- Eufórico en el primer triunfo chinandegano
Gerald Hernández
La barra felina gritando a todo pulmón “¡León puede ser abatido pero nunca vencido!”, se hacía sentir con más fuerza en el inicio del quinto episodio cuando le dieron vuelta al marcador a Vicente Padilla ante los ojos atónitos de los casi siete mil fanáticos que abarrotaron el Estadio Efraín Tijerino Mazariegos.
No obstante, Edgard López devolvió la tranquilidad con un jonrón que enderezó la nave en el mismo cierre del quinto.
“Éstos son los juegos que me encienden. La Final, con los estadios llenos y el público animándote, es lo más lindo que hay en el beisbol, y gracias a Dios mi batazo fue la inspiración para ganar esta noche (ayer)”, dijo López, quien se voló la cerca con uno en base ante Devorn Hansack para colocar al Chinandega en ruta a una victoria 5-3 sobre León, en el primer juego de la serie final de la Liga Nicaragüense de Beisbol Profesional.
El juego terminó, pero el entusiasmo y la algarabía de los aficionados chinandeganos no parecían tener fin.
“Es por este público que nos entregamos de lleno y queremos darle su primer campeonato en 31 años”, señaló el veterano artillero Próspero González.
El manager panameño Roberto Kelly elogió la buena labor de Padilla, pero sobre todo el sentido de la oportunidad del bateo chinandegano. Y también tuvo chance para reconocer el esfuerzo de los felinos.
Los Leones perdieron el primer juego, pero su moral luce intacta.
“Esperamos que mañana (hoy) sea diferente, si ganamos un partido en Chinandega, es como si fuéramos adelante en la serie porque vamos a León y allí es difícil vencernos… Creían que íbamos a perder fácil ante Padilla, pero demostramos que no”, señaló Sandor Guido.
GRAN SHOW
Unos atrapados por la fiebre beisbolera y otros por el imán que representa contemplar a un big leaguer como Vicente Padilla en la colina.
De cualquier forma, el estadio registró su mejor lleno de la temporada y en taquilla se recaudó aproximadamente 120 mil córdobas.
Al estilo de las Mayores, fanáticos chinandeganos llevaron enormes «kaes» para pegarlas en una parte visible del estadio en cada ponche de Padilla.