- ¿Otro Nemesio o Henry Roa?
Alberto Rayo Ruiz
Un hombre que nació con una misión única, con deseos de algo más que competir. Sed de victoria. Con esa cualidad que tienen los que comienzan donde los demás abandonan: determinación.
Debió ser, pero no fue. Hubiese preferido morir en el intento, antes de quedarse únicamente con la visión de lo que pudo haber sido. Estaba decidido a cambiar su estrella.
En resumidas cuentas así es la vida de Danilo Álvarez, quien una vez fuera compañero de equipo de Nemesio Porras, Próspero González, Antonio Zárate, Donald Farrach, Franklin López, Basilio Marín, Ramón y Reynaldo Padilla en la Liga Juvenil Especial de 1983.
En esa temporada, Álvarez terminó campeón bate con 381. de average y considerado —por los expertos— como uno de los mejores prospectos para la pelota de Primera División.
Otros iban más allá en sus pronósticos, anunciando a Álvarez como el próximo nicaragüense en las Grandes Ligas. Los números que venía registrando desde los campeonatos infantiles no contradecían en absoluto.
Sin embargo, no acumuló ni 40 turnos en la Primera División de Nicaragua. Tampoco llegó la oportunidad de jugar en las Grandes Ligas, y tuvo que dedicarse al softbol de bola rápida.
¿QUÉ PASÓ?
Una vida diseñada para figurar en las altas esferas del beisbol, cambia de rumbo. ¿qué evitó a Danilo Álvarez convertirse en unos de los mejores peloteros de Nicaragua?
“Cuando jugué junto a Porras, Próspero, Franklin y todos eso jugadores en la liga juvenil, los críticos decían que yo era mejor que todos ellos, pese a que eran muy buenos”, asegura Álvarez, ahora de 41 años.
“Todavía tengo los recortes de periódicos cuando fui campeón bate ese año (1983), y me entra una nostalgia”, lamenta.
Finalizando la temporada en el Campeonato Juvenil Especial, Álvarez fue llamado por los indios del Bóer, novena que vio un gran potencial en un muchacho con 19 años entonces.
“Debuté como jardinero izquierdo y séptimo bate y con base por bolas ante César Monje”, recuerda Álvarez. No obstante, tuvo que abandonar el país tras la implementación del Servicio Militar Obligatorio por el Gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).
Lamentablemente, Álvarez se marchó meses antes de la promulgación de una ley que protegía a peloteros jóvenes de Primera División. “Eso fue una gran cosa, porque así se lograron desarrollar Nemesio, Próspero, Franklin. Eso me frustró por un buen tiempo porque me di cuenta (de la ley) tarde”, comenta.
En Estados Unidos, Álvarez jugó en una liga de beisbol que organizan los nicaragüenses que residen en Los Ángeles, California, donde integró el equipo Bóer-Margarita, y al cual ayudó a obtener varios campeonatos.
EL REGRESO
En 1990, bajo el Gobierno de Violeta Barrios de Chamorro, Álvarez regresa a Nicaragua para jugar un amistoso contra los indios del Bóer en el Estadio Nacional, entonces llamado Rigoberto López Pérez.
En ese partido, Álvarez resumió de 4-4 ante el lanzador Donald Farrach, compañero suyo en el campeonato juvenil de 1983. “Esa vez me regalaron una pelota, firmada por todos los jugadores de los indios y tuve que irme a los dos días del juego, pero quedó la impresión”, relata.
“Hasta don Alejandro Arana me dijo que por qué no me quedaba, pero le expliqué que estaba trabajando en Estados Unidos”, continuó. “Pero ver a Nemesio y gente como López y Próspero realizados en ese entonces, me dio alegría por ellos, pero tristeza por mí, ya que no tuve la oportunidad de desarrollarme como hubiera sido”, añade.
¿OTRO NEMESIO?
En el softbol, Álvarez utiliza el número 14 y ha defendido la primera base pinolera en los últimos 15 años.
“Yo ocupó el 14 porque nací el 14 de febrero, y la mamá de Nemesio nació la misma fecha, son coincidencias que han ocasionado que nos comparen. Además porque los dos somos buenos, él en el beisbol y yo en el softbol”, expresa.
Aunque cuando jugaban en la juvenil especial, Álvarez tenía mayores proyecciones que Nemesio Porras, hoy en día el jugador insigne del beisbol nicaragüense. ¿Habría sido pelotero símbolo? Nunca se sabrá.