Edgard Tijerino M.
¿Vale la pena incluir a Vicente López en la Selección? Por favor, créanlo. Esa era una de las grandes interrogantes mientras se organizaba la Selección Nacional que viajaría al Mundial de beisbol de Colombia en 1970.
La escogencia directa como catcher del equipo pinolero, parecía ser Chester Davis del Flor de Caña. No era un tigre detrás del plato y tampoco dueño de un gran rifle, pero sí lo suficientemente agresivo con el madero, como para ser el titular.
“Me gusta Vicente”, dijo Carlos García, más allá de las discretas cifras que cobijaban las pretensiones del entonces receptor del equipo Managua, limitado a .218 en 133 turnos.
“El es el mejor catcher defensivo que tenemos”, agregó Carlos. Y Vicente fue como titular, respaldado por Noel López, del Rivas.
En los Mundiales de 1971 y 72, Vicente López creció espectacularmente en todos los aspectos del juego y sepultó a los retadores. Tony Castaño se jactaba, “me pueden hablar de Lázaro Pérez, Ruperto Cooper o Samuel Reynoso, pero me quedo con Vicente”.
Cuando Vicente le jonroneó a José Antonio Huelga en el histórico juego que Nicaragua le ganó a Cuba 2 por 0, con el Estadio Nacional alcanzando su máximo punto de agitación, lo vimos más grande que nunca. En ese torneo logró un promedio de 350, impulsó 7 carreras, y disparó tres dobles con un jonrón
La pregunta sobre la posición más difícil, laboriosa y peligrosa del beisbol, tiene una respuesta rápida y precisa: la receptoría. Fue Bill Dickey, uno de los grandes de todos los tiempos en la posición, quien dijo: “Un tipo vivo no puede escoger ser catcher, porque demanda mucho sacrificio” en tanto Ray Fosse, lesionado por Pete Rose en el Juego de Estrellas de 1970, llamó a la tarea “una cámara de torturas”. En cada momento estás expuesto a todos los riesgos.
Vicente López fue un catcher con la suficiente bravura y la dosis necesaria de astucia, agregando un poderoso brazo con la mezcla de rapidez, fortaleza y precisión, como para provocar polvaredas de admiración.
En 1978, durante la más ofensiva campaña que por aquí hemos visto, Vicente registró el impresionante porcentaje de 437 puntos, con 145 hits, 34 jonrones y 91 carreras impulsadas, más su decisivo aporte como el catcher más catcher que siempre fue.
En 1979, en su oficina del Estadio Bobby Maduro en Miami, el dueño y gerente del equipo “Amigos”, Joe Ryan, firmó tres ofertas, una para Porfirio Altamirano, otra para Ernesto López, y la de Vicente, apuntando: “Me interesa mucho el catcher. Ese es un puesto afectado por la escasez”.
Pero Vicente dijo “No”, y se quedó en casa, pese a disponer del armamento necesario para proyectarse en la Liga Interamericana, la misma en la que crecieron Porfirio y Albert Williams.
Sólo atravesando por el período de aprendizaje con Tony Castaño, Vicente llegó a graduarse como receptor. Él logró juntar la astucia para manejar el pitcheo, el arte de desorientar a los bateadores, la habilidad para robar señas y quitarle agresividad al enemigo, la capacidad de observación y los conocimientos para descifrar con precisión el giro de cada lanzamiento, lo oportuno de asistir las jugadas defensivas de los hombres de las esquinas, y sobre todo, mantener latiendo el sentido del anticipo, su mejor recurso.
Así que, su escogencia para ingresar al Salón de la Fama del deporte pinolero, era asunto de tiempo. Desde que se inventó el proyecto, su placa estuvo lista para el momento que vivirá mañana en ese estadio, cuyas tribunas hizo rugir constantemente con sus batazos y sus gestiones defensivas.
¿Cuándo tendremos otro como él?
EL QUE MANDA
En la película “Bull Durham”, uno de los grandes éxitos sobre temas de beisbol, Kevin Cotsner personifica a un catcher veterano y competente en las Ligas Menores, conduciendo a prospectos de la colina.
Según el fallecido Jim Murray, uno supone que el catcher está obligado a ser el hombre más inteligente en cada equipo. De sus orientaciones, de su estrategia, de sus habilidades, de su liderazgo, depende en mucho el éxito de un equipo.
Y ciertamente, Vicente López fue clave en el gran resurgimiento del beisbol nacional en los años 70.