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Los complejos que no la dejan ser “perfecta”

Ver infografía No ser compatibles con los ideales de belleza existentes, lleva a muchas mujeres a acomplejarse más allá del aspecto físico: terminan creyéndose incapaces de desempeñarse exitosamente en la sociedad Unas creen que tienen demasiadas pompis, otras piensan que tienen muy pocas, algunas creen que tienen muchas pantorrillas, para muchas el problema es el […]

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No ser compatibles con los ideales de belleza existentes, lleva a muchas mujeres a acomplejarse más allá del aspecto físico: terminan creyéndose incapaces de desempeñarse exitosamente en la sociedad

Unas creen que tienen demasiadas pompis, otras piensan que tienen muy pocas, algunas creen que tienen muchas pantorrillas, para muchas el problema es el abdomen o los rollitos, y hay quien prefiere huir del espejo. Tal parece que nadie se libra de los complejos. Y todos parecen estar vinculados a la apariencia corporal y girar alrededor de los estereotipos de belleza.

NOSOTRAS realizó un rápido sondeo entre algunas mujeres y todas tienen algo que les gustaría cambiar y como no pueden hacerlo, buscan la manera de esconderlo.

Una de ella nos contó que de adolescente siempre usó camisetas largas, tratando de esconder sus caderas por considerarlas exageradas. Otra confiesa que nunca usa trajes de baño porque sus piernas “son feas” y una gran mayoría dijo que le atormenta la “pancita”, recurriendo a todo tipo de trucos para esconderla.

Efectivamente, todas tenemos algún tipo de complejo. La diferencia está en cómo se manejan y qué tanto nos atormentan, según la sicóloga Mariana Aburto.

La especialista indica que los complejos están ligados a algún tipo de conflicto interno relacionado al cuerpo o a alguna característica o rasgo de personalidad. El problema inicia cuando uno de esos rasgos de la personalidad o la apariencia se exagera y causa problemas en la vida de la persona, volviéndose una obsesión.

Lo más común es que la persona acomplejada esconda esa parte del cuerpo que, según ella, no está bien dotada, pero también causan conflictos más serios como la dificultad en el desempeño social, dificultad para alcanzar logros o metas, incluso, la depresión.

Aburto opina que es lamentable que la reafirmación de las personas esté más enmarcada en el cuerpo, dejando a un lado otras situaciones más sustantivas y de mayor contenido humano. Agrega que esto se debe, en parte, a los mensajes que venden los medios de comunicación donde se da un gran valor a la belleza física.

Pero los complejos no están únicamente ligados a los estándares de belleza, muchos tienen que ver con aspectos internos de la persona.

Hay quienes sienten que no son capaces de desempeñarse en determinado tipo de cargo aún teniendo muchas capacidades. Tienen muchas inseguridades y toda una percepción de incapacidad de sí mismas, lo cual no ayuda al crecimiento de esa persona. Estos complejos pueden llegar a ser muy dañinos para quien los posee.

También hay quienes se sitúan al otro extremo: sufren complejo de superioridad. Sobrevalorándose, quieren que los demás admiren sus logros, exigen atención, sobredimensionan sus capacidades y suelen ser envidiosas.

Sea cual sea el motivo de nuestros complejos, éstos no son más que inseguridades y están íntimamente ligados a la autoestima, explica. Es ésta la responsable de que se tenga una conciencia y aceptación de sí misma y seguridad en sí misma, agrega.

La especialista considera que los complejos de las personas adultas se incuban en la niñez, ya que se dan cuando los padres, consciente o inconscientemente, durante el proceso de socialización de los niños, les envían mensajes de la linda y la fea de la casa. En esa etapa, los niños captan todo y eso les crea un grado de inseguridad, asegura.   

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