- Una bala le afectó la movilidad de sus piernas y podría no caminar más
Luis Alemán Saballos
Increíble pero cierto. Martín Dávila González, de 54 años, tendrá mucho que contar a sus nietos. Nada más y nada menos sobrevivió a 10 balazos que le propinó un vecino en el poblado conocido como Wapú, al este del municipio de Siuna, en la Región Autónoma del Atlántico Norte.
El hecho se registró el pasado miércoles a las 6:30 a.m., mientras la víctima desayunaba en la puerta de su vivienda.
LA BALACERA
El estado de Dávila González no parece ser de gravedad, a pesar de tener en su humanidad las perforaciones de los disparos calibre 22 que descargó su vecino identificado como Jaime Soza, y de quien afirma no tener explicación sobre las razones que tuvo para dispararle a mansalva.
“Tengo dos proyectiles en la espalda, uno en la planta de los pies, dos en el pecho …pero aún estoy vivo”, relató Dávila González.
Se encuentra en sala de varones del Hospital Antonio Lenín Fonseca, hasta donde fue transferido del hospital de Siuna, a donde llegó después de varias horas de camino, desde el lugar donde fue lesionado.
POR PURO GUSTO
La víctima relató que el día de los hechos él se preparaba para ir a su trabajo de deshierba, cuando decidió tomar una taza con café en la puerta de entrada de su vivienda, ubicada en Wapú, de pronto vio aparecer a Jaime Soza montado a caballo.
“Sé que es vecino, vive en el sector y llegó hace tiempo a vivir, dedicándose al cuido de un ganado, yo no tengo ninguna relación con él, creo que lo hizo por puro gusto”, relató.
Explicó que vio cuando el hombre tomó el fusil, un rifle calibre 22 y lo descargó sobre su humanidad.
“Me tiró hasta cuando yo estaba en el suelo, me dio en la espalda, por todos lados, no sé cómo es que estoy vivo”, afirmó.
SIN PUNTERÍA
Tratando de ridiculizar su situación, Dávila González afirmó en tono jocoso que estaba vivo porque su atacante no le pegó en buena parte.
“Es un milagro que esté vivo, es que no tenía puntería gracias a Dios”, afirmó.