María José Uriarte R.
La preocupación de Estados Unidos por la destrucción de los misiles Sam-7 no es exclusiva para Nicaragua, sino que es un plan que ese gobierno impulsa a nivel mundial, y que hasta el momento le ha permitido contabilizar la destrucción de unos 10 mil cohetes antiaéreos, señaló Rose Likins, al término de su visita en Nicaragua.
En una declaración emitida por Likins, Subsecretaria Adjunta Interina para Asuntos Político-Militares del Departamento de Estado de ese país, expresa que Nicaragua como miembro “responsable” de la comunidad internacional, reconoce la peligrosidad de los misiles para la aviación civil, su seguridad nacional y desarrollo económico, y que por lo tanto, se hace imperante continuar el programa de destrucción gradual, de una parte del inventario, que todavía está en poder de la institución castrense.
Esto como cumplimiento del compromiso que el presidente Enrique Bolaños expresó a su homólogo George Bush y al ex Secretario de Estado, Colin Powell, durante una visita que realizó a Nicaragua el año pasado.
Manifiestan que el gobierno de Estados Unidos trabaja en ese plan a escala mundial para enfrentar esa amenaza global.
La presión de Estados Unidos se ha hecho más evidente, después que se incautó un misil a dos civiles, y que ha derivado incluso en señalamientos de un plan para desprestigiar al Ejército de Nicaragua.
Estados Unidos presiona para que Nicaragua continúe con el programa de destrucción gradual establecido, al cual se comprometió el presidente Bolaños, pero que se ha visto interrumpido, después que la Asamblea Nacional aprobó la Ley General de Armas, que no permite la destrucción de más misiles, sin la autorización de ese Poder del Estado.
La destrucción de los primeros mil cohetes tierra-aire se inició en el marco del Balance Razonable de Fuerzas, impulsado también por la administración Bolaños, quedando pendiente, unos 600 misiles que se encuentran en los almacenes del Ejército.
“Nicaragua es la única nación centroamericana que todavía tiene este tipo de proyectiles portátiles dentro de sus fronteras. Proyectiles que no están oficialmente supervisados y controlados podrían fácilmente caer en manos de redes criminales o terroristas.
Nuestra preocupación es que este tipo de armamento sin controles adecuados representa una amenaza mayor para toda la región y la aviación mundial”, plantea parte de la Declaración de Likins.
Tanto las autoridades militares como civiles, enfatizaron durante las reuniones sostenidas con la delegación de Estados Unidos, que no existe posibilidad que algún Sam-7 pueda caer en manos equivocadas.
En el documento, indican “estar complacidos” de la reiteración del Gobierno de Nicaragua, Ejército y representantes de la clase política de mantener el compromiso de seguir el proceso de la destrucción de esos artefactos y mejorar la seguridad de los almacenes donde se encuentran los misiles.