- Cada Lunes Santo los devotos le agradecen por favores recibidos
Anielka Pérez PicadoCORRESPONSAL/LEÓN
“Aquí vengo mi negrito a presentarte a mi hijo pidiéndote me ayudés a guiarlo por buen camino. De rodillas ante ti me presento para agradecerte por los milagros concedidos, y mis lágrimas derramo como muestra de mi amor profundo”, son algunas de las plegarias de los fieles creyentes de San Benito de Palermo.
Incalculable es el número de milagros que según los leoneses ha realizado este Santo, a quien muchos acuden en momentos de angustia.
LOS DEVOTOS
Madres inquietas por un hijo descarriado, embarazadas ofreciendo a sus hijos para que éstos nazcan bien y familiares pidiendo por la recuperación de un enfermo forman parte de los devotos que cada Lunes Santo llegan donde San Benito para agradecerle por favores recibidos o para cumplirle una promesa.
A las cuatro y treinta minutos de la mañana empiezan a sonar las campanas y las puertas de la Iglesia San Francisco se abren, la feligresía comienza a hacerse presente para acompañar desde muy temprano a su negrito milagroso. Hay quienes entran de rodillas con flores en las manos y lágrimas en el rostro, otros se acomodan en las bancas para escuchar la primera misa del día.
El Lunes Santo se realizan siete misas seguidas, desde las cinco de la mañana hasta las once, entre el intercambio de una y otra entran más feligreses y algunos promesantes barren la Iglesia. A partir de las siete, el atrio del templo se llena de gente cargando baldes con chicha que van a regalar en nombre del “negrito”.
Después de las nueve de la mañana el movimiento es más latente, los promesantes aumentan mientras las misas continúan. A las once es la última, que es oficiada por el Obispo de la Diócesis y aunque ya no hay más eucaristías la Iglesia continúa llena de devotos mientras se llega la hora de la procesión.
A las cinco de la tarde ya todo está listo, los feligreses leoneses tienen un solo punto de referencia, las campanas anuncian su salida, los músicos están listos, en esta procesión no hay chicheros ni cohetes debido a que estos días son de reflexión y penitencia.
Por la puerta principal de la Iglesia de San Francisco viene San Benito de Palermo, el negrito milagroso de los leoneses, lo acompañan San Juan, el Cristo, la imagen de la Santísima Virgen y cuatro ángeles.
De la falda morada de San Benito, color que representa su vida penitente, cuelgan un sinnúmero de alfilercitos con pequeñas representaciones que han sido regaladas al Santo por un favor hecho. Podemos encontrar brazos, piernas, lo que significa que alguien tenía una enfermedad en una de estas partes del cuerpo y fue curado, según los creyentes.
Doña Juanita Escoto comenta que desde muy pequeña es creyente de San Benito de Palermo, “mi negrito es quien me ha acompañado siempre, cuando estaba embarazada le ofrecí a mi hijo, porque el embarazo se me dificultó, mi niño nació bien”.
Ella en agradecimiento, todos Lunes Santo regala chicha en nombre de San Benito y por las tardes se viste de luz para acompañarlo en la procesión.
En la calle el Santo va acompañado por el pueblo de León, algunos lo esperan en una de las esquinas por las que tradicionalmente pasa. Locutores de diferentes radios de León se hacen presentes para ir acompañando al Santo e invitando a la ciudadanía leonesa a incrementar cada día su fe en este negrito milagroso.
EL TRAJE DE LUZ
Personas de todas las edades se visten de luz y llevan en sus manos una candelita negra encendida para acompañar al Santo durante su recorrido.
El traje de luz es una cotona blanca con una cinta negra amarrada a la cintura y un pañuelo blanco en la cabeza.
HISTORIA DE DEVOCIÓN
Según el doctor Edgardo Buitrago, no existe una fecha exacta del inicio de la devoción de San Benito de Palermo en León.
Sin embargo considera que debió ser en el siglo XVIII, porque fue en 1713 que el Santo fue beatificado.
En el libro Vida de San Benito de Palermo, del Fray Modesto Vaquero Antón, se señala que la provincia (franciscana) de San Jorge de Nicaragua comienza en 1576, aún en vida de San Benito, quien muere el 4 de abril de 1589, y finaliza en 1828, tiempo en el que tuvo que introducirse esta devoción.