Pedro martínez celebrando la coronación de Boston.

Otro pedro, ¿dónde?

Edgard Tijerino M. Como dice el tango, las posibilidades de retener a Pedro Martínez se han cerrado para los Medias Rojas de Boston, pero el mundo del beisbol seguirá andando sin importarle los gemidos que se escuchen. En la gran ciudad que ve brillar a Harvard en Cambridge, y que tiene en el Fenway Park […]

Edgard Tijerino M.

Como dice el tango, las posibilidades de retener a Pedro Martínez se han cerrado para los Medias Rojas de Boston, pero el mundo del beisbol seguirá andando sin importarle los gemidos que se escuchen.

En la gran ciudad que ve brillar a Harvard en Cambridge, y que tiene en el Fenway Park una gigantesca olla de presión, están llorando por la pérdida de un brazo que fue capaz de ganar 117 juegos, perdiendo sólo 37, a lo largo de una relación de siete años, con 2.52 en efectividad, mientras se adjudicaba dos premios Cy Young.

¿Dónde diablos encontrar otro Pedro?

El 18 de noviembre de 1997 los Medias Rojas enviaron a Montreal a los pitcheres Carl Pavano y Tony Armas por Martínez, quien días antes había ganado el primero de sus tres premios Cy Young.

Tenía 26 años, un rostro siempre sonriente y un látigo temible. Había sido diagnosticado como el próximo mejor pitcher del beisbol, y los Expos sabían que no podrían hacerle una oferta consistente para evitar que ingresara a la Agencia Libre.

Boston lo recibió con los brazos abiertos, y como apunta Don Shaughnessy, cada vez que lanzaba, el Fenway Park se veía más grande, y hasta modernizado. Fácilmente, siguiendo las huellas de Cy Young y Roger Clemens, dos de los más impresionantes tiradores de la franquicia, Pedro saltó a la idolatría.

Cuando los Medias Rojas saltaron sobre “La maldición” hace unas semanas, se pensó, que pese a todo lo que se ha dicho sobre su brazo y cambio de comportamiento, la Gerencia del equipo movería montañas intentando retenerlo.

Claro, con Pedro y Schilling saludables, un equipo como Boston asegura 40 victorias. Eso es tan seguro, como que no se le acabaran las baterías al Sol.

Entonces, ¿Por qué no pudo ser retenido?

Porque Pedro, con 33 años, buscaba un contrato por cuatro temporadas, precisamente después de un inseguro cierre en el 2004, con su escopeta envuelta en ciertas y razonables dudas, y pretendiendo además una gruesa cifra.

Y es que su agente, Fernando Cuza, un tipo vivo, supo sacarle el máximo provecho a esa última presentación de Martínez frente a los Cardenales, y finalmente logró algo que los Yanquis, los Angelinos y los Medias Rojas descartaron: tomar el riesgo de cuatro años, y entregar un gran fajo de billetes.

Los Mets, con su nuevo gerente Omar Minaya ansioso de conseguir un líder de staff con ese calibre, le garantizaron a Martínez 54 millones.

¿Era eso lo que Pedro quería por encima de otras consideraciones?

El beisbol, como todos los deportes de alta competición, es un negocio, y aunque Pedro obtuvo 92 millones durante sus siete años en Boston, esa oferta de los Mets lo tentó, y colocó a un lado, disponer de mejores opciones para triunfar con Boston, con los Yanquis o con Anaheim, y además de ir a la Postemporada de firmar con cualquiera de esos tres equipos.

Tom Glavine gana con los Mets más dinero del que los Bravos o Dodgers podían pagarle, pero sus posibilidades se redujeron drásticamente. Pedro corre ese riesgo.

Una vez que todo ha quedado consumado, flota sobre el Fenway Park la pregunta: ¿cómo reemplazarlo? Un pitcher como Pedro es tan difícil de encontrar como meter un rayo en una botella.

En Boston están llorando. Ya veremos si más adelante Pedro también llora.

El tiempo inflexible, implacable, infalible, dirá la última palabra.

LAS VENTAJAS

Convertido en un pitcher que no va más allá de 100 lanzamientos con siete entradas de recorrido, no le afecta estar en el line-up como bateador, porque cuando llegue la hora de los emergentes ya no estará en la colina.

Claro, la posibilidad de ir más largo era mayor con el bateador designado.

Comenzó y creció en la Liga Nacional. Regresa, pues, a terreno conocido.

El estadio Shea es favorable para los pitcheres. Tom Seaver fue más grande ahí que en otros parques. Pedro podría ser impresionante en ese escenario, agregando ponches con todos los pitcheres que estarán contra él en el cajón de bateo.

Se asegura ser el número uno, algo que le preocupa mucho con Curt Schilling, y tendrá encima de él todos los reflectores de la capital del planeta.

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