Sabotaje de un oleoducto en Samarra, 95 km al norte de Bagdad.Los atentados de la insurgencia no han parado en Irak, pese a las elecciones y a la formación de un nuevo Parlamento.

Irak: en las garras del terror

A dos años de la invasión estadounidense, Irak se ha vuelto un país en extremo inseguro por la actividad del fanatismo islamita y por la delincuencia. En el mundo árabe, se ha extendido el radio de acción del terrorismo pero han comenzado algunas reformas democráticas EFE BAGDAD.- En los dos años transcurridos desde la caída […]

  • A dos años de la invasión estadounidense, Irak se ha vuelto un país en extremo inseguro por la actividad del fanatismo islamita y por la delincuencia. En el mundo árabe, se ha extendido el radio de acción del terrorismo pero han comenzado algunas reformas democráticas

EFE

BAGDAD.- En los dos años transcurridos desde la caída del régimen de Saddam Hussein, Irak se ha convertido en uno de los países más inseguros, y no sólo por la actividad de los grupos islámicos extremistas, sino también por la delincuencia organizada.

La violencia de motivaciones políticas ha tenido cuatro objetivos principales: las fuerzas de ocupación, la nueva policía iraquí, las comunidad chiíta y los extranjeros.

Las fuerzas estadounidenses, que ya han perdido más de 1,500 hombres —1,140 en “acciones hostiles”— son constantemente acosadas con bombas que explotan al paso de los convoyes, aunque también han sufrido ataques más audaces, como tiros de cohetes contra sus helicópteros o ataques contra sus cuarteles.

La violencia ha sido creciente en el segundo año con respecto al primero, y ha obligado al Pentágono a replantearse sus planes de reducir el contingente en Irak, hasta dejarlo estabilizado en los cerca de 140,000 soldados de que dispone actualmente.

Los aliados de Estados Unidos en Irak tampoco se han librado del hostigamiento de los grupos insurgentes, y han perdido, en ataques o accidentes, más de 250 soldados, entre ellos 86 británicos, 21 italianos, 18 ucranianos, 17 polacos, 11 españoles y 8 búlgaros.

Pero los que más han sufrido en carne propia la violencia han sido los integrantes de la nueva Policía iraquí y la Guardia Nacional, creadas tras la disolución del Ejército y la Policía de Saddam por decreto del “gobernador” Paul Bremer en mayo de 2003, en una decisión que se considera ha sido fuente de gran parte de la inseguridad que hoy azota Irak.

Han sido cerca de 1,300 los policías muertos en atentados con coches bomba —suicidas o por control remoto— dirigidos contra comisarías, centros de reclutamiento o autobuses de transporte de agentes, objetivos éstos considerados “blandos” en comparación con los soldados extranjeros, por contar con una protección menor.

Algunos de los atentados más sangrientos de Irak, de los que han superado el centenar de muertos, han sido contra santuarios chiítas en días de grandes festividades de esta secta, cuando miles de fieles se concentran en mezquitas y mausoleos.

El diario Asharq al Awsat publicaba esta semana un informe que aseguraba que los muertos civiles causados por los atentados en Irak en estos dos años han sido 3,056.

En un principio, EE.UU. y los gobiernos iraquíes transitorios culpaban sistemáticamente de la violencia a “nostálgicos del régimen de Saddam”, pero pronto se hizo evidente que Irak se había convertido en un país elegido por los grupos extremistas islámicos sunitas, los llamados “yihadistas”.

Muchas veces es difícil saber qué hay de cierto tras un grupo de encapuchados que graba un vídeo con imágenes de un rehén o reivindicando un atentado, pero al menos se ha identificado a un hombre que destaca entre todos por su ferocidad: el prófugo jordano Abu Musab al Zarqaui.

Su grupo, llamado “Monoteísmo y Guerra Santa”, se ha responsabilizado de algunos de los atentados más sangrientos, y en octubre de 2004 anunció que cambiaba de nombre y pasaba a prestar lealtad a la organización Al Qaeda de Osama Bin Laden.

Al Zarqaui y los otros grupos menores han recurrido con mucha frecuencia a los secuestros —sobre todo de extranjeros—, a través de los cuales han conseguido cobrar rescates de millones de dólares, además de ejercitar una enorme presión política en países como Italia o Filipinas, con tropas en Irak.

Los secuestros y los atentados se han registrado principalmente en las zonas sunitas de Irak: primero en el llamado “triángulo sunita”, en el centro-oeste de Irak (y especialmente en Faluya y Ramadi), aunque luego la violencia se ha ido desplazando a ciudades como Mosul, Balad o Baquba, todas ellas sunitas.

Según el recuento de Asharq al Awsat, los “grandes atentados” fueron 63 en el primer año de posguerra, y subieron hasta 156 en el segundo año, pese a la creación de la Policía iraquí y a la mayor experiencia de las tropas estadounidenses en el combate de la insurgencia.

Y, junto a la violencia de carácter político, la delincuencia ha crecido de forma exponencial en Irak, y los robos, secuestros y extorsiones, además de los 3,100 asesinatos, traen de cabeza a unos iraquíes que —al menos en ese aspecto— añoran la seguridad de los tiempos de Sadam, cuando las cárceles estaban llenas.

BUSH SÓLO VE LOGROS

El presidente de EE.UU., George W. Bush, llamó el sábado a Irak “un nuevo aliado en la guerra contra el terrorismo” y celebró el proceso electoral en ese país como una victoria, cuando se cumple el segundo aniversario de la invasión.

“En este día, hace dos años, lanzamos la Operación Libertad Iraquí para desarmar a un régimen brutal, liberar a su pueblo y defender al mundo de un peligro grave”.

Así inició Bush su mensaje radial semanal de los sábados, que dedicó a tratar de convencer al país de que la invasión de Irak ha valido la pena.

“La supervivencia de la libertad en nuestro país depende cada vez más del éxito de la libertad en otros países. Gracias a nuestras acciones, la libertad está afianzándose en Irak y el pueblo estadounidense está más seguro”, dijo Bush a los oyentes.

El Presidente no reconoció haber cometido errores en Irak. Sólo se refirió de pasada a las armas de destrucción masiva, que EE.UU. dijo que Saddam Hussein tenía —que nunca fueron halladas— y que usó como justificación de la invasión.

“Conocíamos sus largos antecedentes de procurar, incluso, usar armas de destrucción masiva”, señaló Bush.

En su lugar, enfatizó los efectos positivos del proceso democrático en Irak, que a su juicio sirve de inspiración a mucha gente en otros países de la región.

DOS TENDENCIAS EN EL MUNDO ÁRABE

Dos años después de la invasión estadounidense de Irak, el mundo árabe vive el comienzo de una lenta democratización pero sigue amenazado por la desestabilización política y el terrorismo.

La entrada en guerra por una coalición dirigida por Estados Unidos en Irak contra el ex dictador Saddam Hussein, supuso el punto de partida de dos movimientos contradictorios y de amplitud desigual.

Por una parte, se ha extendido el radio de acción del terrorismo a países como Arabia Saudita o Kuwait, y por otra parte, se ha producido una pequeña apertura democrática en Irak, Egipto, Arabia Saudita o las instituciones palestinas.

La falta de preparación estadounidense tras la caída de Saddam Hussein, marcada por el desmantelamiento del ejército y de los servicios de inteligencia del ex dictador, abrió un boquete en el país para los grupos armados iraquíes, islamistas y árabes.

Sin embargo, la caída del régimen iraquí ha impulsado un inicio de democratización en los regímenes de la región, marcados hasta entonces por un pesado aparato político dominante que encubría poderes militares y policiales.

Irak ha sido el primero en encaminarse hacia la democracia.

Por primera vez en 50 años, el pasado 30 de enero se celebraron elecciones multipartitas libres en Irak que ganaron los chiítas, grupo mayoritario en el país y hasta entonces sometido por el régimen sunita de Saddam Hussein.

Egipto, que recibe una ayuda estadounidense anual de unos 2,000 millones de dólares, siguió el camino de Irak, instaurando por primera vez en su historia el sufragio universal directo y con múltiples candidaturas para la presidencia de la República, dirigida desde hace 24 años por Hosni Mubarak.

Arabia Saudita, cuyo poder está dominado por una misma familia, organizó por primera vez en su historia unas elecciones municipales que, aunque no permitían la participación de la mujer, constituyeron un avance.

“A pesar de la reticencia de los regímenes de la zona, la democracia está en marcha en Medio Oriente”, comentaba recientemente Amr El Chubaki, analista del Centro de estudios estratégicos del diario Al Ahram.

En Líbano, la oposición, traumatizada por el asesinato del ex Primer ministro Rafic Hariri, del que acusa al régimen pro sirio y a Siria, desafió la fortaleza siria en el país reclamando una “nueva independencia”.

Bajo la presión de la resolución 1559 de la ONU, y acusada por Estados Unidos de no actuar en favor de la estabilidad en Irak, Siria tuvo que anunciar una retirada de sus tropas estacionadas en Líbano que comenzó el pasado 8 de marzo.(AFP)

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