Ana M. de Cuadra
No poseo título profesional, el único título que tengo se llama honradez, que me hace sentir dignidad y amor a mi patria, Nicaragua. Por ello elevo mi voz para compartir con los lectores la opinión que me merece la situación actual de nuestro país.
El Presidente, de todos, la figura más alta de toda Nicaragua, no necesita jurar ante nadie para que se le crea. Él es una persona íntegra y ponderada, dotada de toda credibilidad para saber que lo que dice es cierto. Es un verdadero cristiano. Hemos desperdiciado el tiempo, no hemos sabido apreciar lo que es tener un Presidente de lujo, cuántas naciones quisieran a un hombre que se ha dado a Nicaragua para servirle y no para servirse de ella.
No quiero referirme a partido ni a nadie en particular, no pertenezco a ninguno, pero Dios me dio ojos y oídos para ver y oír las atrocidades que se están cometiendo. A Dios le pido que los diputados de la Asamblea abran sus ojos y no se presten a hacer las barbaridades que están cometiendo, el daño no se lo hacen a don Enrique, nos están pisoteando y dañando a vos, a mí y a todos los nicaragüenses que tienen verdadero amor a Dios y a su patria.
El Ejército ha jurado defender y hacer respetar la Constitución y hasta la fecha no lo ha hecho. Muy cerca tenemos a Costa Rica, con ex presidentes señalados de corruptos, no se les ha juzgado pero están donde tienen que estar y el partido a que pertenecen no los encubre sino que espera se les aplique una verdadera justicia. Imitemos lo que es digno de imitar y no lo que después nos tengamos que avergonzar. Recordemos que la historia se escribe y la conoceremos las generaciones presentes y las futuras.