Médicos alemanes, miembros de la primera brigada de doctores fundadores del Hospital Alemán Nicaragüense, visitaron Nicaragua durante la celebración del 20 aniversario de ese centro asistencial, cuya historia simboliza el cambio de timón en materia de ayuda para el desarrollo.

Alemania ya no promueve al papá Estado

Ya nada es regalado. La ayuda internacional para el desarrollo abre nuevos caminos. El reto es alto: se intenta cambiar la mentalidad paternalista en países como Nicaragua, heredada del pasado y todavía implementada en muchos sectores de la sociedad. El método consiste en capacitar tanto a funcionarios como a ciudadanos para que desarrollen mejor su […]

  • Ya nada es regalado. La ayuda internacional para el desarrollo abre nuevos caminos. El reto es alto: se intenta cambiar la mentalidad paternalista en países como Nicaragua, heredada del pasado y todavía implementada en muchos sectores de la sociedad. El método consiste en capacitar tanto a funcionarios como a ciudadanos para que desarrollen mejor su potencial que todavía queda sin explotar. Uno de estos potenciales es una recaudación de impuestos más eficaz

Sebastián Schoepp

En el año 1985, la entonces República Democrática Alemana (RDA) mandó a Nicaragua un barco lleno de tiendas de campaña, quirófanos portátiles, un laboratorio, una farmacia completa y 63 voluntarios a bordo: médicos, enfermeros y técnicos, que llevaron los uniformes de la Juventud Comunista de la Alemania Oriental.

Era un acto de solidaridad en tiempos de Guerra Fría. Se le regalaba un hospital a la Revolución. La compensación que pidieron los dos bloques existentes a sus relativos aliados pobres era un alineamiento estricto, lo que en el caso de muchos países desembocó en una prostitución de su territorio para la instalación de bases militares e ideológicas.

Ya no es así. La historia del hospital alemán simboliza muy bien cómo cambió el viento en la ayuda para el desarrollo. En 1989 cayó el muro de Berlín y Alemania se unificó. La RDA dejó de existir, y el hospital pasó a manos de la Cooperación Técnica Alemana (GTZ).

Su propio nombre indica que la GTZ no tiene ningún enfoque ideológico ni solidario sino más bien funcional.

La Alemania Federal seguía invirtiendo dinero en el hospital. Pero los técnicos de la Alemania capitalista al mismo tiempo animaron a la administración del hospital a establecer un sistema de autosostenibilidad a través de la venta de diferentes servicios en el sector privado que benefició al sector público.

En 1997, el hospital pasó al Ministerio de Salud nicaragüense. El Estado alemán ya no tiene y tampoco quiere ninguna responsabilidad para la institución, tal como lo dejó entrever el embajador Gregor Koebel en su discurso durante la celebración del 20 aniversario del hospital hace pocos días.

“CADA VEZ ES MÁS DIFÍCILCONSEGUIR FONDOS”

El empeño alemán en Nicaragua tiene profundas raíces históricas. Empezó con las plantaciones de café en Matagalpa y no terminó con las brigadas de solidaridad en tiempos de la Revolución sandinista.

Todavía la ayuda bilateral para Nicaragua se mantiene más o menos estable con unos 30 millones de dólares cada dos años. Además, Alemania contribuye con una cuarta parte de los fondos europeos para el desarrollo, destacándose los proyectos de abastecimiento y purificación de agua y preservación medioambiental.

En ningún otro país trabajan tantos organismos no gubernamentales alemanes como en Nicaragua, destinados en proyectos de todo tipo, sobre todo en educación y agricultura.

Pero cada vez es más difícil conseguir fondos, dice el alemán Werner Schlienz, quien en los últimos 20 años ha administrado docenas de proyectos en los alrededores de Masaya y ha manejado entre 6 y 7 millones de dólares. “La plata se está agotando”, asegura.

Como en el caso del hospital, la ayuda para el desarrollo apunta cada vez más hacia una capacitación de los países pobres a mantenerse a sí mismos. Una capacitación bien necesaria, pues todavía una cuarta parte de los ingresos necesarios para cubrir los gastos del Estado nicaragüense provienen de donaciones externas, mientras aumenta la presión del Fondo Monetario Internacional para que Nicaragua sanee su presupuesto.

LA DEPENDENCIA DE LA COOPERACIÓN EXTERNA

Los países ricos están cada vez menos dispuestos a financiar y gestionar una multitud de proyectos difíciles de controlar, como ha sido la práctica desde hace décadas. Pero basta consultar el presupuesto nicaragüense para darse cuenta que el país sin ayuda externa no tiene viabilidad para funcionar.

Nicaragua sigue siendo uno de los países que dependen más del sistema de apoyo exterior que otros en Latinoamérica, dice Gundula Weitz, responsable en la Embajada alemana para la ayuda al desarrollo.

Sobre el nuevo camino todavía no existe unanimidad. Una parte de los gobiernos donantes quiere cambiar el sistema hacia un apoyo más directo, es decir: una co-financiación de los presupuestos de los países pobres. Alemania parece no estar muy de acuerdo con esto. La razón es simple: A pesar de que sigue siendo uno de los países más ricos del mundo, no significa que tenga un gran presupuesto. Los gastos de la reunificación han abierto un hueco profundo y es un país que vive bajo la continua amenaza de ser sancionado por la Unión Europea.

Un efecto negativo para Centroamérica también podría surgir tras el tsunami en Asia. Es probable que los fondos sean desviados hacia allá, admitió un alto funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores.

El programa Prodelfis (Programa de Desarrollo Local y Transparencia Fiscal) que funciona en Nicaragua desde el 2004, introduce un camino de ayuda diferente del modelo “clásico” de los años 80, cuando “todo era regalado”.

Prodelfis tiene un plazo previsto de ocho años y tiene presupuestados 15 millones de euros (unos 20 millones de dólares), contribuidos por diferentes organismos y países ricos como Alemania.

El programa parte de la suposición de que Nicaragua, aunque sacudida por la pobreza, todavía tiene muchas fuentes de ingresos y potencial para el desarrollo sin explotar.

EL RETO DE FOMENTAR EL PAGO DE IMPUESTOS

La recaudación de impuestos se hace difícil en un país donde sólo una tercera parte de la Población Económicamente Activa tiene un trabajo formalmente registrado.

Es sobre todo la clase media la que “está más dispuesta a pagar impuestos”, dice Peter Dineiger, especialista fiscal alemán que colabora con Prodelfis. Pero esta clase profesionalizada y educada tampoco tiene ganas de llevar todo el peso sobre sus hombros.

El reto de Prodelfis, que funciona bajo el techo de la GTZ, consiste en aumentar cuatro factores: la conciencia de los ciudadanos de que el Estado es asunto de todos; la cobertura de la promoción del pago de los impuestos; la responsabilidad de los funcionarios del Estado de invertir bien el dinero, y la capacidad de los ciudadanos de controlar esto.

Prodelfis se empeña sobre todo en el sector municipal, un sector pequeño en términos de recaudación pero importante en términos de conciencia ciudadana.

En los municipios, el efecto del pago de impuestos se manifiesta más inmediatamente. “Donde mejor alcalde hay, más grande la disposición de la gente de pagar”, dice Peter Dineiger. Como ejemplo pone al municipio de Masatepe, donde históricamente hay niveles altos de cobro de impuestos, como también la misma capital Managua bajo el mandato de Herty Lewites.

“Según la opinión pública, don Herty hizo un buen trabajo que era visible para todos”, añade Josef Ising, coordinador de la Cooperación Técnica Alemana.

Al final la gente hizo fila para pagar, y el alcalde saliente dejó un presupuesto a su sucesor, que contenía el doble de cuando asumió su cargo.

“Por fortuna los alcaldes son cada vez más profesionales, pues entienden que en la alcaldía debe existir transparencia”, dice Josef Ising.

EL ROL DE LA CONTRALORÍA

Para reforzarla, el grupo de Prodelfis trabaja para intensificar el control externo sobre las alcaldías. Un rol clave en esto tiene la capacitación de la Contraloría General de la República (CGR).

En todos los sectores, Prodelfis imparte cursos de perfeccionamiento profesional para los funcionarios. Un sector importante consiste en capacitar al ciudadano para que exija que los gobernantes rindan cuentas. Y se ha implementado una oficina de denuncias dentro de la CGR para casos de corrupción o fraude.

“Pero tampoco queremos promover la cultura de la denuncia en un país ya tan polarizado”, dice Peter Dineiger. Al mismo tiempo considera que debe introducirse algún sistema de sanciones contra los que no pagan.

A LA CÁRCEL POR EVASOR… EN ALEMANIA

“Es raro para un europeo ver la poca gestión en la recaudación. Casi no hay cobro judicial (en Nicaragua)”, dice Peter Dineiger, especialista fiscal alemán que colabora con Prodelfis (Programa de Desarrollo Local y Transparencia Fiscal).

Igualmente se sorprenden mucho los nicaragüenses cuando Dineiger les cuenta que en Alemania alguien puede ir a la cárcel por no pagar sus impuestos.

“A la gente le cuesta creer que en mi casa en Baviera me piden tributos para la recogida de la basura mientras estoy aquí trabajando en Centroamérica”, cuenta Dineiger.

Su trabajo ya ha generado un efecto: el programa anterior a Prodelfis funcionó desde el 2000 hasta el 2004. En este plazo, la recaudación de impuestos en 23 municipalidades modelos del país, aumentó en un promedio del 40 por ciento.

El reto que se ha puesto Prodelfis va más allá de sólo recaudar plata. Quiere contribuir a cambiar la mentalidad paternalista heredada del pasado.

“Antes había un patrón, un terrateniente o un papá gobierno que dominaba al pueblo con mano dura”, dice Peter Dineiger al referirse a la época del somocismo.

Agregó: “Luego vino el sandinismo y el ciudadano aprendió a participar. Pero para muchos, participar lamentablemente significa sobre todo reivindicar ayuda del Estado; y el Estado se acostumbró a pedir ayuda exterior. Está bien enseñar al ciudadano a que tiene derechos. Pero también hay que enseñarle que los derechos van con deberes”, insiste Dineiger.

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