En la carpio, los alumnos deben soportar el estigma de ser inmigrantes o vivir entre ellos.

Creciendo en La Carpio

Una nueva generación de nicaragüenses crece y se educa lejos de su patria, en uno de los barrios más peligrosos de la vecina Costa Rica Arlen Pérez SAN JOSÉ, COSTA RICA.- Un sonido como de ambulancia asusta a la mayoría de visitantes, los rumores han hecho pensar que a cada minuto en el asentamiento La […]

  • Una nueva generación de nicaragüenses crece y se educa lejos de su patria, en uno de los barrios más peligrosos de la vecina Costa Rica

Arlen Pérez

SAN JOSÉ, COSTA RICA.- Un sonido como de ambulancia asusta a la mayoría de visitantes, los rumores han hecho pensar que a cada minuto en el asentamiento La Carpio, Costa Rica, se da una emergencia.

El llamado marca únicamente la entrada y salida de los alumnos de la escuela Finca La Caja, que deben soportar las consecuencias de ser parte del fenómeno de migración.

“Se vive una problemática que es más fuerte con ellos por el lugar. Hay problemas de maltrato, sesgo, pero por supuesto a ellos se les trata muchísimo mejor en la escuela”, expresó Paola Marchena, maestra de primer grado.

La escuela está situada en La Carpio como se conoce popularmente a la Finca La Caja, porque pertenece a la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS). El asentamiento está dividido en seis sectores, uno de los más conocidos es La Libertad, llamado por los pobladores La Cueva del Sapo y considerado uno de los más peligrosos.

La escuela Finca La Caja, donada por la CCSS, tiene capacidad para tres mil estudiantes, además cuenta con dos anexos, uno de ellos es para niños en edad preescolar.

De acuerdo a Marchena, el maltrato no tiene fronteras ni conoce de nacionalidades, en La Carpio niños nicas y ticos pueden presentar este problema por igual.

“La mayoría son nicaragüenses, pero el maltrato y el abuso tiene más que ver con el tipo de valores, costumbres y el lugar. Aunque ellos son niños y no comprenden mucho lo que está ocurriendo se ponen muy afectados”, agregó Marchena.

Para los niños la nacionalidad es algo que aún no comprenden, pero saben que por vivir en La Carpio son diferentes, son hijos de migrantes.

SÍNTOMAS DEL MALTRATO

Para determinar si un niño es víctima de maltrato los maestros recurren a la observación de una serie de comportamientos que son consecuencias de este problema, como el aislamiento.

“El maltrato es relativo. Existen chiquitos agredidos y presentan aislamiento que inmediatamente se lo hacen saber a uno (maestro). En algunos casos como se pasa mucho tiempo con ellos uno los va conociendo y viendo el tipo de conducta que presentan y uno sabe cuando el chiquito está siendo abusado o agredido”, explicó Marchena.

Una vez que se determina el maltrato se realiza un trabajo con los padres de familia en donde la seguridad de la escuela juega un papel fundamental, porque en ocasiones se debe entrar en sectores que son considerados peligrosos.

Bernard Vargas Araya, conocido por los pobladores como “Berny”, es agente de seguridad de la escuela. Conoce a la cuarta parte de la población residente que se estima en 30 mil habitantes, debido al acercamiento que tiene con los niños y las visitas a los padres de familia.

“Cuando algún profesor necesita visitar a un padre tengo que ir yo porque en ocasiones entramos a lugares clasificados como peligrosos o nos encontramos con personas agresivas. Muchas de las visitas son para ver casos de niños maltratados”, relató Vargas.

“Berny” conoce La Carpio y su historia. El nombre según recuerda lo adoptó la gente por el apellido de un dirigente costarricense que ocupó la propiedad. “El otro era un nicaragüense”, recuerda.

Manifestó que la gran mayoría de la población se ha mezclado y aunque hay ticos y nicas ellos pueden ser parte de una misma familia.

“La Carpio tiene una calle principal y una secundaria. Las paradas de los buses están enumeradas, los demás son callejones y calles más pequeñas”, explica “Berny” quien camina con toda confianza mientras cruza la calle principal del asentamiento.

Lo que tiene más presente de los nicaragüenses es que tienen costumbres muy marcadas. “A los nicas les gusta comer bien”, señaló al mostrar los diferentes puestos de comida que hay en La Carpio.

“La mayoría tiene agua potable y electricidad porque La Carpio queda cerca de Electrona, la planta principal de energía de Costa Rica”, explica.

Al caminar por La Carpio “Berny” es saludado por niños que juegan, trabajan en sus casas limpiando o simplemente circulan por las calles.

Pero la seguridad no es lo único que le preocupa a Vargas Araya, él está pendiente de los niños y sabe quién se está portando mal.

“Por qué no has llegado a clases”, le pregunta a un niño. “No he podido ir, pero voy a entrar en la nocturna”, contesta agitado el muchacho.

De acuerdo a “Berny”, además de los tres turnos, la escuela atiende uno nocturno donde en su mayoría asisten personas adultas.

La escuela apoya a la comunidad en la medida de sus posibilidades. En el caso de comprobar que un alumno es víctima de maltrato o cualquier tipo de agresión, traslada la responsabilidad al Patronato Nacional de la Infancia (Pani), que retira a los niños de ese ambiente.

PADRES RESPONSABLES

A pesar de la fama de violentos que tienen los nicaragüenses de La Carpio, los maestros manifiestan que muchos contribuyen con el aprendizaje de los niños, visitan la escuela para ver cómo avanzan y se destacan por ser personas muy trabajadoras.

En el anexo de la escuela de La Carpio para niños más pequeños la matrícula es de 35 alumnos por clase, pero muchas veces las maestras aceptan más alumnos.

“La gente le tiene miedo a La Carpio. Pero los habitantes son muy trabajadores, lo que ellos tienen es porque lo han trabajado”, dijo Martha Aburto, maestra de preescolar.

Aburto tiene 33 años, de los cuales 11 se ha dedicado a dar clases. En La Carpio lleva dos años de laborar.

En el anexo atienden a 270 niños, cada maestra tiene al menos 35 estudiantes. En el aula de Aburto hay cuatro niños nacidos en Nicaragua, el resto son costarricenses, pero al menos uno de sus padres es nicaragüense.

EL ACENTO PERMANECE

“Ellos conservan el acento nicaragüense y algunas palabras características, por ejemplo, en lugar de decir tamales dicen nacatamales”, relata Aburto.

Los niños cantan canciones infantiles con algunas modificaciones, posiblemente por la diferencia de países. “Olé le olé le, olé”, cantan en coro una canción que en Nicaragua se enseña con otra letra.

NIÑOS TRABAJADORES

El maltrato no es el único problema social presente en este asentamiento. En La Carpio los pequeños ayudan a sus padres en sus labores diarias, sobre todo en la venta de comidas.

“Muchos de los niños ayudan a sus mamás en la venta de comida o puestos en la calle. A veces voy pasando y veo a alguno de mis chiquitos vendiendo”, expresa Aburto, mientras acaricia la cabeza de una de las niñas y abraza a otra con el brazo que le queda libre.

Manifestó que una de las necesidades que expresan frecuentemente los padres de familia es un lugar donde dejar a los más chicos, porque aunque La Carpio es una pequeña gran ciudad, la mayoría de los padres trabaja fuera de ella, vendiendo en puestos callejeros y cuando no tienen con quién dejar a sus hijos los llevan consigo.

Para los que tienen familiares en Nicaragua, la necesidad de conseguir dinero es aún mayor.

De acuerdo a José Luis Rocha, coordinador del equipo de políticas económicas y sociales del Instituto de Investigación y Desarrollo Nitlapán, las remesas familiares que recibe Nicaragua representan entre el 14 y 16 por ciento del Producto Interno Bruto.

CALIDAD EDUCATIVA

En el preescolar los niños responden a coro qué es lo que aprenden en clase: “Colores, sumas, restas, canciones”. Una niña jala de la ropa a la maestra y le recuerda “y las vocales”. Ella es probablemente una de las que logrará pasar el bachillerato.

Al igual que en Nicaragua, los bachilleres en Costa Rica se vuelven el centro de atención al final de año.

En este país, los estudiantes deben realizar un examen para pasar el bachillerato antes de enfrentarse a la universidad.

Este año una de las noticias que destacó en los diferentes medios de comunicación costarricenses fue el alto índice de reprobados en el examen de bachillerato.

De los 22 mil estudiantes que presentaron al examen requerido lograron asegurarse su título de quinto año únicamente la mitad.

MATEMÁTICAS, EL TALóN DE AQUILES

Entre los 11 mil que perdieron el bachillerato, el 51 por ciento reprobó matemáticas. Muchos de ellos “apelarán”, señalan los noticieros.

Las matemáticas parecen ser el talón de Aquiles de los estudiantes en los diferentes niveles educativos. Este año en esta materia se promocionó el 58.90 por ciento, la cantidad más baja registrada desde 1996, según las estadísticas de Costa Rica.

Otro de los problemas que afecta la calidad de la educación es el salario de los maestros. Aunque en Costa Rica los docentes ganan un promedio de 400 dólares mensuales, la vida es más cara, lo que reduce el poder adquisitivo de los educadores.

LUCHA CONTRA LA XENOFOBIA

De los problemas que se viven en La Carpio, el rechazo es el mayor. “A los nicaragüenses se les hace responsables de casi todos los probles (problemas)”, explica Carlos Sandoval, subdirector del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Costa Rica.

Sandoval señala que La Carpio no se percibe como una comunidad violenta, sino como una comunidad que necesita oportunidades.

Las demandas que tienen mayor fuerza, según Sandoval, son educación y una guardería, por el tipo de estructura familiar que se tiene en La Carpio.

INVERTIR EN EL FUTURO

“Hay muchas familias cuyas jefas son las mujeres y no hay con quién dejar a los niños”, expresó Sandoval.

Agregó que la inversión en los menores es a largo plazo, porque tarde o temprano aunque sean migrantes o hijos de ellos, formarán parte de la fuerza productiva de Costa Rica.

¿A DÓNDE VAN LOS NICARAGUENSES?

Aunque se piensa que la mayor parte de la migración se da hacia países como Estados Unidos, muchos nicaragüenses buscan mejorar su vida y la de sus familias trasladándose a países centroamericanos.

En 1994 cerca de 3,621 nicaragüenses estaban residiendo en Guatemala.

En 1992 aproximadamente 2,136 nicaragüenses estaban viviendo en El Salvador.

De acuerdo a estadísticas de Nitlapán, en Honduras en el 2001 habían alrededor de 5,519 nicas residentes.

De los países centroamericanos donde más van los nicaragüenses es a Costa Rica.

Las cifras de Nitlapán indican que en el año 2000 habían más de 226,374 nicaragüenses residiendo en el país vecino del Sur.

Los migrantes nicaragüenses que están identificados en las cifras son: 237,663, sumando los diferentes países centroamericanos.

Los investigadores señalan que la cantidad es mucho mayor a ésa, pero por temor a represalias los ilegales no revelan su condición ni dicen su país de origen para evitar ser regresados al país donde nacieron.

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