- Incluso se llegó a comparar con Dios
RIO DE JANEIRO/AFP
Indomable en su genio y superdotado con el balón, el astro brasileño Romario de Souza Faria anunció el fin de su brillante carrera, en la que una vez se comparó con Dios y que le valió ganarse un sitio en la “divina trilogía” de las canchas, junto a Maradona y Pelé.
“Paré. No puedo más. Ya no tengo ganas”, dijo Romario al diario O Globo en su edición de este martes, para poner punto final a una de las más impresionantes carreras en la historia del futbol, en la que anotó 822 goles como jugador profesional.
Estrella del seleccionado nacional campeón del mundo en Estados Unidos-1994, Romario anotó 70 goles con la camiseta “verdeamarela”, pocos menos que los 95 de “O Rei” Pelé, y en 1994 fue escogido por la FIFA como el mejor futbolista del mundo.
Considerado por amigos, adversarios y desafectos como un verdadero genio del área grande, Romario construyó una carrera deportiva de 19 años marcada por goles impresionantes, una regularidad asombrosa, frases de una genialidad equivalente y muchas polémicas.
A causa de todos los números y los escándalos de su carrera, la salida del “Baixinho” (el bajito, a causa de su 1.69m de estatura) deja al futbol brasileño huérfano de un artillero rebelde, insolente, dotado de un notable sentido del humor y oportunismo para la polémica. En 1994 le preguntaron el secreto de su capacidad goleadora y Romario fue directo: “El secreto es que odio a los arqueros”.
De todas las polémicas en que se metió, Romario se arrepintió públicamente de una, cuando conquistó la Copa Guanabara con Flamengo, en 1998, y se comparó a Dios. De las otras polémicas habla siempre con ruidosas carcajadas que no esconden el orgullo.
Romario tenía 15 años cuando llegó en 1981 para entrenar en las divisiones de base del club Vasco da Gama, y debutó en primera división en agosto de 1985 en un partido amistoso ante el Nova Venecia. Vasco venció por 6-0 y Romario anotó dos goles.
En 1987 fue convocado por primera vez a la selección nacional, para un amistoso ante Irlanda, y en 1988 fue el goleador de Brasil en los Juegos Olímpicos de Seúl, aunque tuvo que conformarse con la medalla de bronce.
Luego fue transferido al PSV Heindoven holandés, donde marcó época ayudando al equipo a conquistar tres veces la Copa de Holanda y tres el Campeonato Holandés entre 1988 y 1992, además de la Recopa Europea de 1989.
En 1993, fue transferido al Barcelona. Fue el entrenador del equipo, el holandés Johann Cruyff, quien definió por primera vez a Romario como “un genio del área”.
En la selección, el temperamento de Romario le causó problemas: reclamó por haber sido dejado en el banco de reservas durante un amistoso ante Alemania y fue puesto en el congelador.
Pero en 1993 la selección brasileña, conducida por Carlos Alberto Parreira, andaba a los tropiezos en la eliminatoria para Estados Unidos-94, y la presión popular por Romario era insoportable. Parreira cedió en el último y decisivo partido: ante Uruguay, en el estadio Maracaná. Romario hizo los dos goles y selló el pasaporte de Brasil.
En Estados Unidos formó un “dúo de ensueño” junto con Bebeto, y a pesar del futbol apático, mecánico y aburrido de Brasil, la velocidad, creatividad y precisión del “Baixinho” maravillaron al mundo.
A partir de 1995, Romario acumuló frustraciones. Retornó al futbol brasileño, a jugar en Flamengo, y fue excluido de la selección a una semana del inicio del Mundial Francia-1998, por una lesión.
El mundo se privó entonces del encuentro dentro del área de dos colosos, el propio Romario y Ronaldo, formando una promocionada dupla que no pudo ser (Ro-Ro).
En 2000 fue excluido de la selección que disputaría los Juegos Olímpicos de Sydney por Vanderlei Luxemburgo, y en 2002 nunca estuvo en los planes de Luiz Felipe Scolari para la Copa del Mundo de Corea del Sur-Japón.
Es padre de cinco hijos nacidos de cuatro mujeres. Su esposa actual, Isabela, está esperando el segundo hijo de la pareja.