Enrique Padilla Santos
La palabra del idioma inglés “light”, que acompaña a muchos productos, se ha vuelto de moda. Así vemos Coca light, Pepsi light, Victoria light, Toña light y un nacatamal dietético es un nacatamal light.
Esta fiebre ha contagiado a mis queridos diputados, quienes han decidido sacar un novedoso producto: un “presidente light”. Ya lo anunciaron y están prestos a lanzarlo al mercado. Hacer light a un presidente es quitarle poder. Y ese poder, ¿a quién le va a quedar. Modestia aparte, a los diputados, que son tan eficientes que el año pasado de 100 leyes propuestas sólo aprobaron 33, es decir un 33 por ciento, pero cobraron el 100 por ciento y más de salarios.
Un buen gerente de la Asamblea únicamente les pagaría sólo el 33 por ciento de su salario y un tercio de la gasolina. Ahora tienen la desfachatez de promulgar unas reformas pretextando que son para beneficio del pueblo. Ya se están relamiendo a carcajadas esas aprobaciones maquinadas por los caudillos, sin importarles las funestas consecuencias de esas medidas.
Los daños van a ser incalculables a la economía, cuando el Presidente y sus ministros están haciendo todo lo humanamente posible por recuperar al país de la peste que dejó el comunismo. El Presidente es duro de matar, no crean que se van a salir con las suyas. Él no es light, ¡para nada!