Chris Patten*
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UE-América Latina: Buenos socios
Chris Patten*
En 1999, los dirigentes de la Unión Europea y de América Latina celebraron su primera cumbre conjunta en Río de Janeiro. Apenas pocas semanas después, asumí el cargo de Comisario de Relaciones Exteriores de la Unión Europea, viéndome pronto inmerso en una miríada de problemas de orden internacional: en los Balcanes Occidentales, Afganistán, Irak y Oriente Medio. Aun así, ahora que mi mandato toca a su fin, puedo afirmar con satisfacción que ninguno de ellos nos ha distraído de la tarea de reforzar los lazos con América Latina, del mismo modo que tampoco los problemas específicos de Latinoamérica han obstaculizado este proceso.
Lo que afecta a América Latina afecta a Europa. Mantenemos estrechos vínculos culturales e históricos, y compartimos importantes valores, como son el respeto por los principios democráticos, los derechos humanos, el desarrollo sostenible y el multilateralismo. Nos necesitamos para defender esos valores y hacer una contribución real a la paz, la seguridad y la gobernanza mundiales, así como al desarrollo de las relaciones internacionales en general. Estamos económicamente interrelacionados: la Unión Europea es el mayor inversor en América Latina, su segundo socio comercial en importancia y el donante más importante de ayuda al desarrollo. Por todo ello, América Latina constituye un socio especial para Europa.
En las décadas de los ochenta y los noventa, América Latina logró efectuar una impresionante serie de reformas sociales y económicas. Sin embargo en los últimos cinco años, la estabilidad social y el desarrollo económico no han sido una constante en la región. Durante ese período o, al menos, una parte importante del mismo, América Latina ha atravesado por dificultades. Pese a la crisis económica y la inestabilidad política, los inversores europeos no han abandonado América Latina.
¿Y ello por qué? Con sus inmensos territorios, una población joven (en gran medida de origen europeo) ingentes recursos naturales, fronteras estables y grandes mercados potenciales aún sin explorar, América Latina podría ser una de las regiones del mundo más prometedoras en términos de crecimiento. ¿Por qué habían de desear marcharse los inversores europeos ya presentes? Antes bien, desearían permanecer y colaborar a solucionar los problemas existentes.
Al igual que otras partes del mundo, América Latina sufrió los efectos de la ralentización económica y el clima de incertidumbre posteriores al 9/11, pero estos factores no explican la deplorable y creciente percepción que tienen los latinoamericanos de que la democracia y las reformas de mercado no han redundado en una mejor calidad de vida. Ni explican la gran inestabilidad política y el malestar social que han aquejado a algunos países, o el modesto, incluso, a veces, insignificante crecimiento económico del 2001 y 2002, muy inferior al registrado por otros países en desarrollo. Ni tampoco el auge del populismo en algunos países, en detrimento de una democracia responsable.
He comprendido que las dificultades de América Latina hunden sus raíces en dos circunstancias locales relacionadas: la vulnerabilidad de la región frente a las crisis externas y las grandes dosis de desigualdad, pobreza y exclusión.
América Latina registra permanentemente los niveles medios de desigualdad más elevados de entre todas las regiones del mundo, lo que, sin duda, incide negativamente en las perspectivas de crecimiento. Ninguna región, ningún país puede gozar de un desarrollo, un crecimiento y una estabilidad política constantes si no construye sociedades más cohesionadas, basadas en la justicia social. La cohesión sólo es posible si los frutos del progreso se distribuyen de forma más generalizada y se permite que quienes actualmente sufren de marginación o exclusión puedan gozar de servicios públicos decentes, protección social suficiente y acceso a la justicia.
La Unión Europea hace cuanto puede para apoyar a América Latina en sus esfuerzos por hacer frente a las desigualdades. La Comisión Europea, con el respaldo del Banco Interamericano de Desarrollo, ha lanzado una iniciativa destinada a alentar a los países de América Latina a adoptar las medidas fiscales y políticas que resulten más adecuadas para incrementar la cohesión social, y a la comunidad internacional a ayudarles a ello mediante la cooperación. El pasado mayo, en la cumbre de Guadalajara, los jefes de Estado y de Gobierno decidieron que el leitmotiv de nuestra cooperación ha de ser la cohesión social, y llegaron a compromisos de gran alcance en este sentido.
La contribución de la UE y las contribuciones bilaterales de los Estados miembros, sumadas, sitúan la aportación anual de Europa a América Latina en 2,000 millones de euros. Ello se materializa en la financiación de programas sanitarios y educativos en los países más pobres de la región. Asimismo, en los “laboratorios para la paz” de Colombia, cuya función es coadyuvar al restablecimiento de la paz y la estabilidad del país. Y en programas ambiciosos e innovadores, tales como “@lis”, dirigidos a reducir la fractura digital de América Latina, y programas educativos como “Alban”, que todos los años permiten que más de 300 estudiantes latinoamericanos ya licenciados amplíen estudios en Europa.
Otro reto aparte, pero relacionado, es la integración regional. América Latina sólo podrá explotar plenamente su potencial y desarrollar su capacidad de resistencia frente a las crisis externas si impulsa el proceso de integración regional, pues ésta es la vía para facilitar la integración en los mercados internacionales y hacer que la región resulte más atractiva a los inversores extranjeros.
La Unión Europea respalda los procesos de integración de América Latina. Confiamos en que los avances en este terreno permitan pronto negociar Acuerdos de Asociación con América Central y la Comunidad Andina, según lo acordado por los jefes de Estado y de Gobierno en la cumbre de Guadalajara; acuerdos que vendrán a añadirse a los ya vigentes con México y Chile, y a aquellos otros que se encuentran en fase de negociación con Mercosur.
En los últimos cinco años, los lazos entre Europa y América Latina se han reforzado notablemente. Pocas cosas durante mi mandato en calidad de Comisario me han proporcionado mayor satisfacción.
* Comisario Europeo de Relaciones Exteriores
(Cortesía de la Delegación de la Comisión Europea)