- Publicará un libro en dos semanas
Buster OlneyESPN the Magazine
Ken Caminiti le quitó la primera capa al beisbol cuando admitió en “Sports Illustrated” de su adicción a los esteroides. La siguiente capa la quitó Jason Giambi, cuyo orgullo —¿cuántas veces nos habló acerca de lo duro que trabajaba?— colapsó cuando testificó con extraordinario detalle ante la presión de los abogados.
Y ahora José Canseco hará mucho ruido cuando confiese su uso de esteroides en un libro. Posee la menor credibilidad de cualquier jugador que haya hablado sobre el problema. El primer instinto sería ignorarlo porque:
1. Quiere ganar mucho dinero y hará lo que sea para inflar su producto.
2. Es un egocéntrico que quizás necesite más la atención que el dinero.
3. Es un “buchón”, aparentemente cobrando dinero gracias a conversaciones privadas y supuestas amistades.
El libro no llegaría a las librerías hasta dentro de dos semanas, y ya está bajo ataque. Arn Tellem, el agente de Giambi, emitió una respuesta rápida al decir, “este libro, que ataca al beisbol y a muchos de sus jugadores, fue escrito para ganar dinero rápido por alguien que está desesperado por acaparar la atención y que últimamente aparece más en noticias policiales que en tarjetas de beisbol. No tiene carreras ni imparables, sólo errores”.
Duras palabras, pero suenan correctas. Sólo un problema: generalmente, mucho de lo que diga Canseco en su libro será verdad.
Ahora, sólo Canseco, Mark McGwire y los otros All-Stars implicados saben la verdad. Va a haber muchos José dijo. Dentro de dos semanas, probablemente veamos muchas negaciones parecidas a la de Tellem: Canseco es un hombre malo, no tiene credibilidad.
Pero las declaraciones de Canseco hace mucho tiempo que implicaban muchos esteroides en el beisbol, encajan perfectas con la reciente evidencia. El comisionado Bud Selig merece crédito por realizar controles antidoping más rigurosos, y “Major League Baseball” (MLB) merece gratificación por comenzar los controles en las ligas menores.
No obstante, esos controles sólo se comenzaron a hacer en años recientes, y la discusión acerca de los esteroides data de 1987, más o menos el momento en que Canseco jugaba para Oakland.
Ejecutivos y cazatalentos se preguntaban por el repentino desarrollo y enormes músculos de los bateadores. Todos sabían lo que ocurría, pero todos hacían oídos sordos.
Cuando el bate de Sammy Sosa se partió en el 2003 y el mundo evidenció la presencia de corcho en él, la controversia y el debate por la ética en el juego ya era muy grande.
Creo que mucho de lo que ocurrió entre 1987 y el 2004 fue legítimo, pero tristemente, todos los jugadores de esta era estarán manchados por los esteroides. No habrá asteriscos al lado de los nombres, pero cuando los historiadores recuerden esta época, harán sus propias traducciones de las estadísticas. 35 cuadrangulares en 1998 no es ni parecido a los 20 jonrones en 1968.
USO CONSTANTE
Los esteroides han tomado al juego como rehén desde hace dos décadas, y habrá constantes recordatorios de ellos.
Inevitablemente, José Canseco y otros usuarios de esteroides nos contarán más de lo que ya sospechábamos que sucedía.
A esta altura, no deberíamos estar asombrados. Deberíamos saber que ningún jugador individual —ni siquiera Giambi— debería ser convertido en villano por el uso de esteroides, porque la substancia ya era parte del juego.
El beisbol no puede cambiar su reciente pasado. Su reto es cambiar el futuro, limpiar los usuarios de esteroides. De esa manera, podríamos volver a un clima en el que podamos ignorar a los José Canseco.