- Tres décadas después del fatídico terremoto de 1972, no parece haber miedo en Managua por las grandes construcciones. El comercio no se va a detener por estar entre fallas geológicas, mientras el silencio sísmico estimula la confianza y las fallas en la memoria colectiva
Wilder Pérez R.
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Hace 32 años, unos diez mil habitantes de Managua vieron salir el sol por última vez. Muchos de ellos probablemente pensaban pasar una buena Navidad con sus seres queridos, pero no pudieron, porque sus casas y casi todos los edificios altos colapsaron ante la fuerza de un sismo de 7.2 grados en la escala Richter. Entonces el temor se metió en los corazones de los habitantes.
Desde 1973 hasta 1979 fueron pocos los edificios altos que se construyeron en la capital. En parte porque la crisis internacional del petróleo, y por consiguiente del algodón, empezó a deteriorar la economía del país, pero también por el recuerdo fresco de la catástrofe.
Entre esos años se construyeron los que para algunos expertos son los mejores edificios del país, ya que apareció el primer Código de la Construcción, y el Gobierno era estricto con su cumplimiento.
En la década siguiente, por la crisis en que estuvo sumergida Nicaragua y las pocas empresas privadas existentes, no se construyeron edificaciones altas de importancia, pero a mediados de los años 90, las cosas cambiaron.
Así, de aquellas construcciones anteriores al terremoto, sólo unas pocas quedaron en pie. El edificio del antiguo Banco de América, de casi 20 pisos de altura, es un símbolo de la “Vieja Managua”, cuya sola presencia advirtió por años la amenaza natural, pero su soledad entre edificios enanos ya no intimida a nadie.
PARA ARRIBA
Desde hace diez años Managua empezó a crecer hacia arriba. Edificios de hoteles o cualquier otro tipo de comercio le están cambiando el rostro a la ciudad, pero la gente particular no se queda atrás con sus casas de dos y hasta tres pisos.
Así lo confirma Gerald Pentzke, director de Urbanismo de la Alcaldía de Managua, quien estima que en el año 2004 las construcciones verticales en la capital crecieron en un 50 por ciento más que en el 2003.
Según Alejandro Terán, presidente de la Cámara Nicaragüense de la Construcción, la confianza está basada en la tecnología con que se construye ahora, así como en la responsabilidad de arquitectos, ingenieros y empresas afines, pero sobre todo, en el precio de las tierras.
“Conforme comienza a tener un crecimiento, los costos de la tierra empiezan a incrementarse, y los espacios comienzan a reducirse, nace la necesidad de los inversionistas de tener que construir hacia arriba, con el propósito de poder utilizar el mínimo posible de tierra con la mayor cantidad de metros cuadrados de construcción, y de esa forma poder tener una mejor eficiencia en la adquisición de la tierra”, explica Terán.
POLÉMICA SOBRE SEGURIDAD
Sin embargo, el constructor asegura que todo está basado en la tecnología y en los análisis de suelo que realizan los especialistas. “El problema radica no en el miedo del sector formal, sino el sector informal, que son las personas que no hacen diseños con ingenieros ni arquitectos, y construyen sus casas o hacen una remodelación sin el tecnicismo, diseño ni especificaciones y con materiales de poca calidad”, añade.
Pero Armando Ugarte, director de Riesgos y Desastres de la Universidad Nacional de Ingeniería, opina que no sólo la población en general comete este tipo de errores. No niega que las edificaciones del comercio formal están en mejor capacidad de soportar un sismo, pero advierte sobre sus debilidades.
“Esas las encontramos, en la configuración geométrica, hay edificios que no necesariamente son cuadrados o rectangulares que podrían no responder como se espera en el momento de un terremoto, pero también en el tipo de construcciones, uso de formaleta, el llenado de las paredes, el mal vibrado, por ejemplo”, afirma Ugarte.
No obstante, Terán mantiene que una de las razones por las que se construyen cada vez más edificios de altura, es el prestigio de los especialistas, el cual se pone en juego en cada obra, aunque Ugarte tiene de su parte el último estudio realizado a 30 de los edificios más importantes del Pacífico de Nicaragua, muchos de los cuales presentan fallas en su estructura.
En lo que estos últimos coinciden, es en la falta de supervisión. Eso lo acepta Pentzke, quien asegura que es poco lo que se puede hacer con sólo 18 inspectores de la Alcaldía para toda la ciudad, mientras que por el lado del Ineter (Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales), Claudio Gutiérrez, su director, señala que sólo hay tres geólogos para supervisar las obras de Managua y del resto de Nicaragua, y que esa no es una función exclusiva para ellos.
MUY RESPETUOSOS
Eso permite confusiones como las del Hotel Metrocentro que, según los mapas del Ineter, se ubica sobre una falla sísmica comprobada, por lo que en una primera oportunidad se le habría negado el permiso para construir donde está, pero en un segundo estudio local, la falla no aparecía por ningún lado y eso permitió la no objeción para entregar el permiso.
Terán aclaró que no había falla, sino un cauce natural que había sido mal rellenado, lo que provocó la caída del antiguo Colegio Americano en 1972, pero ahora, asegura que sí se repletó bien y por eso se construyó el hotel.
Actualmente no se permite construir sobre fallas geológicas. En el artículo 32 del Decreto Presidencial 78-2002, se dice que los constructores “deben adoptar un margen de 15 metros (de las fallas)”. Gutiérrez y Terán coinciden en que esto fue tomado de Californa, otra ciudad con alta frecuencia sísmica, pero con una tecnología que aparentemente sólo la tiene el edificio del Centro BAC en el país.
Y en Nicaragua, los constructores siguen el decreto con tal exactitud, que una buena parte parecen ocupar hasta el último metro posible, según se constata haciendo un recorrido por la ciudad con el mapa de fallas en mano.
“Es que en la cultura nicaragüense la gente prefiere pedir perdón que pedir permiso”, comenta Terán. Y así lo afirma Pentzke al admitir que sí se dan casos en que los empresarios construyen sin que la Alcaldía les haya dado respuesta.
ERRORES CASEROS
Pero la mayor preocupación de los consultados está más dirigida hacia la población, que al llamado comercio formal.
Los expertos coinciden en que son las personas particulares las que atentan contra sus propias vidas, cada vez que construyen. “No toman en cuenta las medidas de seguridad, en los barrios se construye de forma chapusera”, asegura Cristóbal ‘Tito’ Sequeira, director del Sistema de Atención, Mitigación y Prevención de Desastres (Sinapred).
Al respecto, Ugarte señala que “no sólo hablamos de la autoconstrucción, en los repartos se añaden porches o segundos pisos con materiales diferentes a las casas, no importa si son livianos, en un temblor cada estructura se va a mover diferente, porque tienen distinto peso, entonces colapsan”.
Aparte de la aparición de las Brigadas Integrales de Rescate, que este año empezaron a ser entrenadas por el Ejército de Nicaragua, los expertos urgen una campaña de educación. Gutiérrez opina que lo mejor sería seguir el ejemplo de Japón, donde la formación inicia temprano en los colegios.
Con todo, Pentzke asegura que Managua no tiene suficientes edificios y que la mejor opción es seguir con el crecimiento de edificios altos. Así, el experto dice que la capital puede tener el doble de habitantes que tiene en la actualidad, es decir tres millones.
Con la cantidad actual de personas en Managua y la poca preparación de sus habitantes, Sequeira calcula unas 25 mil muertes en un eventual terremoto. Pero con tres millones la cantidad no necesariamente se duplicaría, si se toman en cuenta las palabras de Ugarte: “Los nuevos edificios no necesariamente van a colapsar, aunque resulten dañados”.
A 32 años de aquel terremoto, Managua se despierta como si nada. Amparados en su tecnología, los nuevos edificios siguen creciendo y sus habitantes vuelven a hacer planes para disfrutar la Navidad.