Formando personas seguras

Cultivar la autoestima desde la niñez es fundamental para una vida sin complejos, inseguridades ni temores. Un niño y niña feliz y con buena autoestima, será en la adultez, una persona segura, capaz y exitosa. Somos los padres, en la relación directa con nuestros hijos, los que construimos la autoestima positiva o negativa de ellos, […]

Cultivar la autoestima desde la niñez es fundamental para una vida sin complejos, inseguridades ni temores. Un niño y niña feliz y con buena autoestima, será en la adultez, una persona segura, capaz y exitosa.

Somos los padres, en la relación directa con nuestros hijos, los que construimos la autoestima positiva o negativa de ellos, y por lo tanto, responsables directos de que en su vida adulta sean personas acomplejadas, temerosas, infelices.

Los padres y hermanos son algo más que una relación de parentesco. A través de ellos se aprenden las cosas esenciales de la vida. Los hijos copian los gustos de sus padres, sus ademanes, incluso el tono de su voz, y sin duda aprenden a valorarse de la misma manera que los padres se valoran a sí mismos.

La autoimagen es verse a sí mismo internamente. Sin duda, la autoestima comienza a formarse en los primeros momentos de existencia de la persona. El bebé crece y poco a poco empieza a conocer su entorno y valorarlo, a conocer del mundo que lo rodea, reúne impresiones a cerca de sí mismo, y comienza a verse como un ser valioso o como alguien poco interesante en función de cómo sea tratado por parte de los adultos más próximos, generalmente sus padres.

La autoimagen es producto de esa interacción con esas personas que lo rodean y que lo hacen sentir valioso o ignorado.

Los complejos, tanto los que tienen que ver con aspectos externos así como internos de sí mismo, tienen que ver con la visión que desde niño se construye. Desde el momento de la concepción, hay una visión positiva de ese ser que concebimos. Se trae con amor, ilusión, alegría, esperanza, o simplemente fue un accidente que nos causa miedo, preocupación y angustia y toda esa angustia se le transmite al niño y se va construyendo la autoimagen de él.

Finalmente, los padres deben estar conscientes de que la autoestima es la base fundamental para que un niño llegue a ser un adulto libre de complejos y conflictos internos, que la autoestima se cultiva en los primeros años de la vida y la tendrá si vive en un ambiente de cariño, respeto y valoración, y no en un ambiente donde se le anula e ignora.

* La autora es psicóloga del Instituto de Promoción Humana (INPRHU).

ACTITUDES

Los niños perciben todos los mensajes, buenos y malos.

Valorarse. Si el niño o la niña es tratado (a) con distancia, impaciencia, y no se le brinda afecto, no tendrá una autovaloración positiva.

Reconocimiento. El reconocimiento que los adultos hacen al niño se va interiorizando. Si el niño no es reconocido ni valorado, se sentirá rechazado, infeliz y crecerá con estos aspectos negativos.

En positivo. Los adultos que tienen actitudes positivas, las transmiten a sus hijos. Esto se logra en la vida cotidiana. Los padres que adoptan actitudes derrotistas, de impotencia y fracaso ante la vida, proyectan en los hijos una visión pesimista.

Visión. Al estar con un niño, no se le debe ver como un objeto sino como un sujeto capaz de pensar, sentir y actuar. Darle un valor y expresarlo.   

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