- Minutos antes de su deceso habló sobre los platillos de comida que más le gustaban
- Su peor vicio era el licor y según su madre eso pudo provocarle la muerte
Luis Alemán Saballos
El dictamen del Instituto de Medicina Legal determinará si la muerte de un joven, ocurrida la tarde de ayer en un taller de mecánica en el barrio San José donde laboraba, fue natural o en ella hubo acción criminal.
Se trata de José Raúl Zapata Espinoza, de 19 años, cuyo cadáver quedó recostado a la orilla de una camioneta blanca que supuestamente estaba reparando en el taller propiedad del señor José Ríos, ubicado del Instituto de Medicina Legal cuatro cuadras arriba.
Javier Urbina, quien labora en el mismo taller, explicó que Zapata Espinoza, a quien conocía como “Chepito”, estaba trabajando cuando de pronto se levantó, luego se recostó a la camioneta y ahí quedó.
COMPAÑEROS SORPRENDIDOS
Tanto Urbina como el señor Ríos estaban sorprendidos por la forma en que murió su compañero de trabajo.
“Ahora por la mañana se presentó como siempre y no dijo nada sobre su estado de salud”, declaró Urbina, una vez que avisó a los familiares del ahora occiso, quienes viven de donde fue el cine Cabrera una cuadra arriba y media cuadra al lago.
“No sé lo que pudo pasar, a la hora del almuerzo conversamos animadamente y ahora está muerto, es increíble”, aseguró el señor Ríos, mientras repetía nervioso que el joven se recostó al vehículo y ahí quedó como si se hubiera dormido.
SIN MUESTRAS DE VIOLENCIA
Oficiales de la Policía del Distrito Dos, que se presentaron al lugar a realizar las investigaciones del caso, explicaron que en el lugar no había muestras de violencia y que todo indicaba que la muerte del joven fue provocada por alguna enfermedad.
Los investigadores no quisieron adelantarse a los resultados de medicina forense, donde fue llevado el cadáver para su respectiva autopsia.
“Eso lo determinará el Instituto de Medicina Legal”, explicaron.
MADRE LLEGA AL LUGAR
Doña Andrea del Carmen Espinoza Fonseca, madre de José Raúl, no pudo explicar lo que le ocurrió a su hijo.
Aseguró que había salido a trabajar y no supo de él hasta que le llegaron a avisar de su muerte.
Reconoció que a su hijo le gustaba mucho tomar licor, lo que para ella pudo provocarle algo en su organismo que terminó con su vida.
“A él le gustaba tomar su licor, pero nada más, no sé si andaba en drogas, lo que sí sé es que trabajaba y tomaba su licor sin hacerle daño a nadie”, dijo Espinoza Fonseca, mientras desesperada pedía a los funcionarios del Instituto de Medicina Legal que le permitieran ver el cadáver de su hijo que ya había sido colocado dentro de una ambulancia de ese centro forense.
ESTABA TRANQUILO
La señora Elba Payán García, vecina del taller Ríos, donde falleció José Raúl Zapata Espinoza, explicó que había estado conversando con el muchacho en horas del mediodía, pero que en ningún momento le manifestó tener problemas de salud. “Lo que sé es que tenía poco de trabajar en el taller, pero se miraba como un muchacho tranquilo”, señaló.