- De principio a fin, sus posturas fueron consecuentes
AP Y AFP
ROMA.- Se oponía al divorcio, el control de la natalidad, el aborto, la ordenación de las mujeres y el levantamiento del celibato sacerdotal.
Para sus críticos, el Papa Juan Pablo II se negaba a mantenerse al día con las demandas de su grey o con los cambios del mundo moderno.
Para Juan Pablo, era cuestión de proteger lo que calificaba de verdades de la fe.
A menudo se consideraba que su conservadurismo provenía de su formación en la Iglesia Católica polaca, una institución que permaneció poco abierta a las tendencias liberalizadoras en Occidente durante las cuatro décadas del régimen comunista.
Durante su papado de 26 años, los teólogos disidentes fueron disciplinados y los obispos que se resistieron a las directivas del Vaticano fueron reemplazados por otros más acordes con la línea del Papa.
Presionó a sus obispos a mantener su posición firme contra el matrimonio homosexual e intentó acallar el debate acerca de la posibilidad de la ordenación sacerdotal de las mujeres.
En una de sus escasas concesiones al ala liberal, Juan Pablo permitió formalmente a las mujeres servir en el altar, aprobando una práctica que ya se había generalizado en Estados Unidos y Europa occidental.
Con frecuencia el Vaticano fue criticado por su oposición al uso de condones en la lucha contra el sida, una posición que derivaba de su condena al control de natalidad por medios artificiales.
A la vez que ofreció la ayuda y solidaridad de la Iglesia a las víctimas del sida, Juan Pablo y los cardenales del Vaticano aconsejaron la abstinencia sexual como el mejor modo de prevenir la propagación del virus.
Cuando la Iglesia en Estados Unidos, Irlanda, Australia y otros países se vio convulsionada por escándalos de abuso sexual que socavaron su postura moral y la dañaron financieramente, algunos acusaron al celibato sacerdotal como disuasivo para muchos candidatos potenciales al sacerdocio.
El Papa no dio su brazo a torcer en esa ni otras cuestiones. Una vez dijo a los periodistas que la Iglesia Católica no debía ser considerada como una democracia ni una asociación de librepensadores.
Uno de los críticos más enérgicos de Juan Pablo, el teólogo disidente suizo Hans Kueng, dijo que el resultado final es que la Iglesia Católica ha perdido completamente la credibilidad de que una vez disfrutó durante el papado de Juan XXIII y tras el Concilio Vaticano Segundo.
En la década del 60, ese Concilio aprobó una serie de reformas liberalizadoras que fueron desde la de permitir la misa en idiomas modernos en vez del latín hasta un llamamiento a mejorar y estrechar las relaciones con otras denominaciones cristianas y otras religiones.
Juan Pablo insistió en que apoyaba dichas reformas, pero no los abusos que les atribuyó.
También hubo quienes se preguntaron si la posición irreductible de Juan Pablo costó influencia a la Iglesia pese a tener más de mil millones de adherentes.
Los europeos, aun en bastiones católicos como España, empezaron a dar la espalda a las posiciones de la Iglesia. El Vaticano libró una lucha infructuosa con los líderes europeos para incluir la mención de la influencia del cristianismo en el continente en el texto de una propuesta Constitución para la Unión Europea.
En Estados Unidos, la cuestión del derecho al aborto se vio entreverada con la política cuando varios obispos dijeron que negarían la comunión a todo político católico que apoyase el derecho al aborto, aunque estuviesen personalmente en contra.
La ordenación de mujeres en la Iglesia Anglicana perjudicó sus relaciones con el Vaticano, y los vínculos se resintieron más cuando la Iglesia Episcopal en Estados Unidos —que pertenece a la comunión anglicana— ordenó como Obispo a un hombre abiertamente homosexual.
Juan Pablo II era “canónicamente conservador” pero tenía “una gran sensibilidad social”, declaró el sábado a la AFP, monseñor Pedro Casaldáliga, uno de los líderes de la Teología de la Liberación en Brasil.
El Papa “marcó la historia por la duración de su pontificado, por sus largos viajes internacionales y su capacidad de comunicación, sobre todo con los jóvenes”, dijo el Obispo catalán de 77 años, instalado desde hace 35 en Brasil.
Juan Pablo II tenía “una personalidad fuerte, era teológica y canónicamente conservador, pero tenía una gran sensibilidad social”, añadió el Obispo (jubilado) de Sao Félix de Araguaia, en el Estado de Mato Grosso.
GRAN ESFUERZO POR DIÁLOGO INTERRELIGIOSO
Ningún Pontífice ha impulsado tanto el diálogo entre las distintas religiones del mundo.
Juan Pablo II se reunió con los líderes de las religiones mundiales más importantes, pidió perdón por los abusos de la Iglesia y pidió perdón por el sufrimiento de los judíos a manos de los cristianos.