La economía del conocimiento

Mauricio Peralta Mayorga* Roman, Times, serif»>Opinión económica La economía del conocimiento Mauricio Peralta Mayorga* “En una época de cambios drásticos, los que aprenden son quienes heredan el futuro. Quienes han aprendido quedan capacitados para vivir en un mundo que ya ha dejado de existir”.Eric Hoffer, 1999 Los organismos multilaterales (Banco Mundial y Banco Interamericano de […]

Mauricio Peralta Mayorga*

Roman, Times, serif»>Opinión económica

La economía del conocimiento


Mauricio Peralta Mayorga*




“En una época de cambios drásticos, los que aprenden son quienes heredan el futuro. Quienes han aprendido quedan capacitados para vivir en un mundo que ya ha dejado de existir”.
Eric Hoffer, 1999

Los organismos multilaterales (Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo) que han venido impulsando reformas estructurales en la economía mundial han advertido una estrecha correlación entre educación permanente, actualizada, basada en competencias y entre el crecimiento económico de las naciones.

Han comprendido que las ventajas derivadas de la apertura comercial (como son la especialización y menores precios al consumidor) y de la política de atracción a la Inversión Extranjera Directa (como son la transferencia tecnológica y la creación de empleos) se ven seriamente disminuidas, sin una adecuada y coherente política educativa.

La apertura comercial, que en Nicaragua se puede resumir en los últimos 15 años en la paulatina desgravación arancelaria a la importación de bienes finales y materias primas y a la suscripción de tratados de libre comercio, como el firmado con México y el negociado con los EE.UU., República Dominicana y demás países de Centroamérica, implica para nuestro sector productivo una presión por ser más competitivo, radicando dicha competitividad en la innovación, producto de recursos humanos capacitados en nuevas destrezas y habilidades.

La Inversión Extranjera Directa (IED) además de requerir de un entorno macroeconómico estable, necesita mano de obra calificada, para ser rentable en nuestro país. La difusión de nuevas tecnologías representa una de las externalidades que más impactan, de manera positiva, en el desarrollo económico de nuestro país. Sin recursos humanos preparados en tecnologías intensivas en destrezas, esta externalidad positiva se disminuye notoriamente.

Es por todo esto que sin una educación permanente que incluya cada vez más la participación de la empresa privada y que de manera sincronizada y paulatinamente priorice las necesidades de “abajo hacia arriba”, resolviendo los requerimientos y demandas por educación primaria, secundaria, técnico-profesional, bachilleratos tecnológicos, para luego atender, de manera priorizada los problemas concernientes a la educación terciaria, no estaremos preparados para aprovechar la especialización que conlleva la apertura de mercados ni la transferencia tecnológica que trae consigo la IED.

Los jóvenes de nuestro país que terminan su vida académica en la primaria o en la secundaria, son materia prima idónea para el desempleo, la delincuencia, las pandillas y todo lo que ello trae consigo. Una educación media que combine conocimientos generales, competencias específicas, prácticas profesionales in-situ y que se ajuste constantemente a los cada vez más rápidos cambios tecnológicos y a los cada vez más cortos, ciclos de vida de nuestro bienes y servicios, será la que mejor responda a los requerimientos del mercado laboral contemporáneo, caracterizado por una demanda bipolar de destrezas y habilidades.

En un extremo, existe la necesidad de satisfacer las demandas de mano de obra altamente calificada, en empresas intensivas en tecnologías, tales como el de las telecomunicaciones y la de servicios financieros. En el otro extremo, existen más oportunidades para la mano de obra no calificada, en actividades tales como la venta de bienes de consumo masivo, en tiendas por departamentos o en servicio de restaurantes de comida rápida.

La juventud nicaragüense se debate entre un sector privilegiado y con altos retornos a su trabajo, para el cual no está calificado (el intensivo en tecnología) y uno más abierto, pero más restringido en sus beneficios monetarios y no monetarios (el que no requiere de formación especializada).

En nuestra economía existen más competidores luchando por un mercado cada vez más pequeño (el Producto Interno Bruto, PIB del 2004 fue menor, en términos reales, al PIB de 1978). Dicho de otro modo: son más los diablos y menos el agua bendita. La gran paradoja de nuestro tiempo es que nuestros hijos son más preparados tecnológicamente (pej.: en Internet o en el manejo de una segunda lengua) que nosotros y aún más, que nuestros padres, pero difícilmente tendrán las mismas oportunidades de encontrar un trabajo digno, estable en el tiempo e igualmente bien remunerado.

La apertura comercial, con sus mejores condiciones de acceso a terceros mercados y la potencial generación de mejores niveles de empleo, como consecuencia de una mayor inversión extranjera directa pasará de ser soluciones de nación a desilusiones de nuestro pueblo, si no viene acompañada de una educación de por vida, enfocada en la demanda e intensiva en destrezas. Sólo así podremos sentar las bases de un crecimiento económico sostenido, sostenible, de largo plazo y que sea incluyente para todos los nicaragüenses.

* El autor es economista y Catedrático de la Universidad Thomas More

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