Allan Gutiérrez Paniagua
Rechazo a los individuos que maltratan a los niños y niñas en nuestro país. Cuando me doy cuenta por los noticieros de la tragedia en que viven algunos niños nicaragüenses el corazón se me descarna tejido a tejido, y siento como una gota de limón en el corazón cuando un infante es agredido por un familiar. Pero la espina penetra completamente el corazón cuando sicarios se ensañan asesinando a los dueños del reino de Dios.
Protesto ante el eco de todos, a la amalgama del descuido familiar y el océano seco de ocio de criminales sin razón. ¿Cuál es el mensaje de los que martirizan y asesinan sin razón alguna el bello mundo de las almas indefensas? Elevo mi súplica a Dios para que los corazones que bombean sangre positiva, hagan a un lado la frase usual “pensemos con la cabeza y no con el corazón”, y prevalezca la savia pura del amor a la vida.
Los niños maltratados no están maldecidos por el oráculo de Delfos, mucho menos cargan la tragedia de Edipo Rey. Por ello unámonos en oración a Dios y protestemos masivamente en contra de los que atentan contra el bello mundo de los infantes. Reconozcamos que los nicaragüenses de buena voluntad somos en mayor cantidad que los que provocan noticias desagradables en contra de los dueños del reino de Dios.