- Luna de miel en paradisíaca isla tailandesa se convirtió en escenario de terror para pareja española
- Isla Phi Phi, donde Leonardo Di Caprio filmó La playa, es hoy tumba de centenares de personas
EFE
Los españoles Toni Martín y María Antonia Puigrós salvaron la vida al decidir subir a la montaña de la isla de Phi Phi, una de las zonas del sur de Tailandia devastadas por el maremoto que el domingo causó al menos 830 muertos.
Toni, de 35 años, y su esposa María Antonia, de 31, fueron rescatados ayer lunes por una patrullera de la marina tailandesa, después de pasar 14 horas entre la densa vegetación que tapiza la montaña, en compañía de otra docena de personas de diversas nacionalidades.
La joven pareja pasaba en la idílica isla de Phi Phi, uno de los puntos turísticos más visitados de la provincia de Phuket, los últimos días de su luna de miel que iniciaran el pasado 11 de diciembre tras contraer matrimonio.
Toni, nacido en Valencia aunque mallorquín de adopción, relató que desde su bungalow vieron venir la primera ola, la mayor de las tres que se produjeron, cuando con las maletas hechas se preparaban para abandonar la isla.
“Ocurrió hacia las 11:15, más de tres horas después del terremoto que se sinió en la isla”, explicó.
La pareja cree en parte que su fortuna se debió al hecho de que la agencia de viaje los albergó en una cabaña situada a unas decenas de metros de la playa, y no en primera línea como habían solicitado en su reserva hotelera.
Toni, con los ojos húmedos por las lágrimas causadas por la emoción, recuerda el clima de excepcional solidaridad que reinó en todo momento entre los integrantes del grupo que en principio se refugió en la azotea del edificio principal del complejo de cabañas.
“En la azotea había varios con heridas graves, que no me explico cómo pudieron subir o subirlos, pues para bajarlos tuvimos que improvisar camillas con retales de ropa”, señaló.
VUELOS DE RECONOCIMIENTO
El primer helicóptero militar tailandés que sobrevoló la isla lo hizo después de casi cuatro horas de que la primera ola arrasara todos los bungalow situados en la parte baja de la isla.
“El helicóptero dio unas vueltas de reconocimiento y se fue, desorganización total”, dijo María Antonia.
Después de pasar cerca de cuatro horas en la azotea, el grupo formado por los dos mallorquines, una decena de suecos que llevaban un herido al que inyectaban morfina para aplacar el dolor causado por las graves heridas que sufría, así como un matrimonio estadounidense y unos seis birmanos que trabajaban en la isla, decidieron subir a la montaña y abandonar la azotea antes de que se desplomara.
“Me sorprendió el temple de aquellos suecos”, señaló Toni, psicólogo y cooperante de una organización no gubernamental de ayuda humanitaria con proyectos en Nicaragua.
CREYERON QUE TODO HABÍA PASADO
Los dos españoles recordaron que entre los que buscaron refugio en las montañas y otros lugares de la isla cundía el pánico ante la repetición de una nueva ola de grandes dimensiones.
“Cuando una vez descendimos de la montaña creyendo que había llegado un barco para rescatarnos, emprendimos de inmediato otra subida por aquella empinada ladera puesto que fuimos alertados de otra inminente ola”, narró la mujer.
La noche transcurrió en vela, en medio de los gritos de auxilio que llegaban desde diversos puntos de la isla, bajo el constante acoso de los mosquitos y la amenaza de las serpientes venenosas que a más de uno mordieron durante esas horas.
María Antonia y Toni fueron sacados de la isla a eso de las siete de la mañana del lunes junto a otros sesenta extranjeros, algunos de ellos con heridas de consideración.
“No había visto nunca tanta desorganización”, dijo María Antonia.
La isla de Phi Phi, frente a las costas de Phuket y escenario de la película La playa (The beach) interpretada por Leonardo Di Caprio, se ha convertido en la tumba de cerca de 300 personas.
LA VIERON VENIR
Desde su bungalow los turistas vieron venir la primera gran ola, la mayor de las tres que se produjeron. Se estaban preparando para abandonar la isla Phi Phi, donde tres horas antes habían sentido la sacudida del terremoto.