Edgard Rodríguez C.
Enrique Gasteazoro se dirigió a los medios con tanta solemnidad e hizo alusión a conceptos como responsabilidad y hombría, que uno cree que sabía de lo que estaba hablando mientras dejaba caer la guillotina sobre el cuello de cuatro jugadores y un coach del beisbol nacional, acusados de participar en la venta de un partido entre León y Bóer.
Los acusados aseguran que no se les ha probado nada, que no les mostraron ninguna evidencia y que se les llamó para inculparles de faltas que no han cometido. Incluso, uno de ellos, Erick Morales, asegura que fue amenazado con no volver a jugar si no acusaba a Hubert Silva.
¿Quién entonces miente? Uno supone que la gente de la LNBP se atrevió a aplicar esas sanciones tan severas porque tienen las pruebas. Sin embargo esas pruebas nadie las ha visto. A menos que los jugadores, en un alarde de cinismo, ya las hayan visto, y digan una cosa a los medios y otra a los directivos.
No es asunto de morbo de los periodistas como lo han entendido algunos directivos de la LNBP, pero el asunto de ver las pruebas es un derecho que le asiste a todo ciudadano de acuerdo a la Constitución. Tampoco es que los medios se hayan arrogado el papel de jueces para condenar o absolver a los castigados.
El presentar las pruebas acaba con cualquier suspicacia o manipulación que de este asunto pretenda hacerse. Entre más hermetismo hay con la información más espacio se abre para las especulaciones.
Si los jugadores y el coach han fallado, merecen un castigo y había que aplicárselo sin temblor en la mano. Y si ahí están las pruebas y se muestran, la LNBP se fortalecería como institución. De lo contrario, las dudas serán una carga que tendrán que aprender a sobrellevar.