- Hay mucho en juego para Rusia y Europa
Mariano AndradePARIS/AFP
Con el rostro desfigurado por un presunto intento de envenenamiento y una reputación de incorruptible, Viktor Yushchenko puso en marcha esta semana una nueva revolución pacífica en Ucrania que recuerda lo ocurrido hace exactamente un año en Georgia, otra ex república soviética.
Economista reconocido por su gestión como presidente del Banco Central y ex primer ministro en un país dominado por la oligarquía pro-rusa de nuevos ricos, Yushchenko, de 50 años, parece cargar en su rostro con el estigma de haber enfrentado al gobierno de Kiev, apoyado en forma incondicional por Moscú.
“Todo el mundo ve” el precio que se paga por derrotar al poder en Ucrania, declaró a la prensa dos días después de los comicios del domingo, plagados de irregularidades y en los que oficialmente perdió ante el delfín del poder, Viktor Yanukovich.
Su frase hacía referencia a las terribles huellas que dejó en su rostro el paso de su extraña enfermedad sufrida hace dos meses, y que él denunció como un intento de asesinato por envenenamiento.
El misterio del rostro desfigurado de este opositor pro-occidental es el elemento de tragedia personal que faltaba en la crítica situación política de Ucrania, donde el poder establecido por el presidente Leonid Kuchma busca perpetuarse a toda costa con la complacencia de Moscú, preocupado por su pérdida de influencia en el ex bloque soviético.
BUEN ADMINISTRADOR
Para Kiev, como para Moscú, Yushchenko representa una amenaza directa contra la oligarquía que maneja el país desde la época soviética. Abanderado en la lucha contra la corrupción, popular entre las clases medias y bajas, este economista ya mostró su eficacia como administrador entre 1993 y 2001.
Primero, controló una inflación galopante e instaló una moneda nacional. Luego, reactivó una economía en transición, suprimió el trueque, creó un sistema de pagos transparente en el sector energético y organizó privatizaciones claras.
Tantas políticas liberales le hicieron perder la confianza de Kuchma. Obligado a renunciar como primer ministro en 2001, Yushchenko creó entonces una coalición que ganó las elecciones al año siguiente y logró aglutinar en torno suyo a la oposición para lanzarse a la conquista del poder.
Ahora, derrotado en unas presidenciales consideradas como “fraudulentas” por la comunidad internacional, empujó a la calle a sus miles de seguidores y prestó juramento como presidente de la República el martes en el Parlamento, en una exhibición de fuerza inútil desde el punto legal, pero que logró legitimar su reclamo en el escenario internacional.
Esta revolución pacífica puesta en marcha por el líder opositor recuerda lo ocurrido en Georgia hace un año y que concluyó el 23 de noviembre de 2003, cuando el presidente georgiano Eduard Shevardnadze, un histórico aliado de Moscú, se vio forzado a abandonar el poder.
Aquella “revolución rosa” georgiania surgió de unas controvertidas elecciones legislativas cuestionadas por la oposición. El líder del movimiento de protesta, el opositor Mijail Saakashvili, no sólo derrocó a Shevardnadze, sino que además logró convertirse en presidente de Georgia tras nuevos comicios organizados poco más tarde.
Como la lucha de los georgianos sirvió de ejemplo a los ucranianos, la “revolución naranja” de Kiev (por el color predominante de la campaña de Yushchenko) puede servir de motivación para acelerar los cambios en otro país del ex bloque soviético: Belarús, donde el dictador Alexandre Lukashenko se perpetúa en el poder desde hace años.
“PATIO TRASERO” RUSO
Es por ello que más allá de las similitudes que surgen a simple vista, el georgiano Saakashvili y el ucraniano Yushchenko no se encuentran en la misma posición: en esta ocasión Rusia está dispuesta más que nunca a marcar claramente su zona de influencia en la ex Unión Soviética.
Georgia, en el Cáucaso, forma parte de las zonas donde esa influencia está casi perdida, como el Mar Báltico, donde Lituania, Letonia y Estonia han adherido a la OTAN y la UE.
La posibilidad de que Ucrania, en el corazón de la Rusia zarista, y un día Belarús, sigan el mismo camino significaría el derrumbe final de la concepción geopolítica que tiene siglos de historia.
ACUERDO
Los contendientes en las elecciones presidenciales ucranianas, Viktor Yanukovich y Viktor Yushchenko, acordaron el viernes crear un grupo de trabajo para solucionar por medios pacíficos la crisis política y social.
Los rivales presidenciales ucranianos también llegaron a un acuerdo, tras una reunión de tres horas, para rechazar la utilización de la fuerza, señaló el presidente saliente Leonid Kuchma en un comunicado.