Edgard Rodríguez C.
Nadie está a salvo de la epidemia de la corrupción, que corroe la sociedad por todos sus flancos y que es vista con una indiferencia que se parece mucho a la complacencia.
Pero aún en medio de una batalla que parece perdida, hemos visto gestos que hacen perdurar la esperanza. ¿Quiénes no recordamos a la juez Gertrudis Arias en su valiente lucha por hacer cumplir la ley?
Es difícil no inclinar la admiración hacia esas actitudes que ciertamente edifican y ofrecen una perspectiva alentadora aún en medio de la desesperanza.
Al menos a mí me impresionó la actitud de Danilo Sotelo hijo, cuando denunció irregularidades en un partido entre el Bóer y el León, celebrado el pasado 15 de enero en el Estadio Nacional.
Sus denuncias, junto a investigaciones de la Liga Nicaragüense de Beisbol Profesional, llevaron a la suspensión de varios jugadores y del coach de los Leones, Hubert Silva.
Al final, Sotelo quedó “colgado” cuando sus testigos dijeron no haber visto ni oído nada, y otros más le aconsejaron que no siguiera de “loco” con esas cosas.
Y lo más curioso fue la actitud de la Federación de Beisbol, que de nuevo se hizo “la sueca” y no le prestó atención a una dificultad que en términos objetivos, se ha incubado bajo su administración.
Y lo más cómico, de no ser por lo trágico, es que se le abrió espacio a todos los jugadores bajo escrutinio, mientras se le cerraban las puestas a Sotelo por haberse atrevido a decir lo que le pareció incorrecto.
Sotelo no es una blanca paloma, pero al menos tuvo la valentía para señalar dificultades que debieron haber llevado a una revisión seria en el beisbol. Pero lo más fácil ha sido salir de él, y a la vez, enviar un terrible mensaje para quienes osen poner en duda el sistema.