Crítica a propuesta

Leonel Arana Ante una crisis como la que se vive en Nicaragua por la dependencia del petróleo se puede reaccionar de dos maneras. Una, buscar una solución lógica que ataque la causa del problema. Otra, aprovechar la crisis para hacer politiquería y propuestas populistas que no resuelven nada y más bien crean otros problemas, tanto […]

Leonel Arana

Ante una crisis como la que se vive en Nicaragua por la dependencia del petróleo se puede reaccionar de dos maneras. Una, buscar una solución lógica que ataque la causa del problema. Otra, aprovechar la crisis para hacer politiquería y propuestas populistas que no resuelven nada y más bien crean otros problemas, tanto o más graves. Lamentablemente el diputado Jarquín, en base indudablemente a sus compromisos dentro de la Convergencia ha escogido esta última.

Jarquín pasa por alto que la causa del problema es que Nicaragua importa todo el crudo que consume y que los precios de éste se fijan en el mercado internacional. Por lo tanto, medidas como las que él propone, de pasar el costo de aquí para allá, dentro del país, no pueden tener ningún efecto sobre la causa del problema.

Jarquín pretende ignorar lo más obvio, que quien consume algo: petróleo, entradas al cine o lo que sea, al final siempre paga directamente al consumirlo o de otra manera, pues de llegar a subsidiarlo el Gobierno tendría que recortar otros gastos, como los de salud, educación o construcción de obras civiles. La propuesta es un doble despropósito porque si el petróleo llegara a estar subsidiado no habría incentivo alguno para reducir su consumo, lo que va en contra de cualquier solución posible.

Lamentablemente Nicaragua se debate entre dos posiciones desfasadas y absurdas: la del neoliberalismo criollo de Alemán y Bolaños, y la del populismo destructor de Ortega y Jarquín. Pues si la propuesta de Jarquín es absurda y nefasta, la posición tomada por Bolaños y antes por Alemán, de que el Gobierno no participe en la generación de energía de fuentes renovables, lo es más todavía. Alemán y Bolaños simplemente ignoraron y se cruzaron de brazos ante la crisis energética, contentos con que la empresa privada pusiera una plantita mínima para quemar bagazo o que la ENRON pusiera un generador a base de petróleo en Corinto. Al final nos encontramos que el 80 por ciento de la energía que se produce en Nicaragua tiene como fuente el petróleo, mientras en Costa Rica la situación es al revés: sólo el 20 por ciento es de petróleo. Casi todo el resto es de origen hidráulico con una cierta contribución de fuentes eólicas.

Sería bueno que el ingeniero Jarquín, que es un hombre inteligente e instruido que sin duda alguna sabe perfectamente que lo que propone es politiquería que responde al afán desestabilizador del FSLN y no a los intereses del país, se dejara de estas posiciones populacheras y buscara cómo contribuir a resolver el problema de fondo, que es hacer que el país sea sujeto de crédito para inversiones masivas en hidroelectricidad promovidas por el Estado.

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