Los cadáveres de decenas de tailandeses son observados por desconsolados sobrevivientes que buscan a familiares perdidos en la tragedia.

Filas de cadáveres esperan cremación

Interminable nube dehumo negro Por Jack Barton PHANG NGA, Tailandia/AFP Los socorristas alineaban ayer decenas de cadáveres junto a las carreteras de la provincia tailandesa de Phang Nga, al norte de la isla de Phuket, una de las regiones más afectadas por los maremotos del domingo. Cientos de socorristas, con los rostros protegidos por máscaras, […]

  • Interminable nube dehumo negro

Por Jack Barton PHANG NGA, Tailandia/AFP

Los socorristas alineaban ayer decenas de cadáveres junto a las carreteras de la provincia tailandesa de Phang Nga, al norte de la isla de Phuket, una de las regiones más afectadas por los maremotos del domingo.

Cientos de socorristas, con los rostros protegidos por máscaras, alineaban los cadáveres en varias filas a lo largo de los caminos del poblado de Khao Lak, junto al mar.

En ese lugar apenas queda una vivienda en pie. La mayor parte de las palmeras fueron arrancadas por el mar y las olas cubrieron el asfalto de las calles con toneladas de arena hasta por lo menos a un kilómetro de la costa.

Al sur de la ciudad, en el pequeño templo Lak Kaen, el periodista de la AFP vio un centenar de cuerpos en el patio del edificio, esperando su turno para ser cremados.

De la chimenea del crematorio sale una interminable nube de humo negro mientras que los monjes budistas, con su tradicional hábito color azafrán, instalan los cadáveres dentro de sarcófagos rudimentarios de madera para trasladarlos hasta el fuego.

Una joven madre, Laddawan Chaleewan, registra entre los cadáveres buscando a su hijita de tres años. La niña fue arrastrada de su casa por una ola gigantesca.

Más allá, unos trescientos cadáveres están apilados en el templo de Yan Yao de Takuapa, al norte de Khao Lak. El martes comenzará la cremación de los cuerpos que no hayan sido reclamados.

En las calles que llevan al templo también hay cadáveres, algunos cubiertos con sábanas blancas, pero otros están desnudos, expuestos a las moscas, hinchados, abandonados en el crepúsculo.

Al menos 528 personas murieron en la provincia de Phang Nga.

Aunque los socorristas están desbordados prosiguen su tarea ayudados por la policía.

“Continuaremos trabajando toda la noche porque todavía hay muchos cadáveres”, dice uno de ellos.

“Vivo a dos kilómetros de la costa y sin embargo mi casa quedó totalmente destruida. Las olas llegaron hasta allí. Mi novia desapareció, creo que es evidente que murió”, gime desconsolado un sueco, que lleva un amuleto budista colgado del cuello.

Philip Vermeulen, un belga que estaba en Tailandia con su esposa y tres hijos, fue salvado por la marina tailandesa junto a 60 turistas que, como ellos, visitaban las islas Similan cuando ocurrió el maremoto.

“Cuando entramos al puerto vimos cadáveres flotando en medio de escombros, es algo que no olvidaré nunca, pero cuando tocamos tierra la visión se convirtió en horrible”, recalcó Vermeulen.

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