- Asaltantes buscaban bolso con dinero pero debieron conformarse con un pobre botín
Alina Lorío L.Corresponsal / Ocotal
Gustavo Alberto Colindres Castellón, de 22 años, es el único sobreviviente de la emboscada ocurrida la medianoche del lunes en el lugar conocido como Pita del Jobo, carretera que une a los municipios Quilalí y Wiwilí.
Con heridas de bala en su pierna derecha y en el cráneo, fracturas en el brazo izquierdo y una enorme herida que nace en el rostro a la altura de la frente y finaliza en el cráneo (detrás de la oreja), otras heridas de menor grado en sus mejillas y golpes en todo el cuerpo, Gustavo Colindres se recupera en una cama de la Sala de Ortopedia del Hospital Alfonso Moncada Guillén, de Ocotal.
El único sobreviviente de la masacre viajaba a bordo del cabezal blanco marca Internacional placas 0267-406, conducido por su propietario Marlon José Blandón Ruiz, de 31 años y originario de Estelí, que salió a las nueve de la noche de anteayer cargado con 2 mil adoquines.
En el vehículo, sobre los adoquines, iban cuatro obreros que había contratado Marlon, y una persona de la comunidad San Bartolo, Quilalí, que había pedido un aventón. En la cabina, Gustavo Colindres acompañaba al conductor.
Blandón Ruiz, primo de Gustavo, apenas tenía dos meses de haberse venido de Estados Unidos, después de permanecer allá tres años. Vivía de los réditos de su camión. Recién había comprado los adoquines para revenderlos en Wiwilí, pero sin imaginar lo que ocurriría en la carretera.
RÁFAGAS EN LA NOCHE
Gustavo Colindres relató que eran exactamente las 10:15 de la noche, cuando al subir la cuesta de El Jobo, en el sector conocido como La Pita del Jobo, empezó a escuchar ráfagas y disparos que provenían desde varios ángulos. Calcula que entre cinco y siete hombres armados los habían emboscado.
“A mí me hirieron primero, un disparo pasó chimando el costado derecho de mi cabeza y otro impactó en mi pierna derecha. Me tiré al suelo de la cabina, pero un balazo mortal pegó en la cabeza de mi primo (el conductor) que de inmediato cayó embrocado en el timón”, rememoraba en voz baja y pausada, que salía realmente de un cuerpo adolorido.
Con la mirada perdida en el vacío, el muchacho sobreviviente continúa su relato: “El camión quedó a la deriva, pegó contra un paredón y el impacto lo hizo desviarse hacia un abismo de 150 metros de profundidad, hacia donde se precipitó”.
Nuevamente volvió a enmudecer. ¿Qué pasó después?, preguntamos. — “Eran entre cinco y ocho hombres que llegaron hasta donde nos habíamos precipitado, los mismos que nos habían disparado”, responde muy conciente de sus palabras. “Busquen el bolso del dinero… No está aquí… ¡Búsquenlo que ahí debe de estar!”, recuerda haber escuchado.
Los asaltantes no encontraron nada y lo único que pudieron llevarse fue una mochila con algunas pertenencias personales y con apenas 80 córdobas en efectivo.
AFERRÁNDOSE A LA VIDA
Apenas escuchó que los asaltantes se habían retirado empezó a pedir auxilio, a quejarse del dolor. Había quedado prensado en una cabina reducida y destruida, y para complicar más las cosas, el cuerpo ya sin vida de su primo, el conductor, había quedado sobre él.
“Otro que venía sobre los adoquines, creo que era el muchacho de San Bartolo, gritaba: Moreno, ayudame a salir de estos adoquines, no aguanto ya. Había quedado vivo, pero cómo ayudarle yo, si no podía moverme de donde había quedado”, razonó tras manifestar que tres horas después no volvió a escuchar su voz. Había fallecido.
Toda la noche Gustavo pidió auxilio, pero fue hasta las seis de la mañana, siete horas después del trágico suceso, que llegaron a su rescate, hasta que vecinos del lugar dieron parte de lo ocurrido a la Policía Nacional en el municipio de Quilalí. Todos habían muerto, menos él.
IDENTIFICAN A DELINCUENTES
La Policía Nacional ya tiene identificado al grupo de delincuentes que la noche del pasado lunes emboscó un camión cargado de adoquines y mató a balazos al conductor, provocando la muerte de cinco personas al volcarse el vehículo.