Las pruebas presentadas por la policía intentaron desvirtuar la acusación que por asesinato interpuso el abogado acusador Mario Orozco Scott.

Un juicio ganado a pesar del sistema

El primer peritaje policial aseguraba que a María José Bravo la mató una “bala saltarina” que impactó en dos superficies de concreto antes de llegar a su cuerpo. Un peritaje posterior demostró que la bala efectivamente rozó dos superficies, pero las huellas en el plomo extraído del cuerpo mostraban minúsculos restos de algodón y huellas […]

  • El primer peritaje policial aseguraba que a María José Bravo la mató una “bala saltarina” que impactó en dos superficies de concreto antes de llegar a su cuerpo. Un peritaje posterior demostró que la bala efectivamente rozó dos superficies, pero las huellas en el plomo extraído del cuerpo mostraban minúsculos restos de algodón y huellas de dos colores: rojo, como el bolso desde donde dispararon el arma, y blanco, como la camisa de algodón que usaba la periodista el día de su muerte

José Adán Silva

Nunca la conoció en vida y supo de ella hasta que vio las noticias nocturnas del nueve de noviembre: ahí estaba la pantalla de la televisión con la fotografía congelada de una cara sonriente y desconocida hasta entonces; el cintillo de última hora circulando incesante en la parte baja de la pantalla y la voz del periodista confirmando que la corresponsal de los diarios LA PRENSA y Hoy, María José Bravo Sánchez, había muerto de un disparo en Juigalpa, mientras cubría los resultados electorales de Chontales.

“No podía creerlo, acababan de matar a Carlos Guadamuz hacía pocos meses, y ahora veía en la televisión a una muchacha que había muerto haciendo su trabajo”, recuerda Mario Orozco Scott, el abogado que tras conocer la noticia, apagó la televisión para huir de la estresante experiencia en que se ha convertido hoy la pantalla chica.

Al día siguiente, sin esperarlo, recibió la llamada de un abogado amigo suyo: LA PRENSA y la familia de la víctima querían llevar una acusación aparte, ya que temían que el caso se cayera por asuntos políticos.

“Los periodistas y los familiares tenían temor, no creían en la justicia y sentían desconfianza hacia la Fiscalía y la Policía, así que llegué a LA PRENSA y acepté llevar el caso. Al inicio no pensé que fuera algo fácil, pero tampoco imaginé que se fuera a convertir en algo tan difícil. En cierto momento llegué a preguntarme si estaba del lado correcto de la lógica, ya que parecía que la Fiscalía y la Policía estaban más al lado del criminal que de la víctima”, reflexiona Orozco Scott.

¿Por qué dudó si estaba del lado correcto de la lógica?
Por muchas cosas: en la Policía Nacional lo recibían, dice Orozco, con burla y fastidio, a tal extremo que un oficial menor le habría dicho “mucho jodés”; en la Fiscalía asegura que también lo recibían con actitud hostil. Los fiscales nunca estaban, si estaban no lo podían recibir por estar “ocupados”, y si lo recibían lo hacían de mal modo.

FISCALÍA INSISTÍA EN HOMICIDIO

De acuerdo con el abogado, los fiscales descartaban con ligereza las propuestas de testigos y se conformaban con acusar por homicidio doloso, cuando había indicios de premeditación y alevosía, elementos necesarios para acusar por asesinato a Eugenio Hernández González, el militante del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) que disparó contra María José, cuando ésta cubría los resultados electorales en el Centro Electoral de Cómputos de Juigalpa.

Dice Orozco que preguntando por aquí, por allá, en Juigalpa y Santo Tomás, de donde era originaria la víctima, descubrió que había testigos claves para esclarecer el caso, como uno que dijo que Hernández antes de disparar, preguntó quién era María José.

Entrevistando testigos descubrió a otro que aseguraba que la bala se disparó al caer el bolso, razón por la cual el abogado pidió un peritaje para ver las condiciones del arma, lo cual a la larga incidió para castigar por asesinato. La Policía descubrió que el arma aunque era vieja (fabricada en 1974), tenía un dispositivo de seguridad que no permitía los disparos accidentales, y que sólo mediante fuerza humana podía dispararse

Dijo que incluso la primera evaluación del forense era básica, no establecía la trayectoria del proyectil, razón por la cual supuestamente solicitó una ampliación del informe médico forense.

En la ampliación se certificó que la bala había entrado de forma oblicua, casi horizontal, pero de forma descendente, en sentido contrario al señalado por la Policía.

Al obtener este informe, dice Orozco Scott, lo primero que pensó fue en desbaratar el principal argumento de la defensa de Hernández: la teoría de “la bala saltarina”.

A juicio de los peritos policiales, Hernández habría metido su mano izquierda dentro del bolso rojo, donde envolvió el revólver marca Astra calibre 38, en unas ropas que guardaba dentro, para disparar matando el ruido.

TIRO MÁGICO

De acuerdo a la versión policial, Hernández disparó al andén, en un ángulo de 40 grados frente al muro del colegio, la bala se elevó en otro ángulo de 40 grados tras rozar la superficie del andén, y después de pegar en el muro color rojo, se elevó en otro ángulo de 40 grados en dirección a la periodista, hasta entrar en el cuerpo de María José en forma ascendente a la altura de un metro 27 centímetros, la misma altura que, según la Policía, tenía el arma al momento de ser disparada.

Es decir, según el peritaje policial, la bala entró a la misma altura que fue disparada, pero tras rozar en tres ángulos de 40 grados, contra dos paredes de concreto.

Los elementos claves para desbaratar la teoría principal de la “bala saltarina”, aparte del informe forense que decía que la bala nunca pudo entrar de abajo arriba, fue el testimonio de un perito policial que dijo, antes del juicio, que la bala extraída tenía huellas de dos colores, rojo y blanco, y minúsculos restos de algodón y nylon.

La revelación llevó al abogado a preguntarse: ¿Si la bala había pegado primero en cemento, por qué no había huellas de cemento y sí de algodón y nylon? El muro del colegio donde rebotó era rojo, pero el andén no era blanco. ¿De dónde sacó la bala las huellas de color blanco?

La teoría de la “bala saltarina” cambió con la siguiente explicación: antes de llegar al cuerpo de María José, la bala rozó dos superficies donde se impregnó de dos colores, la superficie color rojo era del bolso de nylon desde donde Hernández disparó, y la superficie color blanco eran restos de la camisa de algodón que usaba María José. No hubo entonces ninguna “bala saltarina” que matara a la periodista María José.

DONARÁ SUS HONORARIOS

«Yo no gané, ganaron ustedes los periodistas», así se expresó el abogado Mario Orozco Scott cuando se le preguntó qué sentía al haber ganado un caso tan emblemático para la libertad de expresión en Nicaragua.

«Nunca asumí el caso pensando obtener dinero y prestigio, lo hice en solidaridad por los periodistas, para que la muerte de María José no quedara en la impunidad», dice Orozco, quien ansioso porque le crean anuncia una buena noticia.

«No voy a tomar los honorarios que gané en este caso, le he pedido a LA PRENSA que los transfiera a la cuenta bancaria que se abrió para ayudar en sus estudios al niño de María José. Ese es mi verdadero aporte, el resto lo hicieron ustedes, los periodistas, nunca en mi vida había visto al gremio periodístico tan unido», expresa Orozco Scott, quien acusó por asesinato al ex alcalde de El Ayote, Eugenio Hernández González, quien esta semana fue sentenciado por una Juez de Distrito Penal de Juigalpa.

La acusación de Orozco por asesinato fue diferente a la acusación que por homicidio doloso interpuso el Ministerio Público, institución con la que el abogado sostuvo una férrea discusión por la terminología del caso.

Llegó a tal grado la diferencia de Orozco con los fiscales del caso, que los denunció ante el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos por obstrucción de la justicia. En respuesta, el Ministerio Público organizó conferencias y emitió comunicados donde criticó el trabajo del abogado acusador y hasta llegó a descalificar sus capacidades judiciales.

Al final, tras una intensa jornada de presión de las organizaciones periodísticas, el Ministerio Público cambió su actitud confrontativa y se sentó a trabajar en armonía con el abogado Orozco Scott.

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