María Acuña Herrera
En un ambiente de calma, orden, emoción y fervor cristiano, miles de feligreses venidos de los cuatro puntos cardinales de Nicaragua se hicieron presentes ayer para participar de la misa y oración de sanación con el hermano Pablo María.
Los distingos políticos y diferencias económicas parecían no tener cabida dentro del Estadio Denis Martínez, donde los asistentes hicieron filas para entrar al recinto y danzar al ritmo de tecno, merengue, salsa, quebradita y bachata, amenizados por el Grupo Musical Pablo María.
IMáGENES Y NOVENAS
La famosa “lechita” o “chimbomba” que tradicionalmente se apodera de los participantes en fiestas patronales, fue sustituida por imágenes religiosas, escapularios y novenas a La Purísima Concepción de María.
En la jornada de oración participaron jóvenes, matrimonios y familias enteras. Muchos llegaron en busca de sanación. No faltaron los enfermos de artritis, cataratas, infección renal y hasta llagas en alguna parte del cuerpo.
EN BUSCA DE MILAGROS
A la derecha de la tarima estaban los enfermos como Flora Lizano, de 54 años, quien llegó con su esposo y una hija desde Caño Negro, Río Blanco, departamento de Matagalpa, en busca de un milagro para curarse de un tumor ocasionado por la glándula tiroides.
“No me he operado por falta de dinero, pero ahora vine con toda mi fe para que Dios, a través del hermano Pablo María, me cure”, señaló Lizano.
Los testimonios de sanación a través de la intercesión del hermano Pablo María no faltaron. María Raquel Alvarado, de 22 años, visiblemente emocionada expresó: “Yo padecía de esclerosis múltiple que me provoca pérdida parcial de la vista, y aproveché su llegada a una radio católica ayer (viernes) y le pedí que orara por mí, y hoy vengo aquí para dar gracias a Dios y alabarlo por la sanación experimentada, porque he tenido una mejoría notable”.
Forma viva de alabar a Dios
“Ésta es una buena oportunidad para escuchar la palabra de Dios de una forma viva, porque creo que la Iglesia nicaragüense se ha quedado como un gigante dormido, y lo único que nos queda es invocar a Dios ante tanta crisis espiritual”, manifestó Erving Navarro, un joven de 22 años, quien sostenía una Biblia entre las manos, durante la jornada de oración realizada en el estadio.