, comenzando desde el manager Ozzie Guillén y de jugadores como Orlando “El Duque” Hernández, es amplia, y eso me permite un clima excelente. Se me ha tratado con mucho respeto y sé que voy a tener un gran apoyo.
Llevás dos años difíciles y las cifras que has conseguido, no son por las cuales se te firmó por 32 millones de dólares. ¿Cuándo veremos al verdadero Contreras?
Yo espero que éste sea mi gran año. El año de mi consagración en las Grandes Ligas. Tú sabes, yo nunca hablo de un determinado número de victorias, pero le he pedido a Dios que me mantenga saludable. Sé que si eso ocurre, puedo ganar muchos partidos. Me siento fuerte, más construido como lanzador, más relajado y adaptado al ambiente y con la motivación de llegar a disipar todas las dudas que hay sobre mi capacidad.
Ahora a distancia, ¿qué creés que fue lo que más te afectó para alcanzar lo que se pensó que podías lograr?
Al principio pienso que me molestó la ansiedad que tenía. Quería probar de entrada que sería un lanzador de impacto, que merecía el dinero por el cual se me había firmado y sin darme cuenta, estaba tratando de hacer más de lo que podía. Eso me afectó el brazo y también mi confianza. De pronto, empiezas a dudar y la presión te acorrala. Pero hoy día, sé que esa es una etapa superada y ahora sólo espero que se cante play ball para ir a jugar y disfrutar de un juego al que le debo lo que soy.
¿Cómo te va con Ozzie Guillén?
Muy bien. El hecho de que ambos seamos latinos, es una primera ventaja porque no hay ninguna barrera de por medio. Por ser latino, él entiende mejor nuestra idiosincrasia y la forma cómo pensamos los latinos. Estoy cómodo, pero claro, debo rendir para ganarme su confianza.
¿Qué tan importante puede ser el “Duque” Hernández como compañero de equipo?
Como tú sabes, el “Duque” fue mi compañero en el equipo Cuba y desde entonces los dos cultivamos una muy buena amistad. Se trata de un gran lanzador, pero sobre todo de una gran persona, un gran amigo. Por tanto, es alguien a quien puedo recurrir ante cualquier inquietud que se me presente y con sus consejos, sé que podré presentarme mejor ante los retos que demanda la nueva temporada de beisbol”, indicó Contreras.
“Nicaragua me dio la mano”
Cuando era buscado por los equipos de las Grandes Ligas en México o Guatemala, José Ariel Contreras apareció una noche de noviembre en Nicaragua, acompañado de Jaime Torres, su agente. Aquí consiguió su residencia y luego firmó para los Yanquis. Desde aquel momento, estableció una magnífica relación con la afición pinolera, la que supo valorar la sencillez y humildad del otrora estrella de la Selección Nacional cubana.
“Nunca podré olvidar a Nicaragua y a sus habitantes. En el momento más difícil de mi vida, me tendieron la mano y me acogieron como uno de los suyos. Eso no lo olvidaré jamás”, sostiene el cubano en este diálogo con LA PRENSA desde Arizona.
¿Sentiste que se te aprecia en Nicaragua?
Claro que sí. Los nicaragüenses fueron muy especiales conmigo, sobre todo cuando no tenía a mi familia conmigo. Por eso cada vez que lanzo, pienso en ellos y sé que junto a mí sufren cuando las cosas no salen bien y disfrutan cuando triunfo.
Ahora tenés a tu familia con vos, eso debe ayudarte más este año, ¿no?
Por supuesto. Mientras estuve con los Yanquis tenía esa preocupación y eso afecta tu capacidad para concentrarte, pero ahora estamos juntos y no me queda más que socar. Desde el punto de vista emocional, nunca he estado mejor que en estos momentos.
Aquí se te hizo una demanda en los juzgados de Masaya, ¿cómo quedó eso?
Es una pena que haya sucedido eso, pero hay cosas que tú no puedes controlar. Pero mis abogados han estado pendientes de esa situación y espero que se resuelva cuando antes. Yo llegué a Nicaragua para hacer amigos y no deseo tener enemistades con nadie, sin embargo, como te dije, yo espero que todo se solucione pronto.
¿Tenés planes de volver a Nicaragua?
Sí, cómo no. Esta vez no viajé porque al tener a mi familia aquí tenía que atenderles y que disfrutaran un poco de las facilidades que ahora les puedo proporcionar. Las niñas han pasado muy bien y se han divertido mucho. En cuanto se dé la oportunidad de ir a Nicaragua, lo voy a hacer con todo gusto”, concluyó el tirador cubano.
LOS DETALLES
José Ariel Contreras Camejo, nació el 6 de diciembre de 1971. Mide 6.4 pies y pesa 245 libras. Tras impactar en exigentes eventos con la Selección Nacional de Cuba, fue firmado por los Yanquis por 32 millones de dólares el 24 de diciembre del 2002.
En dos campañas acumula récord de 20-11 y 4.85. Ha lanzado 241.1 innings en los que poncha a 222 bateadores para una frecuencia de 8.28 ponches por juego. Pero también concede 114 bases por bolas, una cifra muy alta para un lanzador de su control.
Su pitcheo de tenedor, está entre los mejores disparos del beisbol actualmente, pero los bateadores se fueron ajustando a él a través de la campaña. Los Medias Blancas, esperan que restablezca su recta, la cual hace viajar hasta 98 MPH, como su principal recurso.