Joaquín Navarro Valls informa a la prensa sobre la salud de Juan Pablo II.

Navarro Valls, la voz del Papa

Vaticanistas deben leer entre líneas AFP ROMA.- El español Joaquín Navarro Valls, de 68 años, portavoz y fiel guardián de la imagen del Papa Juan Pablo II, se ha convertido en el centro de la polémica, al erigir un muro de protección que impide saber a ciencia cierta cuál es el verdadero estado de salud […]

  • Vaticanistas deben leer entre líneas

AFP

ROMA.- El español Joaquín Navarro Valls, de 68 años, portavoz y fiel guardián de la imagen del Papa Juan Pablo II, se ha convertido en el centro de la polémica, al erigir un muro de protección que impide saber a ciencia cierta cuál es el verdadero estado de salud del jefe de la Iglesia Católica.

Los vaticanistas se quejan de que hay que leer entre líneas para saber cuál es el verdadero estado de salud del Papa, que el 18 de mayo cumplirá 85 años, y que desde el jueves está de nuevo ingresado en un hospital.

La prensa tiene que acudir a especialistas para intentar saber cómo está el Papa, aquejado de Parkinson, y cómo puede incidir la gripe en un cuerpo ya maltratado por la enfermedad, las numerosas intervenciones sufridas y sobre todo, el atentado que sufrió en 1981, que casi le costó la vida.

Navarro Valls no se prodiga, y controla cualquier información que sale a la prensa. Cuando habla, su palabra es sagrada.

No hay partes médicos diarios sobre la salud del Papa y cuando los hay no están firmados por los especialistas del hospital que lo atienden, como sería el deseo de las decenas de periodistas y los millones de fieles en el mundo pendientes de su evolución.

El portavoz se limita a contar algunas anécdotas sobre Karol Wojtyla.

Los vaticanistas le critican que favorece a algunos periodistas y discrimina a otros.

En los 20 años que lleva al servicio del Papa polaco, este miembro supernumerario con voto de castidad de la corriente ultraconservadora de la Iglesia Católica, Opus Dei, ha seguido “cada momento” de la vida del Papa.

Este aspirante a torero en su juventud se ha convertido en una especie de editor, responsable de relaciones públicas, investigador, consejero, diplomático y embajador del Papa polaco.

En diciembre, el Papa le concedió una audiencia privada y una carta para agradecerle los 20 años de leales servicios, no exentos de meteduras de pata diplomáticas, de las que siempre le salvó el agradecido soberano Pontífice a costa, a veces, de enfrentarse a todo su equipo de asesores.

Como cuando contó los detalles de un encuentro del Papa con la Premio Nobel de la Paz guatemalteca Rigoberta Menchú, que nunca se produjo.

En 1996, aseguró en Hungría que el Papa padecía un “síndrome extrapiramidal” de la enfermedad de Parkinson, lo que le costó una amonestación, según los conocedores.

El primer encuentro con el Papa fue en 1978, el mismo año de su elección. “Me atrajo mucho el hecho de que fuera portador de un mensaje nuevo”, recuerda en una extensa entrevista concedida al diario italiano La República.

Después, la sorpresa le llegó un día que estaba en una conferencia de prensa del abogado de Gianni Agnelli (dueño de Fiat). “Me llamaron al teléfono y me hicieron una oferta de trabajo que no podía rechazar: reorganizar el sistema de comunicación y prensa de la Santa Sede”, dijo.

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