Edgard Rodriguez C.
Fue en San Isidro, Matagalpa, donde observé por primera vez a William Juárez, tras una seña de Argelio Córdova. “Tienes que verlo viejo, ese chico tiene”.
El angosto y espigado tirador derecho, nacido en la comarca El Manzanillo, en El Viejo, Chinandega, estranguló al San Isidro y sin mayor esfuerzo, enviaba su recta a 85 y 86 millas continuamente.
Pero además, Juárez no había tenido escuela. Recién se había incorporado al beisbol, el que no practicó de niño. Sus movimientos eran rústicos y sus disparos salían casi con el estricto esfuerzo de su brazo.
“Le falta agresividad”, dijo mi supervisor en los Yanquis. Eso mismo valoró el scout de Arizona, Junior Noboa. Pero a diferencia de los neoyorquinos, confió en la evolución de William y el muchacho creció.
En una ocasión, Noboa increpó a Juárez: “O te pones agresivo, o no vas a viajar (a EE. UU.)”. Y el chinandegano lo tomó en serio. Tanto que después de dos campañas en la academia de Dominicana, viajó.
Después de cinco campañas en las Ligas Menores, William ha coleccionado récord de 27-19 y 3.07. Pero lo básico es que ha madurado como pitcher y hay muchas esperanzas cifradas en él.
Juárez es hoy día un lanzador de fortaleza, con disparos que coquetean con las 94 y 95 millas. Ha aprendido a manejar el cambio, más su slider y el sinker. Pero sobre todo, sabe cómo y en qué momentos usarlos.
Su paso a los Dodgers, ha tenido una rápida señal alentadora. Ha sido invitado a los entrenamientos del equipo grande en Vero Beach.
William viene de registrar 3-1 y 1.55 en Clase A, con 47 ponches en 46 entradas. Y en Doble A, logró 3-7 y 5.00, en la Liga de Texas, donde el bateo impone el orden.
Considere que el staff abridor de los Diablos lanzó así: Matt Henrie 9-4 y 5.28. Sergio Lizárraga 4-10 y 5.04, Clint Goocher 6-10 y 5.27 y Dustin Nippert 2-5 y 3.64. Así que Juárez no desentonó.
Sin embargo, lo esencial es lo que haga a partir de hoy. El reto de su vida, está ahí. Y seguro irá de frente ante él.