José Antonio Poveda Salvatierra*
Roman, Times, serif»>Opinión económica
La comercialización de los servicios
José Antonio Poveda Salvatierra*
Aunque el fenómeno de la internacionalización de los servicios no es exclusivo de los últimos decenios (baste relacionar las grandes empresas multinacionales de contabilidad y consultoría que durante finales del siglo XIX y comienzos del XX iniciaron su expansión internacional), el interés por el comercio internacional de las actividades terciarias es relativamente novedoso, sobre todo comparado con la atención que se presta a la industria. Por ejemplo, mientras que el Acuerdo General sobre el Comercio de Mercancías (AGCM) se creó en 1949 con el objeto de regular el comercio de bienes, pasaron 46 años para la entrada en vigor de un conjunto análogo de regulaciones sobre el comercio de servicios: el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (GATS, General Agreement on Trade and Services), en enero de 1995.
El GATS incluye todos los servicios, con excepción de los provistos en el ejercicio de la autoridad gubernamental y gran parte del sector del transporte aéreo. El principio general que rige en el GATS es el de nación más favorecida (NMF), según lo estipula el artículo II del Acuerdo. Es decir, se obliga a los miembros a aplicar a los demás integrantes el trato más favorable que se ofrezca a los servicios y proveedores de servicios, de cualquier otro país. Se permiten, no obstante, exenciones, a la entrada en vigor del Acuerdo o en el caso de que se trate de un país que ingresa en la Organización Mundial de Comercio (OMC), aunque dichas exenciones y, en principio, no deben mantenerse durante mas de 10 años. Cabe subrayar que cada país decide con libertad qué sectores comprometer y qué limitaciones específicas mantener sobre el grado de acceso al mercado y el trato nacional garantizado a los proveedores extranjeros.
Esa flexibilidad excesiva, cuyo objetivo es animar a los países a liberar el máximo número de actividades de servicios, tiene importantes desventajas. Como apunta Hoekman, los países tienden a elegir los sectores en los que la liberalización causa efectos pobres o insignificantes o nulos, esto es, servicios en que ni siquiera existe una industria que proteger o cuyos proveedores nacionales son tan dominantes, que casi no se ven afectados por los competidores extranjeros. Por esta razón es necesario mejorar de manera considerable la calidad y atención al consumidor que le sea más beneficiado, aún cuando el comercio internacional de servicios sigue creciendo impulsado por las nuevas condiciones económicas, ya que en la economía nicaragüense se nota la inserción de compañías extranjeras en detrimento del aprovechamiento del potencial nacional. Es necesario una reflexión profunda a fin de que en esta integración con nuestra economía nacional se tomen en cuenta a nuestros prestadores de servicios y conservar de esta forma nuestro potencial y nuestra identidad nacional.
Aun cuando el comercio internacional de servicios se ha impulsado en gran medida durante los últimos años por la globalización de la industria, son dos los factores principales que contribuyen a su incremento y desarrollo: los procesos de liberalización y el avance de las tecnologías de la información y las comunicaciones.
Los servicios difieren de manera sustancial de los bienes, sobre todo en la inmediatez de la relación proveedor-cliente y en el hecho de que muchos servicios no son transportables, es decir, requieren la proximidad física del proveedor y el consumidor. Para el comercio internacional de tales servicios, es preciso que el consumidor se desplace al lugar donde está el proveedor o viceversa.
Los autores han elaborado una clasificación de las actividades terciarias, con base en el reconocimiento de que no todos los servicios se proveen mediante los mismos mecanismos. Por ejemplo los servicios consumidos por los hogares suelen proveerse mediante inversión extranjera directa (IED) o el movimiento del consumidor, mientras que los intermedios o dirigidos a la producción lo suelen hacer por medio del movimiento del proveedor del servicio, que puede tener una base permanente en el país consumidor o no tenerla. Se clasifican tres grandes grupos de servicio, que puede tener una base permanente en el país consumidor o no tenerla. 1) los no comercializables; 2) los que se comercian, incluidos los importados de manera tangible o los suministrados mediante el desplazamiento del cliente extranjero al lugar de producción, y 3) los que implican el movimiento de factores mediante el movimiento de personal, las franquicias y otros acuerdos.
Tras largo tiempo, el desarrollo y el bienestar han ganado presencia en el marco del comercio internacional de servicios, hoy por hoy el sector predominante en las economías avanzadas. En una sociedad cada vez más globalizada comerciar con el exterior se convierte en una necesidad a la que se une la relevancia de los servicios como actividades estratégicas. La prestación de servicios financieros, de transportes, telecomunicaciones, banco y otros es indispensable para la competitividad de mercados globales cada vez más exigentes, más aun, cuando los bienes y los servicios son más difíciles de separar.
En estas circunstancias se pone de manifiesto, por una parte, los notables esfuerzos que los organismos internacionales llevan a cabo a favor del mayor conocimiento del comercio internacional de servicios, como lo ilustra la publicación en 2002 de un manual estadístico sobre la materia de las Naciones Unidas, la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio, el manual de estadísticas del comercio internacional de servicios, así como los notables esfuerzos negociadores incluidos dentro del marco del GATS.
* El autor es catedrático de Derecho Internacional Vicedecano Facultad de Derecho UNAN-León