Roberto Pérez Solís
La misión no era imposible, pero tampoco fácil. Sin embargo, levantarse muy temprano le allanaría el camino para alcanzar la meta.
Desde el miércoles por la noche, el niño Eduardo Herrera, de ocho años, sabía que sólo así podría aventajar a sus miles de “contendientes”.
Por eso, desde las 5:00 a.m. de ayer estaba en pie. A esa hora, junto a su tía Reymara Vargas, salió de Ticuantepe rumbo a la residencia presidencial situada en El Raizón.
Ahí, si tenía suerte, recibiría un juguete de manos de doña Lila T. de Bolaños, primera dama de la República, como regalo de Navidad.
VALIÓ LA PENA
Cuando Eduardo llegó al lugar, el Sol todavía no mostraba su total esplendor, y la fila de niños, que también buscaban un regalo, apenas comenzaba a crecer.
Esto le valió para que después de unos minutos de espera —y ya con un refresco y una repostería degustada— recibiera como regalo un guante de beisbol.
“Me gusta la manopla que me regalaron, ahora podré jugar con mis amigos del barrio”, dijo sonriente el niño. “Valió la pena madrugar porque los niños se alegran cuando les regalan juguetes”, añadió la tía.
MILES DE FAORECIDOS
De no haber madrugado, la espera se hubiera tornado desesperante. Cerca de las 9:00 a.m., la fila que hacían los pequeñines por conseguir un obsequio se asemejaba a un cienpiés humano que casi bordeaba El Raizón.
“Me llena de alegría ayudar a los niños, siempre que pueda haré lo posible para beneficiarlos”, dijo doña Lila T. de Bolaños.
En total fueron cinco mil niños de las comunidades aledañas a la residencia presidencial, quienes recibieron un juguete. En todo el país la primera dama de la República entregó 100 mil juguetes.