- La Telesecundaria permite que los privados de libertad logren aprovechar el tiempo mientras cumplen sus condenas. Para los internos las horas de clases son momentos de libertad, porque olvidan que están dentro de un sistema penitenciario y pueden aprender sobre el mundo que no se les permite ver más que por televisión
Arlen Pérez
Los estudiantes son llamados al salón, pero no estaban en receso, ni llegan de sus casas, son sacados de galerías donde guardan prisión. La mayoría de ellos asegura que están pagando por delitos que no cometieron.
El calor es insoportable, el cielo raso está dañado. Muchos de los estudiantes ingresan al aula con apenas la “chupeta” (arroz y frijoles) dentro del estómago. Ese día no había agua en su galería y tuvieron que acarrearla desde otras galerías para poder bañarse, los que lograron hacerlo.
Como era de esperarse, el que estuvo primero en su puesto fue el maestro, quien inició la clase diciendo a los muchachos que comprendía la tardanza por la falta de agua. Luego inició la clase explicando una palabra en inglés UFO, equivalente a OVNI (Objeto Volador No Identificado), que después los estudiantes reforzarían con un programa gravado en DVD.
De los 51 alumnos únicamente pudieron asistir 24. Algunos estaban recibiendo la visita de sus familiares.
El programa de Telesecundaria es promovido por el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes (MECD) a través de la Dirección de Innovación y Desarrollo Tecnológico.
La participación de los privados de libertad en clase es sorprendente, el ambiente es realmente el de un aula de clases. Repiten después del profesor y se preocupan por la pronunciación.
El grupo del SPN forma parte de los 841 estudiantes que por estar en lugares alejados no pueden estudiar en las otras modalidades. En el caso de los estudiantes del Sistema Penitenciario la distancia es marcada por la privación de libertad.
LOS ESTUDIANTES
Miguel Ángel Vílchez Orozco tiene 42 años, fue condenado a tres años 40 días de prisión en el 2002 después de estar involucrado en un accidente de tránsito donde murieron dos niños.
Vílchez lleva dos años y 10 meses en prisión, dejó de estudiar en 1976, porque no habían condiciones.
Asegura que lo más importante es llevarse bien con los compañeros de clases. “Me llevó bien con todos, mi política es que el respeto al derecho ajeno es la paz”, dijo.
Armando Santos Maldonado, de 38 años, condenado por tráfico de drogas, asegura que hubo inobservancia de parte del juez que lo condenó a 10 años de prisión, de los que a penas ha cumplido 2 años y dos meses.
Santos quiso retirarse de clases porque sintió que ya era tarde para aprender. La última vez que estudió fue en 1978 ó 1979, “ya ni me acuerdo”, expresa.
“Me sentía incapaz porque muchas cosas ya las había olvidado. Me quise retirar pero no me dejaron, vieron mis capacidades”, agregó.
Según Santos, la Telesecundaria es fácil para comprender la enseñanza y aprenderían mucho más rápido sino fuera por estar en el Sistema Penitenciario.
“Recibíamos doble jornada pero era difícil por las condiciones en las que estamos. Muchos vienen mal alimentados, pero se tiene que recibir clases. Las clases son de ocho a doce, el receso es poco y hay pocas condiciones para descansar, salimos a un patio pequeño donde no hay donde sentarnos y nos sacan 15 minutos”, relató Santos.
Este selecto grupo de privados de libertad es uno de los más destacados en el programa de Telesecundaria. Según los estudiantes, se debe a que aprovechan el tiempo.
SUEÑOS
Los condenados también tienen sueños y anhelan cumplir a pesar de sus condiciones económicas y los retos que significan.
Leonardo José Guadamuz, de 31 años, fue condenado por tráfico de drogas a cinco años de prisión, lleva 11 meses en el Sistema Penitenciario y quiere estudiar una carrera técnica, la que probablemente sea Computación.
Además de la televisión que les muestra programas elaborados en otros países los estudiantes hacen contacto con el mundo que les niegan los muros de la prisión al recibir visitas.
Guadamuz cuenta a su familia su progreso, igual que los niños lo hacen con sus padres al llegar de la escuela.
“Les digo que es interesante. Los niños a los que les gusta ver la tele pueden aprender más. Yo tengo dos hijos, un varón de 11 años y una niña de 7, a ellos les gusta ver tele pero los programas no son educativos”, afirmó Guadamuz.
José Arnulfo López, 26 años fue condenado a 17 años por RCI (Robo Con Intimidación). Ya lleva siete años y 2 meses en prisión.
Para él regresar a un aula de clases fue todo un reto. “El programa es duro. A veces uno tiene que asumir el reto y ponerse la meta hasta que la cumpla. Lo que me costó más fue la matemática porque en eso soy “redondo” (lento)”, explicó.
BROMAS CRUELES
López relató que estudiar se vuelve un reto, pero señala que es menos difícil que estar en el Sistema Penitenciario.
“Hay compañeros que no respetan que los derechos de ellos terminan donde empiezan los de los demás. Entre las bromas, las más pesadas son cuando te mientan a la mamá o cuando no participas del relajo y te tratan de homosexual”, relató López.
Manifestó que el truco para la sobrevivencia es recibir lo bueno y rechazar lo malo de lo que dicen otros reos.
La última vez que López estudió fue en 1995 en el colegio Calansanz.
“Este método (Telesecundaria) es mucho mejor. Los padres eran muy rígidos, mientras que este es un método práctico y bien preparado porque no quedas con dudas”, señaló López.
LOS MAESTROS
“A los americanos les encanta hablar en siglas, que esto no les vaya a asustar”, explica Ariel Palacios, de 59 años, mientras detiene el DVD para explicarles las siglas UFO.
Los maestros del Sistema Penitenciario son también privados de libertad. Compartir esta condición logra un acercamiento con los alumnos.
Palacios maneja muy bien el inglés, él vivía en Estados Unidos. Fue condenado por almacenamiento de estupefacientes y una vez en el Sistema decidió aprovechar el tiempo.
Tiene una licenciatura en Administración de Empresas y aunque no tenía experiencia en dar clases se ha convertido en un verdadero maestro.
“Es una experiencia nueva, algo que me da la satisfacción de regresar algo a la sociedad. Hay muchachos con bajos niveles de cultura, pero están saliendo diferentes porque estamos interesados en mejorar la formación que traían”, explica Palacios.
Como la mayoría de los docentes la preocupación de Palacios no es solamente por su desempeño dentro del salón, sino por la vida que llevan.
“Los muchachos vienen con nada más que la chupeta en el estómago, hemos tenido problemas de desmayos y se ha reconsiderado darles avena y leche”, relató Palacios.
Agregó que para él lo más importante es que los estudiantes han logrado respetar las normas de convivencia.
“Tenemos dos homosexuales en clase y hay respeto de parte de sus compañeros”, manifestó Palacios.
Otra de las características de maestro que ha adquirido Palacios es el orgullo por los logros de sus estudiantes, lo que considera también propios.
“Al comienzo pensaban que era un estudio avanzado que no iban a terminar. Ahora se sienten orgullosos y sacan pecho”, aseguró el profesor.
DIVERSAS MATERIAS
Palacios imparte además de la clase de inglés: biología, química, física, geografía e historia.
Señaló que el cambio de la administración a la docencia se le hizo fácil por su experiencia como padre de familia, él tiene dos hijos varones a los que ayudaba con sus tareas.
Los maestros comparten con los alumnos además de su condición de privados de libertad las limitaciones de comida, visita y de materiales como cuadernos, lápices y libros.
Las asignaturas de español y matemáticas las imparte Jorge Acevedo, de 30 años, a quien no le gusta hablar del delito que cometió o de la condena que va a cumplir. Él prefiere relatar su experiencia como docente del sistema y de las ventajas de la Telesecundaria.
Acevedo cursaba tercer año de Derecho, sabe de mecánica, mecanografía, Contaduría pública y fue conductor y electricista.
Para los privados de libertad las horas de clase son como el poema Ventana, del poeta nicaragüense Alfonso Cortés, que reza: “Un trozo de azul tiene mayor intensidad que todo el cielo, yo siento que ahí vive a flor del éxtasis feliz, mi anhelo”.
Según Acevedo, la Telesecundaria los enfrenta a la realidad, los conecta con diferentes lugares y mientras están en clases pasan de ser privados de libertad a ser estudiantes.
“Muchos de los estudiantes vienen a clases con la intención de salir de lo rutinario. Trasladan su mente a un lugar diferente, es como si estuvieran en ese lugar”, dijo.
PROGRAMA PILOTO
La Telesecundaria inició en marzo de este año como un programa piloto para llevar la educación a aquellos que por la distancia no podían acudir a las escuelas.
Para financiar este programa el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes (MECD) cuenta con el apoyo de la Unión Europea.
Francis Soza Huete, directora de Telesecundaria, manifestó que esta modalidad requiere de instrumentos electrónicos como la televisión, el reproductor de DVD y las grabaciones que se reciben por la señal del programa Educación Satelital (Edusat), a través de una antena satelital.
“Lo que se quiere con la Telesecundaria es ampliar la oferta y profundizar los contenidos. Además se quiere que los jóvenes de las áreas rurales terminen la educación general básica que llega hasta tercer año”, explicó Soza.
Entre las ventajas que se han detectado con el programa de Telesecundaria es que esta modalidad atrae a los estudiantes y disminuye el índice de deserción.
“Es un programa muy atractivo, algunos dicen que es la edad, porque ya es para personas mayorcitas, pero puede ser que porque el profesor visita la comunidad, está en contacto con los padres de familia y trata de estar previendo los problemas que tiene el estudiante y motivando a los padres para que el niño continúe”, aseguró Soza.
En el caso de los alumnos del Sistema Penitenciario, Soza señaló que se han destacado en su rendimiento académico y que en las evaluaciones logran sobresalir por sus trabajos creativos.
Para realizar las evaluaciones los profesores llevan la información, pero en el caso de los que están privados de libertad el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes (MECD) traslada técnicos para que ellos se encarguen de revisar y llevar los resultados.
La selección de los alumnos del Sistema Penitenciario la hace el sistema, el requisito que pide el MECD es que la condena sea mayor de tres años, para que puedan finalizar al menos el tercer año de secundaria.
En el caso de los maestros la selección se hace de acuerdo a las capacidades del reo, de su motivación para dar clases, del tipo de delito, la condena, entre otros factores.
Como los maestros del Sistema Penitenciario no reciben un salario se les recompensa con una reducción de condena al dos por uno, es decir, que por cada año que impartan clases se les reduce un año de la condena que les fue establecida.
EN CIFRAS
De acuerdo al Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, el Programa de Telesecundaria se está impartiendo en siete departamentos del país, en zonas rurales de 22 municipios.
Los departamentos donde se imparte la Telesecundaria son: Madriz, Estelí, Nueva Segovia, Boaco, la Región Autónoma del Atlántico Sur, Chontales y Managua.
Actualmente existen 32 escuelas que imparten secundaria en esta modalidad.
Dos de estas escuelas están ubicadas dentro del Sistema Penitenciario de Tipitapa.
La Telesecundaria cuenta con ocho asesores técnicos en formación y en desempeño.
Existen 66 docentes capacitados para impartir la modalidad de Telesecundaria.
Se tienen más de dos mil alumnos y la meta es mantener el 40 por ciento de ellos.
Equipar una escuela tiene un costo de más de mil dólares.
Los televisores cuestan cerca de 200 dólares cada uno, los reproductores de DVD alrededor de 150 dólares y cada uno de los libros se estima que cuesta tres dólares. Los maestros de esta modalidad de educación ganan 1,800 córdobas.
ENSEÑAR A DISTANCIA
La Telesecundaria, que ha dado muy buenos resultados en el Sistema Penitenciario se inició con el objetivo de llevar la educación a las zonas alejadas del país, donde a los estudiantes se les hace difícil acudir a las escuelas. Para ellos las clases se imparten en iglesias, casas comunales o locales que presten las condiciones.