Noelia Sánchez Ricarte
Hace pocos días llegó a mis manos una carta que María José Bravo me había enviado desde Santo Tomás, Chontales a Rivas en ocasión de mi cumpleaños: fue escrita en febrero del año 2000. Me llenó de profunda tristeza su recuerdo, más bien diría la imagen de cómo acabaron con su vida con frialdad y premeditación.
Quienes tuvimos la dicha de conocerla pudimos encontrar en ella un conjunto de valores que muy pocos humanos poseemos a la vez, era sencilla, trabajadora, muchas veces callada, honesta, siempre dispuesta a cumplir cualquier misión encomendada, una joven periodista con ansias de abrirse camino y, sobre todo, respetuosa con sus semejantes.
Es en esta parte de la historia, cuando mi mente se hace un nudo, no comprendo por qué Eugenio Hernández decidió acabar con la vida de María José, no entiendo cómo con frialdad absoluta, premeditación, ventaja y alevosía pudo disparar en contra de la vida de esta joven.
Ese cobarde acto ha causado luto y tristeza entre amigos, colegas y sobre todo, en una familia unida y humilde. Hernández acabó pues con la vida de esta joven que era pieza importante de su familia, sobre todo, de su pequeño hijo que aún no se explica el por qué su mamá ha tardado tanto en regresar.
Jamás podré olvidarla. Fue callada por ese odio desmedido y político que jamás ha podido ser superado, sin importar consecuencias. Y aunque ya no está físicamente, indiscutiblemente que su personalidad, sonrisas, palabras y espontaneidad permanecerán entre quienes la conocimos y compartimos con ella imborrables momentos.
Personalmente debo decir que dejó en mi vida huellas imborrables, hermosos recuerdos, pues nuestra relación de amistad y compañerismo había iniciado desde antes que ella comenzara a laborar en el diario LA PRENSA, seguí muy de cerca la historia de María José, por eso me siento con todo el derecho de pedir ¡justicia! en su nombre.
Esta historia nos deja un trago amargo, es por eso que hay una deuda por saldar o mejor dicho la justicia tiene una cuenta por pagar. Me resisto a pensar que quien cometió este asesinato será condenado a unos cuantos años de prisión por intereses políticos, de amistad, negocios o quién sabe qué.
Resulta pues que ahora la justicia debe caer con todo el peso de la ley al culpable de este asesinato, lo que no se podrá lograr si la Fiscalía actúa por su cuenta (insistiendo en que el caso es homicidio) y sin un dictamen certero, contundente y real por parte de la Policía.
No sé absolutamente nada de armas y con el respeto que todas las autoridades policiales se merecen, creo que la hipótesis de que María José pudo haber muerto por un accidente causado por una famosa bala “saltarina” que salió del arma de Hernández, es insólita, alejada de la realidad y una burla para la memoria de María José y su familia.
Justicia es lo que queremos. Allí estaremos para que él o los culpables paguen por este asesinato. Este pedimento es también para la familia de María José que llora desconsoladamente esta prematura partida y, sobre todo, por ese pequeño a quien amaba tanto que en días pasados inocentemente dijo “hoy sí debe venir mi mamá, ya se ha tardado demasiado”.
Los colegas periodistas y personas ligadas a la comunicación de este departamento también piden justicia. Amarilis Peña, una joven periodista que comienza a abrirse paso en esta carrera resaltó que “no es justo que aún después de muerta María José continúe siendo atropellada por ese tipo que al parecer premeditó su muerte”.
“Es preocupante lo que está ocurriendo en este caso, pues nos puede pasar a cualquiera de nosotros, hay que sentar un precedente para evitar que sigan muriendo personas por las balas y el odio político de quienes de manera facinerosa defienden a un partido. Demandamos a la Fiscalía que acuse por asesinato”, indicó la veterana periodista Lourdes Vanegas, que labora como corresponsal de Radio Nicaragua.
Finalmente Julio González, ligado al quehacer periodístico desde hace rato, dijo que la justicia tiene la oportunidad en el caso de esta periodista de lavarse un poco la cara ante tantos fallos insólitos, agregando que el Ministerio Público tiene que cumplir con su obligación “apoyando totalmente las diligencias del abogado acusador”.