Pedro Rafael Gutiérrez Doña
Lo que sería un banquete de confites en un día cualquiera se convirtió al pasar de las horas en la causa de muerte de tres menores: Daniel Ezequiel, José Alberto y Moisés Rubén Orozco Rodríguez, de seis, cuatro y tres años.
El escenario no es precisamente una fiesta de cumpleaños, donde luego de cantar el happy birthday recibieron de premio los chocolates. El escenario es el basurero de Managua, localizado en Acahualinca y conocido como La Chureca, donde decenas de niños y adultos se “alimentan” de los desperdicios de comida y sobras que a diario se botan en el basurero más grande de la capital.
Fue ahí donde los niños movidos por el hambre ingirieron los confites que se convertirían en la causa de su muerte. Una tragedia que refleja el estado de miseria en el cual viven miles de niños del país, donde alimentarse se convirtió en la prioridad de todos los días para poder sobrevivir.
Y es que ser niño en la actualidad es una terrible experiencia, por lo menos para la mitad de la población de los niños del mundo, así lo indica la UNICEF, la organización de las Naciones Unidas para la Infancia en su informe sobre el Estado de los niños 2005.
Dicho informe señala que la pobreza (110 millones de niños en Latinoamérica), el sida y los conflictos armados son las tres principales amenazas con las que se enfrentan los menores, siendo la pobreza el mayor azote de los niños nicaragüenses y el mayor reto para el actual gobierno.