- Autoridades de Sri Lanka incrementan seguridad en refugios tras denuncias de ultrajes y tráfico de niños
Shimali SenanayakeAP
SRI LANKA.- Desde que el tsunami azotaró la costa asiática el 26 de diciembre, las autoridades de Sri Lanka han recibido numerosos informes de abusos sexuales, incluyendo niños. Algunos habrían ocurrido en campamentos de refugiados, por lo que la Policía emplazó a guardias de seguridad en cada uno de los centros de ayuda.
Entre los ejemplos hay casos desgarradores. Una joven sobrevivió al tsunami, pero sólo para soportar la brutalidad de quien la rescató.
Era el día del cumpleaños de su padre y la familia viajaba al templo de Kataragama en un peregrinaje en busca de protección. La adolescente de 18 años, apodada “Bebé”, se encontraba de picnic en una playa cuando un verdadero muro de agua se estrelló sobre ellos.
Luchando en medio del agua, escuchó una voz. “Me dijo que tomara su mano, que él me salvaría”, recordó la joven, quien pidió no ser identificada por temor a que sus vecinos las excluyan.
La adolescente y el extraño fueron arrastrados por un río de barro. Cuando llegaron a la orilla, el hombre la empujó y la violó.
“Grité y le pedí que no me hiciera daño”, expresó la joven. “Colocó sus manos alrededor de mi cuello y me dijo que incluso si me mataba allí, nadie se enteraría”.
Otros casos han comenzado a aflorar tras la tragedia.
TEMEN TRÁFICO DE NIÑOS
En Indonesia las autoridades temen que las pandillas que trafican con niños aprovechen el caos y por ello implementaron restricciones para los jóvenes que abandonen el país, ordenaron a los comandantes policiales que estén atentos y colocaron guardias especiales en los campamentos de refugiados.
Unicef y otros grupos que procuran el bienestar de los niños, advierten que las pandillas podrían haber envuelto a niños en redes de tráfico, vendiéndolos como mano de obra o esclavos sexuales.
La Organización Internacional de Migraciones dijo ayer que registró siete casos de mujeres vendidas para la prostitución.
La familia de “Bebé” había partido hacia Kataragama en un autobús de 32 pasajeros. El tsunami mató a 14, nueve de ellos miembros de su propia familia, entre ellos niños de entre nueve y 18 meses.
Los cadáveres de su madre, su padre y una sobrina de 5 años aún no han aparecido.
Tras la violación “me sentí sin vida”, recordó la adolescente.
Atontada, vio dos cadáveres que llegaban a la playa empujados por el agua.
El violador “me ordenó que no dijera ni una palabra y me advirtió que no podría salir a menos que él —que era del área— me indicara el camino”, recordó.
SE DESMAYA AL RECONOCER CADÁVER DE HERMANO
“Habló con otros hombres y me dejó con ellos. No les dije nada y tenía mucho miedo porque también eran hombres”, recordó llorando.
La subieron a un camión que transportaba cadáveres y heridos. Allí reconoció a su hermano, y se desmayó.
Llegó a un hospital donde la atendieron por problemas respiratorios, pero no dijo hasta un día después que había sido violada.
4 MIL CADÁVERES MÁS
Las autoridades en Indonesia han encontrado otros 4,000 cadáveres, lo cual eleva la cifra de víctimas mortales del maremoto en la región sur de Asia y África a casi 150,000, mientras el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, recorría la isla de Sumatra para ver por sí mismo la devastación dejada por la tragedia y las acciones de socorro realizadas tras de ellas.