- Acorralados por la angustia los Venados se coronaron
Edgard Tijerino M.Mazatlán
¡Qué final amigos! Sólo la imaginación fértil y tenebrosa de Stephen King, podía darle forma a un cierre de juego parecido.
Ganó Mazatlán 4-3 después de las 2:00 de la madrugada, con el estallido de más de 15 mil aficionados que sostuvieron largo rato un nudo en la garganta y sintieron crecer un callo en sus corazones agitados por la incertidumbre, temiendo un caos.
Después de la dramática derrota de los Tigres de Aragua ante los Indios de Mayagüez, eliminando la posibilidad de un triple empate, Cibao necesitaba ganar para mantener abierta la posibilidad de forzar un juego extra con los Venados el lunes.
Eso no ocurrió.
El pitcheo de Francisco Campos, brillante vencedor de Aragua en la jornada inaugural, había sido lo necesariamente autoritario por ocho entradas para derretir los bates cibaeños. Sólo dos hits, once ponches y cero carreras.
¡Fenomenal! Así había lucido por ocho innings el gran tirador derecho considerado el mejor del beisbol mexicano, pero que inexplicablemente, ha sido “alérgico” a las Grandes Ligas, sin haber podido responder a las exigencias en diferentes llamados mientras el tiempo pasa a su lado.
La ventaja de los Venados 4-0 en noche de carnaval, parecía ser tan amplia como el larguísimo paseo del Malecón en esta atractiva ciudad, cuando de pronto, los bateadores de Cibao salieron del closet y comenzaron a funcionar y alteraron los nervios de la multitud.
Con dos a bordo sin out por base a Luis Polonia y hit de Miguel Tejada, le quitaron la pelota a Campos con la preocupación todavía distante. Mientras caminaba hacia el dogout, un público agradecido, volcó sobre él todo el cariño y la admiración que merecía su grandioso trabajo frente a un line-up poblado de big leaguers.
Matt Ciepicky conectó hit impulsador contra el relevista José Luis García, y otro cohete de Ronnie Belliard sobre lanzamiento del taponero de Grandes Ligas Luis Ignacio Ayala, estrechó la diferencia 4-2. Se podía escuchar el crujir de nervios en las tribunas.
Un pasaporte llenó las bases, y el pánico cobijó el Estadio Teodoro Mariscal despertando a los gallos y sujetando el ímpetu de las olas en la playa.
Ahí estaba Alexis Gómez frente al plato con el empate dominicano en segunda. En un momento de crecerse o morir, Ayala obligó a Gómez a batear para doble play por el short, pero sin evitar que la pizarra se moviera 4-3 y que Belliard se instalara amenazante en tercera.
Ahora era Bernie Castro la última esperanza del Cibao. El suspenso hacía sudar los huesos de la multitud. ¿Cómo fue posible que la tranquilidad de un 4-0 con sólo tres outs pendientes, se transformara en ese temor agobiante de última hora?
Ayala se fajó y Castro roleteó hacia el montículo. El pitcher tomó la pelota, intentó exprimirla dentro de su guante, y no confió en ninguna gestión, tampoco en alguna ayuda. Fue a pisar primera con urgencia y en duelo de sprinters, llegó antes y sacó el ansiado out 27, que significaba en ese momento, el quinto título del Caribe para un equipo mexicano.
Ciertamente, si vimos un equipo acumular suficientes méritos, ese fue Mazatlán. Así que su coronación, fue justa.
MÁS VALIOSO
La escogencia de Francisco Campos como el Más Valioso, era algo obvio. Con gran pitcheo de ocho ceros y sólo tres hits, derrotó a los Tigres de Aragua en el primer juego de la Serie, y el lunes en la madruga, completó ocho ceros al Águilas de Cibao antes de flaquear en el noveno.