Retirada para emprender el vuelo

Anakarla Cantarero M.* Roman, Times, serif»>Opinión Económica Retirada para emprender el vuelo Anakarla Cantarero M.* Muchos habremos escuchado la analogía que cuando las águilas envejecen su pico es largo y puntiagudo, se curva, apuntando contra el pecho, sus alas están envejecidas y pesadas, y sus plumas gruesas, volar se hace tan difícil que entonces el […]

Anakarla Cantarero M.*

Roman, Times, serif»>Opinión Económica

Retirada para emprender el vuelo


Anakarla Cantarero M.*




Muchos habremos escuchado la analogía que cuando las águilas envejecen su pico es largo y puntiagudo, se curva, apuntando contra el pecho, sus alas están envejecidas y pesadas, y sus plumas gruesas, volar se hace tan difícil que entonces el águila tiene dos alternativas: morir o enfrentar un doloroso proceso de renovación que dura cinco meses. Pero, antes de continuar esta analogía, se podría decir que ser un águila entre pavos es una posición muy cómoda y ventajosa; pues se sigue siendo más fuerte, se sigue teniendo pico más punzante y visión de más alcance; pero esa aparente posición de ventaja: cómoda y con escasos requerimientos de sacrificio, es la que termina con los reflejos naturales del águila y por ser un comportamiento contrario a su naturaleza, la debilita, la rinde indefensa y eventualmente podría hasta matarla también.

Si esa es la condición que nos encontramos y nos estamos dando cuenta de ello, nos queda una cosa por hacer, volver a nuestro origen; tomando la analogía del águila debemos remontarnos a las rocas y saber lo que el águila hace cuando tiene que rejuvenecer; afila su pico por medio de limarlo en la roca, golpea sus alas y luego empieza a cortar sus plumas una por una hasta quedar desnuda, herida y sangrada, aparentemente indefensa en ese proceso, se expone a los rayos del sol para que le sanen y pasa un período de espera dependiendo totalmente en el diseño de su creador; pero luego empieza a brotar nuevo plumaje, nuevo vigor, nueva velocidad y aquella águila es otra vez un águila joven dispuesta a afrontar cualquier tempestad y volar por encima de ella.

Mientras lees esta analogía, seguramente has proyectado en tu mente las imágenes que describía, te pareció ver un águila con sus plumas quebradas y en el proceso de arrancarse las plumas. Un proceso tan doloroso que requiere romper el molde del acomodamiento y de rendirse a la suposición de que el destino está trazado y no se puede cambiar; un proceso que rehúsa seguir por inercia y proclama que nadie más que el águila misma es responsable de su condición.

Si comparamos nuestras empresas con el águila, podríamos resumir que en los últimos años aquella águila joven ha engordado; sus alas se han tornado pesadas y no le permitimos remontarse a grandes alturas como en el pasado; consecuente, la visión ha perdido la dimensión panorámica que le había caracterizado y ahora se enfoca en cosas inmediatas, más cercanas, más personales. El vigor, el sentido de destino que en su inicio había caracterizado a los líderes y miembros de las empresas, expresado en un espíritu que se aventuraba a ser innovador y aún más radical en sus metas, ahora se diluye con supuestos conceptos de ser más maduros, más cautos y más tolerantes; lo cual seguramente ha causado que no sólo algunos líderes sino la empresa misma, perdiera su dinamismo y ahora avance más por inercia que por visión.

Regresando a la analogía del águila y el pavo, lo que sucede es que por muchos años y a través de diferentes medios, se ha estado diciendo a la mente de las personas que son pavos, que tienen un destino trazado y que sin importar lo mucho que se esfuercen o les disguste, no hay forma de cambiar ese destino, así que lo que más les conviene es aceptar las circunstancias y conformarse.

En nuestra vida, muchas veces tenemos que resguardarnos por algún tiempo y comenzar un proceso de renovación. Para continuar un vuelo de victoria debemos de desprendernos de costumbres, romper paradigmas y aprovechar el resultado valioso que siempre trae una renovación.

Decidamos buscar el vuelo alto de las águilas para remontar otros cielos y no el vuelo rastrero de los loros que no hacen sino repetir todo lo que el mundo quiere que repitan. Es un problema de visión. Caminemos y extendámonos hacia nuestros sueños, hacia ese propósito anhelado desde lo más profundo de nuestro Ser.

* La autora es directora ejecutiva del Instituto de la Excelencia de Nicaragua

Economía

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